Ante lo desconocido, ¡No temas Cristo está contigo!

Mateo 14: 25-27

22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.  23 Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.  24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. 

25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.  26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo.  27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis!

Introducción

El miedo o el temor es una experiencia tan humana y tan enraizada en todos nosotros que aún lo bueno nos puede asustar. Los seres humanos nacemos con esa inclinación a espantarnos aún por las cosas buenas que basta una pequeña o leve situación para disparar esta fragilidad con la que nacemos.

Hombres y mujeres la experimentan por igual. Algunos más que otros, pero casi siempre en mayor o menor medida estamos siempre supeditados a padecerla por las razones más diversas lo que claramente nos hace ver que a mayor grado de peligro el miedo puede crecer inconmensurablemente hasta rebasarnos.

Esa fue exactamente la experiencia que vivieron los doce apóstoles de Jesús. Hombres recios y vividos que estaban acostumbrados a enfrentar toda clase de dificultades un noche en medio del mar de Galilea confundieron a Jesús con un fantasma. En descargo de ellos podemos decir que estar en medio del mar en la madrugada con fuertes vientos a cualquiera atemoriza.

No temas ante lo desconocido, Cristo está contigo

  1. Aunque las circunstancias nos predispongan
  2. Aunque lo sobrenatural nos intimide
  3. Porque Jesús siempre nos ánima

Síntesis

Jesús caminó sobre el mar para llegar a la barca donde ya estaban sus discípulos, los apóstoles no lo reconocieron y al verlo caminar sobre el agua rompiendo la ley de gravedad pensaron que era un fantasma y se llenaron de miedo.

El miedo a lo desconocido es también uno de nuestros grandes problemas. Al no saber lo que estamos enfrentando o al desconocer que está sucediendo nuestra mente y nuestro ser se saturan de temor. Jesús nos tranquiliza aún en esa situación como tranquilizó a sus discípulos.

Los discípulos no sabían ante que estaban cuando vieron una sombra sobre el mar. A lo lejos lograron ver que traía ropa blanca. Esa era la ropa de Jesús, pero descartaron esta posibilidad porque simplemente en sus sentidos no cabía la posibilidad que un ser humano caminara sobre el agua.

Lo desconocido, lo que sale de nuestra lógica o lo que no podemos comprender nos asusta y en muchas ocasiones nos llena de miedo. Hoy vivimos justamente ese tiempo. Nos da miedo algo que no vemos. Oímos historias terribles, vemos en los medios de comunicación tragedias, pero en realidad no lo hemos palpado, sin embargo nos asusta.

  1. Aunque las circunstancias nos predisponga

Ver una película de terror y pensar que no nos va dar miedo la noche es una inocencia. Esas películas están hechas para despertar justamente esa emoción en los seres humanos. Los productores de esa clase de cintas conoce mejor que nadie esa condición humana.

Hay otra clase de situaciones que nos predisponen al miedo. Escuchar relatos paranormales en la noche y aún en el día nos conducen exactamente al mismo lugar: llenarnos de miedo. Pero existen otra clase de situaciones que nos predisponen a sentir miedo y a veces no nos damos cuenta de ello.

Cuando uno lee el relato que escribe Mateo uno no puede dejar de comprender a los discípulos. Habían dejado por la tarde al maestro en una de las riberas del mar de Galilea y se habían dirigido a otra parte del litoral de ese mar y habían remado ya por algunas horas muy posiblemente de norte a sur.

Justo cuando comenzaba la madrugada un fuerte viento azotaba a la barca. El peligro que sintieron ante esta situación los predispuso ante lo que ocurriría unos momentos después. Uno debe tener mucho cuidado con lo que oye y ve porque hay cosas que en lugar de ayudarnos a enfrentar el temor, lo incrementan.

Ellos ya estaban atemorizados por lo que estaban viviendo. El mar embravecido, altas horas de la noche, una barca que parecía hundirse eran la perfecta combinación para alcanzar los niveles mas altos de zozobra y temor. Esa es una realidad irrefutable. Contra el miedo a veces es muy difícil luchar. Solos, generalmente nos derrotará.

Hay que apuntar que eran doce los que viajaban en esa barca y a los doce el miedo los dominó. El temor puede ser colectivo esa esa una realidad innegable.

2. Aunque lo sobre natural nos intimide

Cuando batallaban con el mar y trataban a toda costa de mantener a flote la barca a lo lejos vieron que algo se acercaba. Digo algo porque era imposible, humanamente hablando, que una persona fuera la que se estuviera acercando.

Nosotros sabemos ahora por el relato de Mateo que era Jesús el que se acercaba, pero quiero que piensen en los discípulos en ese momento. Ellos no se imaginaban que Jesús llegaría de ese modo a verlos. Tal ves si hubiera llegado en una barca hubiera sido más lógico y menos traumante verlo llegar.

Era Jesús, venía caminando sobre el mar. Venía pisoteando literalmente la ley de la gravedad. Los discípulos habían visto ya muchas leyes naturales despedazadas, pero el hecho de que Jesús no se hundiera al andar sobre el mar, simplemente la desconocían y no la creían.

Los discípulos estaban frente a un hecho sobrenatural. Todo lo sobrenatural siempre nos ha de causar temor. Es una ley. La razón es sencilla desde que nacemos hasta que morimos estamos acostumbrados exclusivamente a lo natural. Las leyes naturales gobiernan nuestra vida. Cualquiera evento o circunstancia que sale de esas leyes nos asusta.

Vivimos justamente ese tiempo. Un virus que no se puede ver nos tiene alarmados. Nos ha llenado de pánico. Nos ha asustado y como en los días de juego de nuestra infancia nos ha metido a casa porque se nos dice que de ingresar a nuestro cuerpo puede matarnos, luego de un doloroso espacio de tiempo con un respirador artificial.

Aunque ese virus no es para nada sobrenatural sus efectos en muchas personas lo elevan a esa categoría. Nos asusta aún cuando no lo conocemos. Nos aterroriza y hace que nos sintamos como los discípulos que se turbaron y dieron voces de miedo. Ambas expresiones nos permiten entender lo que se vivía en esa barca a esa hora de la madrugada.

La palabra turbaron quiere decir que se llenaron de miedo y la frase “dieron voces de miedo” significa que gritaron aterrorizados. Es interesante el tiempo de persona. Ellos. Todos tuvieron miedo, nadie se escapó de esa emoción o sentimiento. Todos por igual se llenaron de pánico.

El nivel de miedo llegó a su máximo nivel. Fuera de sí todos gritaban. Y cuando en realidad habían comprobado la existencia de un fantasma, Jesús les habla para decirles algunas palabras que calmarán sus existencias y les dará reposo a su corazón que a punto de salir los hacía desfallecer.

El miedo o terror el único que lo puede disipar o destruir es nuestro Señor Jesucristo. Bendito su nombre para siempre.

3. Porque Jesús siempre nos ánima

Jesús fue directo con ellos y les dijo tres cosas: 1. Que tuvieran ánimo. 2. Que se fijaran bien porque era Él y 3. Que no tuvieran miedo. Eso fue lo que les dijo y es exactamente lo mismo que nos dice a nosotros en estos días de pandemia.

La primera frase tiene que ver con la idea de calmarlos. Jesús los quería calmados. Había tanta excitación entre ellos. Estaban tan alterados que lo primero que les dijo fue que se calmaran, que se tranquilizaran. No los calmó, sino les pidió que se calmaran. La tranquilidad la tenemos que recuperar nosotros.

Es un hecho que el terror nos hace salirnos de nuestras casillas y de repente estar haciendo o diciendo incoherencias. Jesús por eso les pidió que se tranquilizarán. La frase “tengan ánimo” tiene esa idea.

Luego les dice “soy yo”. Jesús les pidió que lo reconocieran rápidamente y es que una de las más tristes consecuencias de llenarnos de miedo y no calmarnos es que no podemos ver a Jesús. Una vida llena de miedo o llena de terror no puede ver a Jesús. Y eso es un grave problema porque se ha encerrado en sí mismo tanto que no puede ver hacia su exterior.

Y finalmente les dice que no tengan miedo. Jesús está con nosotros, no debemos tener miedo. Él jamás nos dejará. Llegará en el momento justo para ayudarnos a luchar contra nuestros miedos y nuestras angustias. Jamás nos dejará ni nos abandonará en los momentos que más lo necesitamos.

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