Dios es nuestra fortaleza

La Biblia dice en Habacuc 3: 19 Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar.

El libro del profeta Habacuc termina con un salmo y ese salmo concluye con una declaración de seguridad o certeza sobre lo que el Señor es y hace con el vidente de Dios que anunció la tragedia más grande del pueblo de Israel: la destrucción de la ciudad y templo de Jerusalén y el cautiverio babilónico.

La desgracia que se avecinaba para Israel era de proporciones incalculables. Habacuc no lo vio, pero Jeremías sí, y escribió sus famosas Lamentaciones donde plasma dolorosamente el silencio sepulcral de Jerusalén, la cesación de los sacrificios y fiestas hebreas y el fin de la alegría de jóvenes y niños. Además de una pobreza galopante y escalofriante.

El futuro que vio Habacuc era insoportable sino se auxiliaba de Dios y por eso declara contundente y categórico que Jehová el Señor es su fortaleza. Es muy sintomático que utilice juntos los términos Jehová y Señor. Bastaba con uno de ellos, pero al unirlos, el profeta esta subrayando el carácter de Dios: el Eterno es Señor o dueño de todo.

Ante Él uno no puede ser intransigente. El único camino que queda al creyente ante el Eterno dueño de todo o Amo de la tierra es transigir y convertirlo en su fortaleza. La palabra fortaleza que utiliza el texto que hoy meditamos puede traducirse también como castillo o un lugar inexpugnable o donde los enemigos no pueden llegar para hacernos daño.

Habacuc hizo del Señor su refugio, pero no cualquier clase de refugio sino el lugar donde nada ni nadie podría hacerle daño. Como consecuencia de esa decisión los pies de Habacuc fueron los de las ciervas. Aquí es poesía hebrea. La figura retórica apunta a la libertad y la capacidad de vivir sin ataduras. Que hermosa contradicción: hacemos de Dios nuestro castillo y Él nos libera.

Siguiendo la figura de las ciervas, que algunas versiones traducen como venado, esa agilidad le permite escapar las montañas más elevadas donde los cazadores y las fieras no lo pueden alcanzar y por eso el texto dice que lo hace andar en la alturas.

Si nuestro refugio es el Eterno Dueño y Amo del mundo y del universo enfrentaremos la calamidad con libertad y sin temor de ser dañados o destruidos por nuestros poderosos enemigos. Dios jamás dejará a su suerte a quien hace del Creador su castillo, su fortaleza, su refugio.

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