Confinados, pero contentos: porque tenemos una razón para vivir

La Biblia dice en Filipenses 1: 21-25

21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.  22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger.  23 Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; 24 pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. 25 Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de la fe,  26 para que abunde vuestra gloria de mí en Cristo Jesús por mi presencia otra vez entre vosotros.

Introducción

Pablo tenía una razón para vivir. Su vida giraba entorno no de sus circunstancias ni de los que acontecía en su diario vivir, sino en la razón por la que él estaba en la tierra. Pablo encontró en Cristo su principal motivo de existencia. Su diario vivir se basaba en la experiencia personal que había tenido con su Salvador.

En muchas de sus cartas, el apóstol recordó siempre su estado antes de conocer a Cristo. Blasfemo, perseguidor e injuriador de la iglesia su vida tomó un giro de 180 grados cuando se dirigía a Damasco a detener creyentes de la recién nacida fe de los que se llamaban los del Camino y que luego fueron bautizados como cristianos.

A partir de ese momento, Jesús se convirtió en el motivo y razón para vivir del apóstol Pablo, quien de ser un instigador de la iglesia se convirtió en su ferviente predicador a grado que pudo ufanarse de haber llenado desde Jerusalén hasta Ilírico, que eran los confines del imperio romano, con el evangelio.

Pablo nos enseñó a todos la importancia de tener una razón de vida. El efecto que produce cuando cada uno de nosotros encuentra un propósito en su existencia. Un propósito digno de entregarle todo nuestro esfuerzo, todos nuestro tiempo y todo lo valioso que podemos alcanzar en este mundo.

Pablo encontró la razón para vivir, pero también la razón para morir. Su confinamiento no lo desesperó por el contrario lo llenó de alegría porque desde el primer momento supo que formaba parte de un propósito eterno que escaba a sus comprensión, pero que venía de la mano de su Creador.

Confinados, pero contentos

II. Porque tenemos una razón para vivir

Justamente en este estudio encontramos la frase más impactante del apóstol Pablo relacionada con la vida y con la muerte. Pablo le escribe a sus amigos Filipenses para plantearles su forma de ver su existencia.

La vida del mensajero de Cristo transcurría en, con y para Cristo. Lo que hacía o dejaba de hacer tenía ineludible e invariablemente relación con Cristo. Nada de lo que le ocurría en consecuencia estaba desligado de Jesús y eso le daba fuerza y motivación a todo lo que hacía o dejaba de hacer.

A. Vivimos para Cristo

Para mí el vivir es Cristo, dijo Pablo y nos reveló su “filosofía de vida” o si se quiere la manera en él concebía su existencia. En Cristo y solo en Cristo. Para Cristo y solo para Cristo y con Cristo y solo con Cristo. Pablo convirtió a Cristo en el Señor de su vida y le servía con todas las fuerzas de su ser.

Los seres humanos vivimos con un propósito, aún aquellos que deambulan sin sentido vive con un propósito. Su propósito es vivir sin una razón que le de sentido a su existencia. Los demás nos movemos pensando en alcanzar una meta: material, económica, familiar, profesional o simplemente de placer.

Todas esas metas son legítimas porque son el motor que le da fuerza a nuestro levantarnos por las mañanas y acostarnos por las noches. Solo que tienen un pequeño inconveniente: cuando las alcanzamos desaparece nuestra motivación o nuestra razón de vida.

El cantante Juan Luis Guerra cuenta en sus memorias que después de haber egresado de la más importante escuela de música de los Estados Unidos dijo que su meta sería ganar un Grammy y lo logró. Pero después de su triunfo se cuestionó a sí mismo si valía la pena tanto esfuerzo para lo alcanzado.

Los seres humanos necesitamos una razón de vida que sea lo suficientemente valiosa para que valga la pena sufrir y llorar por ella. Para tenga sentido todos los obstáculos que se nos presentan, pero sobre todo que al alcanzarla nos llene de satisfacción y podamos sentirnos realizados.

La virtud de tener a Cristo como nuestra razón de vivir es que no solo nos ayuda a bien vivir y gozar de una fuente inagotable de motivación y respaldo, sino que nos prepara para el fin del trayecto al que todos nos dirigimos. Nos ayuda a enfrentar nuestra salida de este mundo con aplomo y dignidad.

B. Morimos para Cristo

Pablo, en ese sentido, nos muestra la madurez y entereza como podemos afrontar la muerte. Para quien vive con Cristo ese momento no necesariamente tiene que ser fatalidad, sino un evento que en lugar de ensombrecer su dicha, la multiplica porque representa no el fin sino el principio de una vida eterna con Jesucristo.

Pablo sabía que el mas grande temor que tenían sus amigos los Filipenses al verlo preso es que muriera a manos del ejército romano. El imperio romano trataba cruelmente a quienes consideraba sus enemigos. No era absolutamente tolerante con ellos y Pablo estaba en grande riesgo al estar preso.

La muerte siempre ha sido y siempre será atemorizante. Pablo sabía que ese riesgo siempre existía. Aunque en esta carta se sabe seguro que vivirá. Cuando leemos la 2ª Carta a Timoteo, descubrimos que supo perfectamente cuando partiría de este mundo y lo hizo siempre con entereza.

La forma en que definió la muerte Pablo fue el resultado de la forma que vivió: para el morir es ganancia dijo. La palabra ganancia que utiliza aquí el apóstol tiene un sentido de negocio, de algo que hace ganar mucho dinero o muchos bienes. La muerte fue para Pablo el mejor negocio porque lo llevaba a Cristo.

Para él no había perdida. No había de ninguno modo falta de ganancia en su desaparición física para él. El único inconveniente que le hacía pensar o que le quitaba un poco su gozo de partir con Cristo eran precisamente los Filipenses de quienes era maestro y quería seguirles ministrando.

Por eso en los versículos posteriores al 1: 21 de Filipenses Pablo le dice a sus querido amigos que tenía un gran dilema o disyuntiva: o partía con Cristo lo cual era muchísimo mejor o se quedaba con ellos para seguirles enseñando. Estoy en gran estrecho les dijo, pero luego les aclaró que aún no había llegado el tiempo de dejar esta tierra.

Bajo esa confianza se alegro en la fe que le era común a él y a sus hermanos de Filipos. La fe se vive alegre cuando sabemos lo que queremos en esta vida y cuando estamos entendidos de lo que nos espera una vez que partamos de este mundo. Pablo estaba confiando, pero feliz porque tenía una razón importante para vivir y para morir.

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