Las preguntas de Jesús: ¿por qué me persigues?

La Biblia dice en Hechos 9: 4

Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

Introducción

De todas las preguntas que hemos estudiado hasta hoy, esta es tal vez, la más inquietante y la más puntillosa o puntiaguda hecha por Jesús a un hombre que ni siquiera era su seguidor. Era Pablo, un estricto fariseo que creía cumplir con la voluntad de Dios persiguiendo a los discípulos de lo que en ese entonces se llamaba El Camino.

Cristo escogió entre otros muchos cuestionamientos que podía hacerle a ese hombre, una interrogante que le hiciera ver su gran equivocación al tratar de luchar contra Dios. Le pudo haber preguntado directamente ¿Qué haces? O ¿A dónde vas? ¿Qué quieres hacer? ¿Qué pretendes?

Pero le preguntó sencillamente ¿Por qué me persigues? Para hacerle ver que estaba rotundamente equivocado. Que lejos de hacer la voluntad de Dios como él creía estaba luchando contra Dios. Una lucha que jamás podría ganar porque nadie que lucha contra Dios ha salido o saldrá airoso, muchos menos victorioso.

Allí estaban los ejemplos de Jonás, el rey Uzías, Coré y los rebeldes en el desierto. Ni que decir de Esaú, Balaam, Caín y todos aquellos que se opusieron a Dios y creyeron que le ganarían. Nadie le ha podido ganar porque Dios es invencible y todas las batallas las gana porque el Jehová de los ejércitos.

En esa pregunta Jesús le puso un alto a un celoso fariseo que había autorizado la muerte de Esteban, había azotado a los creyentes de Jesucristo en Jerusalén y también los había encarcelado y ahora no satisfecho con perseguir en Israel a los discípulos se dirigía a Damasco, la capital de Siria a detener a otros creyentes.

En una sola interrogante, Jesús detuvo a un furibundo y excitado miembro de los fariseos que se disponía a atacar a su iglesia y con ello puso fin a la zozobra de los del Camino que huían despavoridos. El fundador de la iglesia salía a su defensa como siempre ha sido y como siempre será.

El cuestionamiento que hoy estudiaremos nos alienta y nos fortalece porque descubrimos que cuando más huérfanos nos sentimos, cuando pensamos que estamos más desamparados, el Señor siempre sale en nuestro auxilio y convierte a nuestros perseguidores en los más denodados defensores de nuestra fe.

Las preguntas de Jesús: ¿por qué me persigues?

Lo absurdo de resistir a Dios

I. Por su poder glorioso
II. Por nuestra humana debilidad

El relato que hace Lucas sobre la conversión de Pablo en el capítulo y las tres veces que Pablo la repite en el mismo libro de los Hechos nos permiten acercarnos de una manera amplia a lo que sucedió ese día mientras Pablo y otros hombres se encaminaban hacia Damasco.

Lucas dice al respecto en Hechos 9: 3-6

3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;  4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.  6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.

En ese relato sobresalen los dos aspectos que hoy consideraremos en nuestro estudio de esta pregunta que Jesús le hizo a Pablo.

I. Por su poder glorioso

La frase “resplandor de luz del cielo” es evidentemente una alusión a la gloria de Dios. Así lo podemos comprobar en Mateo 17: 2 que dice: “y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como sol y su vestidos se hicieron blancos como la luz.”

En ese verso encontramos las mismas palabras que en el libro de Hechos. Resplandor y luz. Cuando estudiamos el Salmo 27: 1 que dice: El Señor es mi luz y mi salvación. La luz generalmente esta asociada a Dios desde el Génesis cundo dice la palabra que Dios separó la luz de las tinieblas. Dios es luz. Jesús es Dios y en consecuencia Jesús es luz, como dijo.

En el Antiguo Testamento esta clase de manifestación hacía o presentaba a Dios como un ser irresistible. Cuando se presentaba de esta manera a los hombres era una señal inequívoca que se tenía uno que plegar a su voluntad de manera invariable o inevitable. Era su carta de presentación para recordar o subrayar su poder irresistible.

Cuando Pablo relata ese suceso recuerda claramente lo sucedido ese día:

6 Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo;  7 y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?  8 Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. 9 Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo.  10 Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas.  11 Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.

La manifestación del poder glorioso de Dios fue impresionante ese día de tal modo que cegó a Pablo que fue llevado de la mano a Damasco. Pablo entendió perfectamente que era la presencia de Dios, aunque fue Jesús el que se presentó con lo que supo que Jesús era Dios.

Pablo fue consciente entonces de lo que estaba sucediendo en su entorno porque a la pregunta que se le hizo respondió con una pregunta: ¿Quién eres Señor? Intuía frente a quien estaba, pero no tenía la seguridad y fue entonces que Jesús se relevó a su vida para siempre.

Supo entonces que estaba luchando contra Dios y que esa lucha no tenía sentido ni posibilidades de ganarse.

II. Por nuestra humana debilidad

Basto un poco de la luz resplandeciente para que el feroz perseguidor de la iglesia cayera a tierra y quedara ciego.

Somos tan frágiles los seres humanos que luchar contra Dios, resistirnos a sus designios y oponernos a su voluntad resulta una verdadera imprudencia de consecuencias fatales para todos. Pablo salió de Jerusalén respirando amenazas y llegó a Damasco tomado de la mano porque no podía ver.

¿Quién ha resistido a Dios y le ha ido bien? Nadie. ¿Quién ha contrariado al Señor y ha salido bien librado? Ninguno. Porque Dios esta en los cielos y nosotros en la tierra. Somos seres muy endebles. Es suficiente un microorganismo como el Covid-19 para recordarnos que no somos lo fuerte que pensamos. Nos asusta. Nos atemoriza.

No peleemos con Dios porque nunca le vamos a ganar. Mejor sometámonos a su voluntad para agradarle y vivir siempre con él.

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