El sufrimiento es la marca para el arrebatamiento

La Biblia dice en 1ª Pedro 5: 1 Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada.  

Pedro asoció siempre el sufrimiento con el privilegio de participar del regreso de Cristo a la tierra. Para el apóstol era una ecuación espiritual: ser participante o padecer por el nombre de Cristo es la marca indeleble para saber o conocer si tendremos parte con Cristo en su gloriosa manifestación.

El mundo atosiga al creyente, lo rechaza y lo segrega porque el mundo vive en pecado. Hablar de santidad, pureza y amor al prójimo es una afrenta para los hombres que no conocen a Dios porque suponen que ese tipo de expresiones no corresponden a la sociedad porque son anquilosadas o vetustas.

El creyente vive atribulado por manifestar su fe en Cristo. Sufre toda clase de burlas. Se ríen de su fe y en no pocas ocasiones lo persiguen por confesar al Señor como su Salvador porque la fe no es de todos. Hay algunos que se mofan de la convicción de los creyentes cuando invocan a Jesús, quien ellos piensan que está muerto.

Pero sufrir es la señal inequívoca de que somos verdaderos seguidores del Señor. Es una impronta que el mismo Señor se encarga de tatuar en cada hijo suyo porque sabe que a su regreso será la fórmula o mecanismo para reconocer a quienes vivieron su fe de manera correcta.

El regreso de Cristo es un anhelo para quienes padecen en este mundo, para quienes lloran, para quienes son vituperados, perseguidos y amenazados, para quienes confrontan las mentiras, para quienes saben perfectamente que este no es su hogar y esperan la patria celestial, las moradas que Cristo prepara para ellos.

Para quienes se sienten cómodos en este mundo, para quienes repelen el sufrimiento y optan por evitarlo, rechazarlo o resistirlo, la vuelta del Señor a la tierra da lo mismo. Para ellos esta bien si viene, pero si no también. Y no es de sorprenderse: la marca o señal para acceder a su presencia en ese día es el sufrimiento. Quienes no sufren no anhelan nada.

El arrebatamiento esta destinado únicamente para aquellos que padecen por vivir intensamente su fe, para los tibios no habrá nada.

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