Volvamos a Dios con todo nuestro corazón

La Biblia dice en Jonás 2: 7 Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo.

Jonás se negó rotundamente a cumplir con una orden del Señor. Lo envió a predicar a la cruel y vengativa nación de Nínive, pero en lugar de ir allí, embarcó hacia Tarsis que se localizaba muy lejos de la ciudad a donde se le había encomendado ir  para anunciar la salvación de Dios.

Dios provocó, entonces, una fuerte tormenta marítima que desconcertó a todos los marinos que viajaban con Jonás y luego de descubrir que el profeta desobediente era el culpable de esa inesperada e inusual tormenta, fue arrojado al mar donde una ballena lo devoró y lo mantuvo en su vientre durante tres días.

Allí en el estomago de ese gran pez, Jonás compuso la oración de la cual uno de los versos nos sirve para reflexionar sobre lo que sucede lejos de la presencia de Dios, el tipo de existencia que llevamos cuando nos alejamos de lo que el Creador nos ordena para llevar a cabo en nuestro diario vivir.

Distanciarnos de Dios solo tiene un destino: la desesperanza, un sentimiento de orfandad que nos consume día a día y una tristeza infinita que se va agrandando conforme nos distanciamos más y más.

El profeta desfallecía. Esa palabra se traduce de diversas formas. Aquí algunas: “Cuando la vida se me escapaba”, “al sentir que se me iba la vida” y “cuando ya estaba sin fuerzas”. Jonás se sentía morir atrapado en una “cárcel” en medio del mar. En el vientre de la ballena estaba sin escapatoria. Si la ballena lo vomitaba en medio del mar su muerte sería segura.

Pero allí se acordó de Dios. El profeta recordó que podía clamar a Dios y lo hizo. Se dirigió a Dios con todo su ser y el Señor lo escuchó. La ballena, entonces, se acercó a una de las orillas de la playa y “vomitó” a Jonás quien de esa manera milagrosa libró su vida y fue entonces a predicar a Nínive.

La enseñanza de este texto es muy importante. Cuando hemos desobedecido a Dios y nos hemos distanciado de su presencia y enfrentemos la desolación de su ausencia, recordemos que en el Señor siempre encontraremos perdón y redención. Volvamos con todo nuestro ser a él quien siempre nos sacará de la más profunda desolación.

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