El bien y la adversidad vienen de Dios

La Biblia dice en Eclesiastés 7: 14

En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.

El libro de Eclesiastés o del Predicador es un penetrante libro sobre la experiencia humana en la tierra. Salomón, su autor, nos lleva a la reflexión sobre circunstancias y sucesos que ocurren al ser humano, a las que llama vanidad o un querer atrapar el viento en la mano ante lo absurdo, de lo descabellado e ilógico que resultan algunas vivencias.

Salomón nos previene que a los días malos le pueden seguir días buenos y a la inversa a los días buenos le pueden seguir momentos muy adversos y ante esta variable de la vida las personas deben tener la capacidad de adaptarse a fin de sobrellevar su existencia, sobre todo cuando las cosas marcha mal.

Para ello es importante disfrutar las épocas, temporadas o tiempos cuando el bien nos rodea, cuando todo nos sale bien, cuando el trabajo de nuestras manos además de darnos el sustento diario nos permite disfrutar de otros bienes o nos permite darnos gustos más allá de lo que en realidad necesitamos.

Aquí hay mucha sabiduría: cuando te vaya bien disfrútalo, gózalo, vívelo intensamente. No pierdas el tiempo peleando, discutiendo o molestándote en esos días porque son días para pasarla bien, siempre bajo el temor de Dios, considerando que el autor del bien es nuestro bendito Creador.

De esa misma manera ante la adversidad debes considerar o tener en cuenta que los tiempos de adversidades forman parte de la misma moneda. Los días malos, los días que acumulan negativos también forman parte del devenir de hombres y mujeres sobre la tierra.

Dios ha hecho tanto los días buenos como los días de adversidad para aleccionar al hombre sobre lo imprevisible del futuro. En la Escritura encontramos muchos ejemplos: Job era extremadamente próspero, pero de un día a otro empobreció y enfermó y de igual modo de un día para otro volvió a tener sus bienes.

Las circunstancias de un hombre pueden cambiar en un instante. Por eso debe estar entrenado para que cuando todo marche bien, disfrute y en la adversidad considere que Dios ha hecho tanto lo uno como lo otro. Pensar que todo será buenos días es absurdo, pero también creer que todo será adversidad es incorrecto.

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