Sacia de bien tu boca

La Biblia dice en Salmos 103: 5 Él sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.

La vejez esta siempre asociada al cansancio y la fatiga, mientras que la juventud esta relacionada constantemente con la fuerza, el vigor, la fortaleza y el deseo de vivir con intensidad todo. Se puede ser un viejo con entusiasmo y ganas de vivir y se puede ser un joven sin deseos de existir como un hombre de la tercera edad.

El salmista esta haciendo precisamente ese contraste en este verso. David, autor de este salmo, nos está planteando la realidad que sucede en nuestro diario vivir: personas que siendo jóvenes parecen viejos prematuros por la amargura y resentimiento con la vida y a veces con sus familiares.

Pero a la vez podemos encontrarnos con “viejos” que parecen jóvenes no por su vigor o su fortaleza, sino por el entusiasmo que derrochan, por las ganas de bien vivir y por el ánimo con el que sobrellevan su existencia. En realidad todos quisiéramos ser como estos últimos porque nadie quiere llegar a sus últimos días resentido con la vida.

David comienza su salmo escribiendo una verdad que nos lleva a ser las anteriores consideraciones. David dice que Dios sacia de bien nuestra boca y eso produce un rejuvenecimiento en la vida de las personas. La capacidad de Dios para entusiasmarnos es enorme. Basta que le dejemos saciarnos de bien.

La frase “sacia de bien tu boca” es muy peculiar. Es un antropomorfismo, es decir una manera de atribuirle a Dios actividades humanas. Dios nos alimenta de bien hasta quedar saciados, podría ser una paráfrasis de ese verso. Los seres humanos necesitamos una “dieta espiritual” de bien, bondad, bendición, que es el sentido de la palabra bien.

¿Por qué? Por varias razones. En primer lugar los seres humanos fuimos formados en maldad y en pecado fuimos concebidos. En segundo lugar vivimos en un mundo dominado por la maldad y siguiendo el ejemplo de comer podemos afirmar que vivimos comiendo mal, maldad, maldición.

Cuando descubrimos que existe otra clase de alimento del que siempre hemos comido y cuando dejamos que Dios llene nuestra existencia de su bien, entonces nuestro ser interior se reanima y descubre la satisfacción que Dios puede dar aquellos que le dejan intervenir en su vida.

Dejar que Dios llene nuestra vida con el bien hace posible que desaparezca la insatisfacción y se instale en nuestras vidas un deseo por vivir enorme como la de los jóvenes que en el esplendor de su fuerza y vigor se siente invencibles y viven intensamente cada uno de sus momentos. Permitámosle darnos lo mejor que tiene para nosotros.

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