Las preguntas de Jesús: Mujer, ¿por qué lloras?

La Biblia dice en Juan 20: 15

Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras?

Introducción

La relación de Cristo con María Magdalena fue muy afable. Ella era una mujer acaudalada. No fue la prostituta con la que la confundieron por siglos por un error de interpretación de la iglesia católica, sino una piadosa mujer que luego de ser liberada por Cristo de siete demonios, le sirvió con todos sus bienes como dice Lucas 8.

Originaria de Magdala, Miriam como sería su nombre en hebreo, se había criado en ese pueblo que algunos aseguran se encontraba en las riberas del mar de Galilea y conoció al Señor cuando él comenzó su ministerio. Fue conocida desde entonces como María Magdalena.

En Lucas 8: 1-3 encontramos a ella mencionada con otras mujeres que acompañaron el ministerio terrenal de Cristo por Israel. Lucas es claro al mencionarla a ella y a otras féminas que servían a Jesús de sus bienes y que muchas de ellas habían sido sanadas de enfermedades y otras habían sido liberadas de espíritus malvados.

Esa es la única mención de ella durante el ministerio de Cristo. No se dice más de ella. Sólo reaparece durante la crucifixión y resurrección de Cristo donde cobra un papel muy importante porque acompaña a la madre de Jesús durante esa tristísima tragedia de ver morir a su hijo.

Luego cuando todos los discípulos han huido, ella es la primera en acudir al sepulcro el primer día de la semana junto con María, la esposa de Cleofas y allí conoce que Jesús ha resucitado y allí mismo Jesús le hace esta pregunta que nos servirá para reflexionar sobre uno de los aspectos más humanos que puede haber: llorar.

Lloramos desde que nacemos y nuestra vida transcurre entre dolor y abatimiento que nos hacer derramar lágrimas. A María Magdalena no le quedaban más lagrimas. Había llorado durante el recorrido de Jesús de Jerusalén al Golgota. Había derramado su corazón cuando lo vio levantado en esa horrenda cruz.

Seguía llorando cuando fue al sepulcro el primer día de la semana. Su tristeza era infinita. No podía con ella. El ser que más bien le había hecho había muerto y ella pensaba que todo había acabado en esa cruenta cruz. La pregunta que Jesús le hace a ella tiene como propósito fundamental consolarla.

Las preguntas de Jesús: Mujer, ¿por qué lloras?

La resurrección consuela nuestros atribulados corazones

I. Porque Cristo vive
II. Porque la muerte ha sido derrotada

María Magdalena sufría internamente. Sus lagrimas eran el reflejo de lo que pasaba en su interior. La desaparición física de su benefactor le había pegado muy duro. Eran esas horas en las que uno se siente morir con quien ha muerto. Son los horripilantes minutos de tribulación sin fin.

Esa tristeza Jesús la había compartido con Martha y María, hermanas de Lázaro, cuando fue a la tumba de su amigo y allí lloró. Allí se desahogó junto con las hermanas de quien había muerto de un enfermedad y fue con ellas para consolarlas porque la muerte es triste por naturaleza.

Cuando vio a María Magdalena llorando esa mañana fue en su búsqueda para consolarla y lo hizo con una pregunta tal vez muy sencilla y muy simple: ¿Por qué lloras? En otras palabras le estaba llamando a pensar la razón por la que derramaba sus lagrimas. Llorar no es malo es hasta recomendable. Hasta Jesús lloró.

Por qué entonces le hace está pregunta. Porque hay lagrimas que no son necesarias. Porque hay una clase de llanto que no debemos derramarlo. No tiene razón. Como el que esa mañana derramaba María Magdalena. No era necesario. Y las razones por las que no son necesarias son las siguientes:

I. Porque Cristo vive

Cristo ha resucitado. No se quedó para siempre colgado en la cruz. Volvió a la vida. Por qué llorar si nuestro Señor Jesucristo vive y vive por los siglos de los siglos. No hay razón alguna para la tristeza.

Una y otra vez, Jesús les dijo a sus seguidores y seguidoras que sufriría mucho de parte de los judíos y que moriría a manos de ellos, pero esa derrota sería temporal porque Él volvería a la vida. Lo demostró cuando resucito a Lázaro, cuando devolvió a la vida a la hija de Jairo y cuando hizo que la viuda de Naín pudiera abrazar de nueva cuenta a su hijo muerto.

Frente a la resurrección de Cristo toda tristeza se disipa. Porque si creemos que Cristo murió y resucitó, entonces también creemos que todos los que murieron en Cristo volverán a la vida cuando Él venga con todo su poder por su iglesia que está en la tierra. Los resucitará en el día postrero.

II. Porque la muerte ha sido derrotada

La muerte sufrió su peor descalabro con la resurrección de Cristo. La muerte que fue introducida a la vida humana como consecuencia del pecado de Adán y Eva en el huerto del Edén perdió la batalla ante Cristo.

La muerte que es una intrusa en la vida de los seres humanos que llega para arrebatarnos a las personas que más queremos quedó derrotada para siempre. Y si la muerte, el postrer enemigo de hombres y mujeres, ha sido destronado de su poder, entonces, no hay razón para llorar o estar tristes.

En Cristo la muerte no tiene más potestad que la de separarnos momentáneamente de nuestros seres queridos porque tarde o temprano los volveremos a ver si hemos entregado nuestra vida a Cristo. Esa es la esperanza con la que nos movemos y vivimos por la resurrección de Cristo.

Pablo lo planteó claramente en la 1ª Carta a los Tesalonicenses 4: 13-14

13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.  14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Con su resurrección Cristo derrotó a la muerte.

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