Las preguntas de Jesús: ¿Tu vida pondrás por mí?

Juan 13: 38

Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces.

Introducción

Las últimas horas de Jesús sobre la tierra fueron intensas. Celebró con sus discípulos la pascua, lavó sus pies, les dijo que uno de ellos lo entregaría a los judíos para padecer y les anunció que una vez entregado a los principales sacerdotes ellos se dispersarían como la ovejas se dispersan cuando su pastor desaparece.

Fue muy difícil para ellos comprender esas palabras porque parecía imposible que eso le ocurriera a Jesús quien les había dado muestra una y otra vez de su poder para obrar prodigios y señales. No. Ellos no creían que habría de sucederle todo lo que les decía y fue Pedro quien impulsivo como era le dijo que él no retrocedería ni se acobardaría.

Pedro se ufanó que sería capaz de poner su vida por él. Una afirmación que Jesús desmintió y precisamente empleó una pregunta para hacer recapacitar a sus discípulo. La pregunta iba dirigida a Pedro para que considerara lo que estaba diciendo, para que no hablara por hablar.

Pedro estaba cayendo fácilmente en la postura de muchas personas que mientras todo marcha en la forma en que ellos piensan que deben de tener su curso su manera de seguir de Cristo son creyentes firmes que alardean su compromiso y su lealtad al Señor, pero a las primeras de cambio su actitud se transforma.

La pregunta que Jesús hace a Pedro la hace también a nosotros para recordarnos o para medir en nosotros la intensidad o el grado de compromiso que tenemos por su causa. Necesitamos saber con exactitud hasta que un punto lo seguiremos o que somos o seremos capaces de darle.

Pedro dijo que era capaz de dar su vida por Cristo. Es el grado más alto que puede ofrecer un seguidor de Cristo. No es fácil un compromiso de ese tamaño. Se necesita gran valor y una determinación inmutable para decidir dar nuestra existencia por nuestro bendito y sabio Salvador.

Cristo ha querido que siempre calculemos cómo y cuándo le vamos a seguir. En la parábola de la construcción de una torre en Lucas 14: 25-30 encontramos las palabras de Cristo en las que le pide a sus seguidores valorar seriamente sus pretensiones de ir tras sus pisadas.

Serie: Las preguntas de Jesús

La lealtad a toda prueba

  1. Porque Jesús es digno de ella
  2. A pesar de los grandes y graves riesgos
  3. Para ser un verdadero discípulo

Síntesis

Seguir a Jesús es un compromiso que no se debe tomar a la ligera. Es una decisión que debe hacerse utilizando no solo nuestras emociones que suelen ser muy traicioneras, sino que debe pensarse y pensarse muy bien porque es un llamado o una vocación de lealtad a toda prueba.

La pregunta que Jesús hizo a Pedro tenía como objetivo hacerle ver bien lo que estaba diciendo y anunciar de paso su primer gran fracaso de Pedro y sus compañeros. Sólo que en el caso de Pedro sería más notorio por dos razones: 1. Dijo que de ser necesario él  moriría con él, los otros once callaron y 2. Lo negó tres veces.

Esto es lo inquietante de esta pregunta. Nos hace pensar seriamente sobre el tamaño o grado de lealtad con Cristo. Qué somos capaces de ceder a su causa. Definitivamente el quiere nuestra vida. Nuestro tiempo y lo más valiosos que nosotros tenemos para entregárselo a él.

  1. Porque Jesús es digno de ella

¿Por qué Jesús nos pide esta clase de compromiso? ¿Por qué es tan alta su demanda? ¿Por qué nos exige esta clase de entrega? ¿No es mucho? ¿No es excesivo? ¿Por qué no se conforma con lo poco que le puedas dar?

Las respuestas a estas interrogantes las encontramos en lo que él dio por nosotros. Él dio su vida y la dio por hombres y mujeres pecadores y no la dio de una manera simple, sino que la dio sufriendo y de qué manera: murió en la vergonzosa e insultante cruz, luego de una larga y dolorosa agonía.

A nuestros ojos demanda mucho Jesús, pero qué es mucho para quien dio todo por nosotros. El tamaño de su exigencia es el tamaño de su entrega. Seguirlo a él implica renunciar como el renunció, amar incondicionalmente como él amó. Perdonar como él perdonó.

La lealtad que él nos pide está más que justificada. Porque el siempre será leal con nosotros. Nunca nos fallará y siempre llegará a consolar nuestro desventurado corazón. Él siempre será fiel, aunque nosotros seamos infieles. Nunca nos dejará ni nos abandonará al contrario nos ayudará cuando nuestro corazón desfallezca.

2. A pesar de los grandes y graves riesgos

La lealtad que Jesús demanda se prueba en las dificultades. Una lealtad que no se prueba en los problemas o las tribulaciones es tal vez una lealtad a la que nos acomodamos por el simple hecho de sentirnos bien.

Pedro y los otros apóstoles iban a entrar a un tiempo breve de gran tribulación. Jesús iba a ser detenido, lo iban a juzgar y sería llevado a la cruenta cruz. Serían las horas de las tinieblas como Jesús las llamó. Y justamente allí se requería del compromiso de sus seguidores para acompañarlo.

De los doce, solo Juan se mantuvo leal con Cristo. Lo acompañó a la casa del Sumo Sacerdote donde fue juzgado y estuvo presente en el pretorio y finalmente estuvo con las mujeres al pie de la cruz. Juan se mantuvo firme en esas horas cuando Judas Iscariote se había ahorcado y los demás discípulos habían huido.

3. Para ser un verdadero discípulo

La lealtad en momentos de gran dificultad revela al verdadero discípulo. Es la prueba de fuego. La señal inequívoca de que un hombre o una mujer están completamente convencido de lo que dicen y practican.

Cristo quiso y quiere verdaderos seguidores. No simpatizantes o seguidores de emoción y la adversidad o el sufrimiento permite conocer a esa clase de personas. La lealtad se conoce en las dificultades. Quien permanece al pie de la cruz cuando las cosas “se descomponen” o empiezan a marchar mal es un genuino discípulo.

Por el contario quien huye o niega al Señor es simplemente un seguidor ocasional de Jesús. Un simpatizante que ha tenido a bien seguirlo solo porque piensa que recibirá muchas cosas a cambio de solo dar un poco de sí mismo.

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