La oración de Jesús: rogó para que fuéramos guardados del mal

La Biblia dice en Juan 17: 9-19

9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,  10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.  11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.  16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.  19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

Introducción

En este verso aparece la palabra rogar dos veces. Jesús rogó por los discípulos. En el estudio introductorio de este verso dijimos que la palabra rogar procedía de una raíz griega que significa “preguntar”, el sentido de la palabra es de alguien que tiene mucha confianza en otra persona y por esa confianza pide o pregunta.

Jesús se dirigió al Padre con la confianza de que su ruego sería escuchado como fue escuchado y en estos versos encontramos propiamente lo que Jesús pidió por sus seguidores. En este pasaje descubrimos con toda claridad que Cristo rogó por sus discípulos y por los que habrían de creer en la predicación de ellos.

¿Qué pidió Jesús? ¿Cuáles fueron sus peticiones? ¿Qué era lo que necesitaban sus discípulos cuando Él se fuera? ¿Qué consideró pertinente que sus seguidores tuvieran para enfrentar al mundo?

En esta súplica Jesús resumió lo que nosotros necesitamos para enfrentar el mundo. Es muy importante que no pidió que la iglesia fuera popular, ni que los integrantes de su iglesia fueran ricos o poderosos, tampoco rogó porque fueran bien recibidos por el mundo. No. El pidió que los guardara del mal.

La oración de Jesús: rogó al Padre por los suyos para que alcanzarán la gloria, a pesar del mundo

III. Rogó porque fueran guardados del mal en el mundo

A. Para que permanecieran unidos
B. Para que no se perdieran
C. Para enfrentar el odio sobre ellos
D. Para que fueran santificados

Si en los primeros cinco versículos la palabra preponderante fue “gloria” y sus derivados, en estos versos que vamos estudiar la palabra predominante es “mundo”. La palabra aparece diez veces en los diez versos que hoy meditaremos. Casi en cada uno de ellos se utiliza esa misma palabra.

Es importante entonces a que se refiere Cristo cuando repite una y otra vez esa expresión. Mundo procede del palabra griega “kosmos”. En el Nuevo Testamento esa palabra es utilizada en diversos sentidos. Mundo o kosmos pueden significar personas como en Mateo 28: 18-20 cuando dice: Id por todo el mundo.

También puede significar la creación como por ejemplo en Hechos 17: 24 cuando Pablo le dice a los atenienses lo siguiente: “El Dios que hizo el mundo”. Kosmos significa aquí la creación. También puede significar orden o adorno. Y así, tiene diversos usos dependiendo del contexto en el que se esta utilizando en el Nuevo Testamento.

En capítulo 17 de Juan el término griego kosmos o mundo se utiliza como un orden u organización que es hostil a Dios Es el reino propio del maligno porque precisamente Juan escribe en 14: 30 y 16: 11 que el príncipe de este mundo es Satanás. El mundo del que habla Cristo en estos versos es exactamente el sistema u organización opuesto al Creador.

Jesús tiene clara la batalla y lucha frontal que sus seguidores enfrentarán porque el mismo la enfrentó. Su tentación en el desierto luego de su ayuno por cuarenta días da cuenta de la lucha que tuvo el Maestro y esa lucha se traspasó a la iglesia o a sus seguidores, por eso su ruego o súplica al Padre.

Sabía perfectamente el conflicto que se vendría sobre sus discípulos y sobre aquellos que habrían de creer en su palabra. Era una lucha cruenta, feroz, sin cuartel porque el diablo solo viene para hurtar, matar y destruir y además de todo eso se disfraza de ángel de luz para engañar porque es el padre de la mentira.

Por eso Jesús le rogó al Padre por los suyos para que alcanzaran la gloria, a pesar del mundo y les pidió que los guardara del mal como vemos en el verso quince que dice: No te ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. Que nos muestra la profunda suplica que hace Cristo.

Pidió que nos guardara del mal. Rogó porque fuéramos protegidos, guardados y cuidados del mal. La palabra mal procede de la raíz griega “ponéros” y que se traduce como mal, malvado, maligno, malo y malicioso. El mundo esta atiborrado de maldad y si hacemos una revisión del texto Cristo pudo haber dicho no te pido que los quites del mundo, sino que los guarde del mundo.

Sin embargo escribió que los guardes del mal. Es decir, equiparó al mundo con el mal. La palabra “ponéros” se utiliza también como envidia, como crimen, cosas malas y hombres malos. Por eso la palabra también comunica o implica la idea del mundo como un lugar de sufrimiento y dolor.

Cristo sabía perfectamente lo que habríamos de enfrentar en este mundo y por eso rogó por nosotros para que fuéramos guardados del mal en el mundo. Por eso suplicó que el Creador nos guardara del mal y lo hizo porque solo de esa manera podríamos lograr cuatro objetivos:

A. Para que permanecieran unidos

Al padre le interesaba mucho que sus seguidores estuvieran unidos. La razón es que un reino dividido no prevalece. Toda organización humana que no esta cohesionada tiende a desaparecer. Los grandes imperios antes de sucumbir, primero se agrietaron por divisiones.

El verso once de nuestro estudio dice así: “Guárdalos en tu nombre porque sean uno, así como nosotros”. Jesús suplicó que Dios guardara a sus seguidores del mal para que estuvieran unidos. Para Jesús era importante que los creyentes estuvieran unidos porque así podrían enfrentar todos los embates que vinieran del exterior.

El ejemplo de unidad que puso Cristo para todos sus seguidores fue el de Él y su Padre. Estuvieron unidos, aun cuando Jesús tuvo que pasar por situaciones sumamente dolorosas como la crucifixión. Permanecieron unidos en propósito: salvar la humanidad de todos sus pecados y maldades.

El mundo trataría de que la iglesia se dividiera para dañar su efectividad. Es innegable que una iglesia fraccionada o fragmentada pierde mucho porque en la unidad se pueden lograr grande objetivos y alcanzar grandes metas como anunciar la salvación a todos los perdidos, entre otras cosas.

B. Para que no se perdieran

El verso doce dice así:

Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

El riesgo de perderse está latente. Nadie se hubiera imaginado que Judas Iscariote se perdería. Todos pensaban que su corazón estaba redimido, pero el mundo fue tan sutil que se le metió en el alma y se perdió por la ambición desmedida que tenía y su incontrolable apetito por lo material.

El mundo tiene muchos señuelos uno de ellos es el dinero. El mundo presenta a los hombres de dinero como personas exitosas, triunfadoras y de pronto la iglesia se deja arrastrar por ese espejismo. No logramos entender que Cristo dijo que no se puede servir a Dios y a las riquezas porque las riquezas se aman a veces más que la vida.

Otro de los grandes engaños del mundo son los placeres. La vida dedicada a complacer a nuestros sentidos es promovida con mucha intensidad en esta tierra. Disfrutar, gozar y degustar todos los placeres lícito es ilícitos se ha convertido en una consigna humana para sentirse realizados.

La iglesia enfrenta estas tentaciones la de las riquezas y del placer como nunca antes en su historia y el riego de perderse esta latente.

Regresando al tema de Judas podemos decir Judas Iscariote fue elegido pero nunca perdió su voluntad, como todos los que creen en Jesucristo. Seguirlo es una decisión personal que Judas rechazó porque tenía libre albedrío. De ningún modo Jesús lo arrojó a ese estado. Todavía antes de ir con los sacerdotes a entregarlos Jesús le estiro su mano.

La frase hijo de perdición que utiliza Juan se menciona también en la 2ª Carta a los Tesalonicenses 2: 3 para referirse al hombre de pecado que es la expresión más amplia de la maldad concentrada en un ser humano. Judas mereció este adjetivo por su alta traición contra Jesús.

C. Para enfrentar el odio sobre ellos

El verso catorce de nuestro estudio dice así:

Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 

La palabra aborrecer se puede traducir como odiar. Jesús experimento el odio de ciertas personas durante su ministerio terrenal. Sus seguidores seguirían su mismo destino. Serían aborrecidos en el mundo y por eso Jesús oró por ellos para poder sobrellevar esta compleja situación.

El hecho de recibir la palabra que Cristo les dijo automáticamente provocó el odio contra ellos. Así lo testifica el libro de los Hechos porque los primeros cristianos fueron perseguidos por divulga la fe en el Hijo de Dios. Cristo les advirtió a sus seguidores que no esperaran que el mundo los amara porque eso no sucedería.

D. Para que fueran santificados

El versículo diecisiete dice de la siguiente manera:

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. La palabra santifícalos se traduce también como “conságralos” y también como “entrega incondicional a Dios.

La palabra procede de la raíz griega “hagiazó” que comunica la idea de separar cosas profanas para destinos santos, en ese sentido significa purificar, limpiar para apartar. Jesús le rogó al Padre que sus seguidores se apartaran del mundo y la manera en que lo podrían lograr sería a través de la palabra de Dios.

El mundo ensucia al hijo de Dios y la palabra de Dios tiene la virtud no solo de limpiarlo, sino de mantenerlo limpio. Por eso Jesús declara en el verso diecinueve: para que también ellos sean santificados en la verdad. El mundo se gobierna por mentiras, muchas mentiras y la palabra de Dios arroja siempre la verdad de Dios.

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