Madres esforzadas

La Biblia dice en Hechos 16: 1

Y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego.

La Biblia es un libro que nos habla de la maternidad. De lo emocionante y doloroso que representa para la mujer procrear como cuando Eva tuvo a su primer hijo. De las dificultades que trae consigo formar un vástago y el llamado a todos para honrar a nuestra madre rindiéndole gratitud y reconocimiento y ayuda material, por supuesto.

La Escritura contiene un sin fin de historias sobre madres. Encontramos por ejemplo a Betsabé madre de Salomón, también a la mamá de los hijos de Zebedeo que le pidió a Cristo un lugar de honor para sus hijos. Encontramos a María formando al niño Jesús. A Rebeca lidiando con Esaú y ayudando a Jacob a hacerse de su primogenitura. Y así muchas.

Lucas nos presenta en el libro de los Hechos el relato de una madre llamada Eunice y su hijo Timoteo. Del padre solo se nos dice que era griego. No se da su nombre y al momento de citarlo se le excluye de la fe. El texto que hoy usamos para esta reflexión más bien lo presenta como distante, lejano, ausente.

Lo que podemos apreciar por este verso y otros del Nuevo Testamento es que Eunice se echó a cuestas la formación no solo intelectual o moral de su hijo, sino su entrenamiento espiritual. En su última carta que escribió Pablo hace ese reconocimiento porque la mamá de Timoteo había heredado a su hijo la fe.

Eunice, que es el nombre de la madre de Timoteo, es el ejemplo de millones de madres en todo el mundo que ante la falta del papá se echan a cuestas la responsabilidad del hogar. Ante el abandono del hombre de la casa ni se desalientan ni desaniman, sino asumen con toda fortaleza y determinación el sostenimiento de su hogar.

La maternidad es un milagro divino porque le plació a Dios dar a las madres una fuerza del cielo para no solo traer al mundo seres, sino luchar con ellos a veces sin mas fuerza que la de su amor incondicional, un amor que es irrepetible, un amor que jamás será igual porque la compasión materna esta vinculada con el cielo.

Por supuesto que hay madres egoístas. Claro, pero son las menos. Lo que encontramos en este mundo son madres amorosas que una y otra vez demuestran su amor por sus hijos y es triste decirlo, pero también encontramos hijos muy ingratos que olvidaron muy rápido quien los creció.

Eunice nos recuerda a todos que la determinación de una madre es una fuerza descomunal cuando de ayudar a sus hijos se trata y acompañada de la fe se vuelve una de las más vigorosas palancas para hacer de los hijos e hijas hombres y mujeres de bien.

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