Salmo 127: Dirige a tus hijos para que no te avergüencen

La Biblia dice en Salmos 127: 5

Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hables con los enemigos en la puerta.

Introducción

El salmo 127 fue escrito por Salomón como un salmo didáctico o de sabiduría para meditar y reflexionar sobre un tema fundamental en la vida de todos los seres humanos: el hogar, la familia, la relación padres-hijos a fin de encontrar en ese círculo esencial la esencia de la existencia humana.

Para su estudio le pusimos como título: “Dejémonos ayudar por Dios para construir nuestro hogar.” Y el estudio lo dividimos en dos parte: I. Para no perder nuestro tiempo y esfuerzo y II. Para construir cosas perdurables.

Hace quince días abordamos la segunda parte, es decir hablamos de la necesidad de construir cosas perdurables reconociendo a los hijos como una herencia del Señor y también como un premio que Dios nos da y no como un castigo o una maldición a nuestras vidas.

Y la semana pasada estudiamos el punto número dos de nuestro estudio reconociendo o descubriendo que los padres deben ser valientes como guerreros o soldados y los hijos deben ser sus flechas o saetas. La vida familiar solo se concibe, dijimos, con padres que son valientes y esforzados.

Y hoy terminamos el estudio del salmo 127 revisando uno de los grandes riesgos que podemos vivir si descuidamos nuestros hogares: pasar vergüenza con nuestros vástagos. Un hijo bien formado, bien dirigido y bien disciplinado será alegría y satisfacción para los padres, pero un hijo sin formación será una vergüenza que a veces será muy grande.

La paternidad puede traer grandes satisfacciones a la vida, pero de igual modo puede traer vergüenza y oprobio a la vida de los progenitores cuando un hijo se desvía del camino del bien y vive bajo los impulsos de su voluntad, obedeciendo a los caprichos que le impone su naturaleza caída.

Salomón dice que un hijo que fue tomado como una saeta en manos de padres valientes no traerá vergüenza a sus padres, pero en sentido contrario un hijo descuidado o a quien se dejó sin formación traerá más pena que gloria a los padres y eso será y es muy triste para la vida de los padres.

Nuestro estudio del salmo 127 concluye, entonces, con un reflexión sobre los que pueden hacer nuestros hijos en la vida: o llenarnos de grandes satisfacciones o avergonzarnos ya no solo familiarmente, sino públicamente. A los hijos o los dirigimos o los sufrimos; son las dos únicas opciones.

Dirige a tus hijos para que no te avergüencen

  1. Todos tus hijos
  2. Cuando los necesites

Soy originario de una comunidad indígena. Nací en la sierra norte de Oaxaca. Soy zapoteco de padres maternos y paternos zapotecos y en mi comunidad cuando una persona comete una falta grave o vive desordenadamente la primer pregunta que se hacen todos es: ¿Quién son los padres de este hombre?

Los hijos tienen en la vida esa particularidad de hacernos sentir muy dichosos por su vida o sentirnos verdaderamente frustrados por sus actos que lejos de traer honor y respeto a la familia que los procreó traen una inmensa desdicha y oprobio.

Salomón habla de un tema que sabe lo importante que es. El autor de este salmo se detiene y nos detiene para decir que unos hijos bien formados serán un excelente apoyo a la hora que los problemas o las necesidades se asomen o se presente en nuestra vida. Serán los hijos grande colaboradores con la familia.

1. Todos tus hijos

Dice el texto que hoy meditamos: “Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos.” La aljaba es una especie de bolsa o artículo donde se colocan las flechas. Los guerreros o soldados salían a la guerra con muchas saetas para enfrentar a sus enemigos.

La idea principal del texto es tener muchos hijos. Algunos interpretan tener los hijos necesarios o suficientes para cada padre. Como sea la implicación es clara: tener hijos es una bendición desde uno hasta los que cada pareja decida tener. Otra idea de este texto es que todos los hijos son flechas.

Lo importante es que los padres comprendan que se debe apostar el mismo esfuerzo por cada uno de los hijos. Que no se debe escatimar más por el primero y menos por el último o viceversa. Todos los hijos necesitan y requieren ser dirigidos. Nadie más, ni nadie menos. Todos por igual.

Las hijas están incluidas allí. Son flechas también. En una sociedad donde parece que solo los hombres necesitan ser dirigidos, Salomón nos hace recapacitar para ver a las hijas como saetas que tienen que ser dirigidas también. Dejar una hija sin dirección será fuente inagotable de sufrimiento y dolor.

En la “aljaba” iban juntas todas las flechas. No iban aparte las que serían para matar animales y por separado las que se utilizarían para matar enemigos. No todas iban en el mismo lugar. Todos los hijos son iguales.

2. Cuando los necesites

La última parte de nuestro salmo dice: “No será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.”

La puerta era el lugar donde se hacían los juicios en el tiempo en que se escribió este salmo. Era el lugar donde se litigaban los problemas. Un hombre que llegaba con el respaldo de sus hijos podría fácilmente superar cualquier clase de problema. Era una fuerza llegar allí con todos los hijos.

La palabra vergüenza que utiliza este salmo procede de la palabra “yebosu”que comunica la idea además de pena o bochorno, semejantes a vergüenza, también la idea de algo que huele mal e incluso de desnudez.

La expresión vergüenza podemos entenderla, entonces, como la emoción o la situación en la que nos vemos cuando alguien nos ve desnudos o cuando algo en nuestro entorno huele mal. Es una pena o vergüenza muy grande. La paternidad nos puede llevar a esa situación si no la ejercemos bien.

Los hijos traerán a nuestra vida gozo y alegría o tristeza y pesar.

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