Ante el futuro incierto ¡No temas, Cristo está contigo!

Introducción

También el futuro incierto nos atemoriza. No saber que va a suceder o qué va a ocurrir el día de mañana nos llena de incertidumbre porque a veces el presente es durísimo o con circunstancias muy difíciles. Por ejemplo el 2019 terminó con grandes problemas, pero nadie se imaginó que el 2020 sería así.

El futuro es impredecible humanamente hablando. Los seres humanos somos incapaces de conocer lo que será mañana, por eso Cristo solía repetir bástale a cada día su propio mal. El futuro, entonces, nos atemoriza, nos llena de incertidumbre y de zozobra y ahora más porque oímos de miles y miles de muertos causados por la pandemia del coronavirus.

Para este tipo de situaciones, Cristo tuvo una palabra para rechazar el temor. A sabiendas de que este tipo de emociones o situaciones llegarían a la vida de sus discípulos les dijo las siguientes palabras.

En Lucas 12: 32-34 encontramos las siguientes palabras de Jesús:

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.  Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

¡No temas, Cristo está contigo!

III. Ante el futuro incierto 

A. A pesar de que Dios lo ha garantizado
B. Que a veces nos impide confiar en Dios
C. Que en ocasiones desvía nuestro corazón

Quizá la mejor expresión de cómo nos asusta el futuro es con las compras de pánico que vimos en estos días. Personas con educación y formación académica dejaron a un lado sus conocimientos y preparación para salir disparados a las tiendas a comprar víveres, porque el miedo a lo que pasará mañana hace que cometamos tonterías.

Jesús desea que sus hijos confíen en él como una oveja confía en su pastor. Sin miedo a perder lo material, confiando exclusivamente en la provisión del Padre hacia sus vidas y dejando en su manos todo lo que ha de suceder en este mundo que desconfía a la menor provocación.

El miedo a lo que vendrá a hecho que muchos recurran a los horóscopos, videntes y adivinadores para que les digan que les depara el futuro. Solo que a la luz de lo ocurrido en estas fechas, lo más probable es que caigan en manos de charlatanes que los timarán porque nadie puede saber con certeza y precisión que ha de ocurrido acabado este día.
Síntesis

A. A pesar de que Dios lo ha garantizado

Una de las primeras acciones que Cristo tomó con sus seguidores fue enseñarles a confiar en Él para que se quitaran la ansiedad, angustia y presión por lo que habría de ocurrir al día siguiente. Ellos no podían hacer nada por eso y lo mejor era confiar en el Señor.

De manera recurrente Jesús habló y enseñó a sus seguidores sobre la necesidad de poner toda su seguridad en él. Les dijo, por ejemplo, venid a mí todos los que están cargados y cansados y yo les haré descansar, como una manera de convocarlos a la calma y la tranquilidad en sus vidas. A no poner su confianza en ellos mismos, sino en el poder divino.

En las primeras palabras que les dirige Jesús a sus discípulos en los versos que estamos estudiando en esta ocasión podemos ver claramente que los llama a la calma y rechazar el temor reconociendo su fragilidad. Dios sabe perfectamente que somos sumamente endebles ante los problemas de la vida.

Por eso dice: No temáis manada pequeña. Cuando Jesús les dijo esas palabras eran apenas doce apóstoles. Un número muy reducido y en consecuencia muy vulnerables, pero a pesar de esa cantidad les había hecho acreedores al reino de los cielos. Aunque a los ojos de los hombres parecían nada, eran poseedores del más grande privilegio.

Cuando Dios nos pide que no tengamos temor o no le hagamos caso al miedo, lo hace porque tiene como garantía su ayuda y su auxilio. Su presencia en medio de nosotros es suficiente para sacarnos adelante. Así lo hizo con todos los grandes héroes de la fe que menciona en el libro de Hebreos.

B. Que a veces nos impide confiar en Dios

El miedo nunca nos ayudará a acercarnos más al Señor. Hablo de esa clase de miedo que nos hace desconfiar en Dios. Esa clase de espanto nos hace extremadamente incapaces de creer en el poder superior de Cristo.

Las palabras que Jesús les dirigió a sus apóstoles tenían que ver con la necesidad de confiar en la provisión de Dios. Con la urgente seguridad de saberse objeto de la provisión de Dios. Cristo les dijo reiteradamente que ellos no debía preocuparse por lo material porque eso mismo hacían los gentiles que no conocían a Dios.

Y por eso les pide que vendan lo que tengan y dad limosna. La palabra limosna la hemos estudiado en otras ocasiones y no debe confundirse con las ofrendas entregadas a Dios, sino con apoyos materiales dirigidos a los necesitados. Deshacerse de sus bienes para darlo a otros es la expresión más grande de la confianza en Dios.

El temor a que será del mañana nos hace dudar y esa duda nos lleva a la incredulidad. La incredulidad es la falta de confianza en el Señor. De allí la insistencia de Jesús para evitar dejarnos controlar por el miedo.

C. Que en ocasiones desvía nuestro corazón

Un corazón temeroso nos desvía de la voluntad de Dios porque nos centramos en nosotros mismos. Nos confiamos en nuestras habilidades y capacidades. Hacemos a un lado a Dios pensando que él no puede ayudarnos en ciertas áreas de nuestra vida.

Cuando Jesús les dijo a sus seguidores que donde estuviera su tesoro allí estaría su corazón, les estaba diciendo que el corazón puede hacernos errar y llevarnos lejos de la presencia de Dios, pero cuando oramos a Dios y dejamos que conduzca nuestro corazón podemos hacer lo correcto.

Mucha gente piensa que obedeciendo lo que dice el gobierno se salvará. No digo que no hay que obedecerlo, pero siempre será insuficiente oír solo al gobierno si hacemos a un lado la voz de Dios que también tiene para nosotros un mensaje en este día. Ese mensaje es: no tengas miedo.

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