Lo absurdo de luchar contra la iglesia

La Biblia dice en Hechos 9: 5 Él le dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tu persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

Cuando Lucas relata la conversión de Saulo de Tarso menciona tres intercambios de palabras entre Jesús y el entonces perseguidor de la iglesia. En la segunda de ellas, Jesús le responde señalándole que en realidad no persigue personas, sino lo persigue a Él y le dice una frase que hoy meditaremos: dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

La frase revela y sintetiza el resultado que se obtiene de luchar contra Dios. La palabra aguijón tenía dos usos en esos tiempos: se podía utilizar para referirse a la picadura de animales ponzoñosos como el alacrán, la araña y la víbora, pero también era un objeto que se utilizaba como fuete o látigo para golpear animales de carga. Era de metal.

Y la palabra coces se utilizaba para referirse a patear o golpear con el talón. Dar coces contra el aguijón quería decir, entonces, patear con furia un objeto o un animal venenoso que terminaría por hacer daño a quien lo hacía porque difícilmente podría destruirlo de esa manera. Era algo absurdo.

Los judíos de la época de Pablo utilizaban esta frase para referirse a la actitud del buey que araba y trataba a toda costa de golpear con sus patas el aguijón con el que se le golpeaba Con ello quería ilustrar la futilidad e inutilidad que resulta de luchar contra alguien más grande o superior.

Pablo estaba luchando contra la iglesia. A los atemorizados discípulos les causó terror. Por donde iba atemorizaba. La iglesia huía. Habían matado a Esteban y él había sido el testigo presencial de la lapidación. A los ojos de los creyentes se veía invencible y con gran poder para dañarlos.

Pero a los ojos de Dios era simplemente un mortal luchando contra algo imbatible y en consecuencia solo se hacía daño él. Ni Pablo ni los creyentes se podían imaginar como Jesús veía a ese hombre. Era como un animal de carga luchando contra algo que jamás podría derrotar. Un ser humano luchando contra la potente iglesia de Cristo.

No ánima y reanima saber que quienes luchan contra la iglesia, por más poderosos que parezcan, siempre serán como alguien luchando contra algo superior e invencible. Luchar contra la iglesia es tanto como poner a competir un trasatlántico con un barco de papel. Definitivamente es absurdo y de risa.

Sí. La promesa de Cristo es real: Las puertas del infierno no prevalecerán contra su iglesia.

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