Imitar lo bueno

La Biblia dice en 3ª Carta de Juan 1: 11 Amado, no imites lo malo, sino lo bueno.

Los seres humanos somos imitadores por naturaleza. No me mal entienda, no me refiero a quienes adoptan como profesión la imitación artística para sustentar su vida, sino a la manera en que aprendemos cuando somos niños. Caminamos porque vemos que quienes nos rodean caminan. Hablamos porque quienes están junto a nosotros hablan.

Y así decenas de ejemplos de cómo los seres humanos aprendemos muchas cosas imitando. La palabra griega para “imitar” es “mimou” de donde se desprenden las palabras en español “mimo” y “mimetizar”. El mimo es aquel que puede repetir idénticamente los gestos y expresiones corporales de una persona y mimetizar es confundirse como un rana en plantas verdes.

Juan le escribe al anciano Gayo para pedirle que no se mimetice con la maldad, sino que sea un “mimo” del bien, es decir que haga el bien de tal forma que “copie” a quienes se dedican a hacer el bien. Por supuesto que muchos dirán a estas alturas a quien podremos imitar si entre los hombres hay mucha maldad.

La respuesta es sencilla tenemos que imitar a Cristo. Cristo es y será siempre el mejor ejemplo de bondad infinita. En su persona encontraremos siempre el faro y la guía para saber como hacer el bien y por supuesto también como evitar el mal en nuestras vidas tan propensas a seguir los malos ejemplos.

Hablando de malos ejemplos, recuerdo claramente que en casa mi madre, aun cuando no era creyente en Jesucristo, no era afecta a la malas palabras, sin embargo cuando ingresé a la escuela primaria aprendí toda una gama de maldiciones que se me pegaron con tal naturalidad que las llevé a mi hogar. Imitar lo malo no es difícil, solía decir mi mamá.

Lo complejo, solía repetirme ella, es imitar lo bueno y hacerlo genuinamente, sin falsedad, sinceramente y sin hipocresía. La inclinación hacia el mal nos traiciona y nos lleva a todos fácilmente a imitar las cosas malas y nos hace luchar duramente por mimetizarnos con las cosas buenas. Jesús ha implantado en nosotros la simiente o el gen de lo bueno.

Juan resume en ese mismo verso el conflicto o el problema que surge de imitar lo bueno o lo malo y lo plantea así: “El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.”

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: