La mejor ofrenda

La Biblia dice en Malaquías 1: 14 Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete y sacrifica a Jehová lo dañado.

La predicación del último profeta canónico del Antiguo Testamento fue durísima contra el pueblo de Israel. Malaquías emplea cuatro veces la expresión “maldito” o “maldecir” o “maldecidos” en su libro. Una expresión cuya raíz en hebreo procede del término “arar” y que tiene la implicación de algo o alguien puesto bajo la ira de Dios.

La primera vez que ocurre la palabra es en Génesis 3: 14 cuando Dios maldice a la serpiente que fue la causante de la caída del hombre en el huerto de Edén. La segunda ocasión en que se presenta en la Escritura es en Génesis 3: 17 cuando Dios maldice a la tierra por causa del pecado del hombre. La tercera la encontramos en Génesis 4: 11 donde maldice a Caín.

Los resultados de estas maldiciones todos los conocemos. La serpiente no ha dejado de arrastrarse, la tierra da frutos, pero también abrojos y maleza y Caín vivió y murió maldecido por haberle quitado la vida a su hermano Abel.

Malaquías usa justamente esa palabra para señalar un grave error que los judíos de su tiempo estaban haciendo. Ellos estaban timando o intentando defraudar a Dios con sus ofrendas que llevaban al templo de Jerusalén a sacrificar. Su engaño era mayúsculo porque le llevaban animales enfermos o animales con defectos físicos.

El problema de esta actitud radicaba en que sus mejores animales o aquellos que no estaban enfermos o tullidos, los reservaban para ellos mismos. Le estaban ofreciendo a Dios lo que les sobraba o lo que no tenía valor ni importancia, como si Dios fuera cualquier cosa o inmerecedor de recibir lo mejor.

Malaquías dice que esta clase de personas están bajo maldición. Una advertencia muy dura y muy alarmante porque quiere decir que dar al Señor lo que nos sobra o no darle lo mejor que tenemos es menospreciarlo. Tener esta clase de actitud fastidia a Dios porque rebaja su dignidad.

El último profeta del Antiguo Testamento usa cuatro veces la palabra “arar”. Lo hace en los versos 2: 2 en varias ocasiones y 3: 9 todas ellas relacionadas en la clase de ofrenda que se le da, la actitud con que se le da y la convicción con que se hace. El profeta estima que Dios merece lo mejor cuando se presentan los sacrificios y ofrendas.

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