Salmo 127: Quédate en casa y forma bien a tus hijos

Salmos 127: 4

Como saetas en manos del valiente. Así son los hijos habidos en la juventud.

Introducción

Salomón, autor de este salmo sigue explicándonos el significado de los hijos. Ha dicho en el anterior versículo que son herencia de Jehová y cosa de estima o galardón, el fruto del vientre. Y ahora nos dice que son como saetas en manos del valiente. Una figura retórica que nos lleva a pensar en los guerreros que peleaban las grandes batallas.

Hablar de la relación de los padres con los hijos es una de las necesidades que plantea este salmo. Salomón quiere que los seres humanos aprendamos a convivir con nuestros hijos y desarrolla una idea muy interesante y muy ilustrativa de la manera en que los padres deben relacionarse con sus hijos.

La psicología moderna le pide a los padres que se hagan amigos de sus hijos lo que resulta un buen consejo, pero la Escritura plantea algo más profundo o de mayor alcance. Que se conviertan en sus tutores o maestros de la vida. Que se conviertan en sus capitanes para que los ayuden a navegar en el viaje más importante.

Los padres están llamados a dirigir a sus hijos. A enfocarlos o conducirlos con sabiduría aplicando su experiencia a fin de que sus vástagos alcancen metas y objetivos que les permitan realizarse como personas y para que puedan ser la clase de hijos que los padres esperan.

Una de las relaciones más complicadas que puede haber en el mundo es justamente la de padres e hijos o padres con hijos. A veces se convierten en fuente inagotable de desdicha, tristeza, dolor y llanto porque los hijos se suelen rebelar a los consejos de los padres y hacen de su vida una amarga experiencia.

La paternidad de la que nos habla la palabra de Dios es una paternidad responsable, pero sobre todo valiente, valerosa, arrojada, sin temor, echada para adelante, sin miedos y sin cobardía. Los padres están llamados a hacer a un lado sus miedos y convertir a su hijos en seres productivos.

Para que los hijos sean esa herencia del Señor y ese premio del Creador, los padres han de saber dirigirlos, saber conducirlos, saber educarlos a fin de hacer de ellos hombres y mujeres de bien. Que sean responsables de sus actos y que actúen con rectitud y honestidad.

El salmo 127 tiene esa gran virtud que nos dice lo que son los hijos, pero también que nos señala lo que deben ser los padres. Hay una corresponsabilidad entre los hijos y los papás.

La palabra valiente que usa el salmo 127 tiene relación estrecha con los guerreros o los soldados que participan en los conflictos bélicos de aquellos tiempos. Habían en casi todos los ejércitos de esos tiempos una sección llamada de los arqueros. Hombres con una puntería privilegiada a la hora de usar sus flechas.

No entraban a esa parte de los batallones hombres que no tuvieran una vista potente para saber donde colocar una saeta. Pero también el término aplica a los cazadores que utilizaban esa clase de artefactos para salir a buscar animales salvajes y animales para utilizarlos como comida.

Su éxito dependía invariablemente de su capacidad para utilizar las flechas y el arco. Los padres son ejemplificados de esa manera. Son arqueros de Dios que dirigen correctamente sus flechas. No se ponen nerviosos, saben apuntar, tiene muy buena vista y sobre todo tienen la paciencia infinita para saber cuando lanzar sus saetas.

La paternidad responsable reclama esa clase de padres. Un padre que no dirige o conduce a sus hijos sencillamente no puede esperar nada de ellos. Una flecha por sí misma no tiene ningún valor. Puede haber miles de flechas, pero solo son valiosas cuando alguien las dirige a objetivos muy centrados.

Los hijos son exactamente flechas que requieren un arquero o alguien que las lance. No se pueden lanzar por sí mismas. Que gran daño han hecho aquellos padres a los hijos que han abandonado. Los han mutilado mucho antes de nacer, pero que grande es Dios que en su infinita bondad los recoge y les da valor.

Salomón sabía de lo que hablaba. Él tuvo muchos hermanos. David tuvo muchos hijos. Y la historia del primogénito Absalón fue muy triste. En lugar de esperar que su padre muriera para hacerse del reino que por ley le correspondía por ser el primer hijo del rey, se adelantó y persiguió a su padre, e incluso lo quiso matar.

Absalón es la clase de hijo que ningún padre quisiera tener: ambicioso, caprichoso, vengativo, furibundo y sin respeto y recato a sus padres. Fue medio hermano de Salomón por eso tal vez se escribió este salmo para recordarnos que clase de padres debemos ser.

Estamos llamados todos a ser responsables con la forma en que educamos a nuestros hijos. Nadie más lo hará. La escuela con sus maestros no lo hará. La sociedad tampoco cumplirá con esa función y mucho menos una cárcel. Los hijos se forman en el hogar con padres valientes.

Quédate en tu casa

El gobierno de México y de muchos países ha lanzado un llamado para que todos se queden en casa ante la pandemia del coronavirus que ha modificado sustancialmente la existencia humana casi en todo el planeta.

Hoy todos han vuelto a sus casas. Algunos muy gustosamente y otros no tanto. Han regresado para verificar el estado en que se encuentran sus hogares. Unos se han percatado que las relaciones afectivas están muy deterioradas, otros, quizá se han dado cuenta que existe una casa, pero no hay un hogar.

Quizás algunos han descubierto que necesita un poco de mayor esfuerzo en sus familias para estrechar sus lazos afectivos y otros por supuesto han llegado para pasar sus mejores días al lado de sus seres queridos porque han comprendido que su familia siempre fue su razón de ser.

Como quiera el salmo 127 resulta muy útil para todos porque nos ilustra muy claramente que nuestro mejor esfuerzo, que el mejor proyecto que hay en esta vida es el de la familia porque nuestros días no acabarán en el trabajo ni en los centros de diversión sino en una casa.

De allí la relevancia de trabajar con ahínco, poniendo todo nuestro esfuerzo en el hogar al que volveremos un día en calidad de ancianos para disfrutar o para padecer lo que construimos.

Pon tu mejor esfuerzo

La segunda parte del verso cuatro dice: “Así son los hijos habidos en la juventud”.  Que señala exactamente el tiempo para tener hijos. Es en la juventud cuando se tiene la fuerza y el vigor para trabajar por nuestra familia.

Nuestro hogar reclama el mayor y el mejor de nuestros esfuerzos. Nuestro cansancio y nuestra fatiga debe ser siempre por nuestra familia, por nuestros hijos para hacer de ellos hombres y mujeres que sepan hacer el bien y que nos traigan satisfacciones a nuestra existencia.

Habremos de disfrutar lo que construyamos en nuestra vida personal, pero lo que más gozaremos es lo que habremos hecho de nuestros hijos.

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