Confinados, pero contentos: porque la carrera aún no ha terminado

La Biblia dice en Filipenses 3: 12-14

12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.  13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Introducción

Pablo compara en este pasaje la vida cristiana con una carrera. En los tiempos de Pablo las carreras eran competencias muy comunes. Había de personas y de caballos. El se refiere aquí a las primeras. De hecho fue una ilustración a la que recurrió mucho en sus cartas. Por ejemplo en 1ª Corintios 9: 24-27. En Hebreos 12: 1 encontramos el mismo ejemplo.

Para el tiempo de Pablo ya existían los juegos olímpicos y la competencia de carreras era ya una disciplina que se desarrollaba en el mundo romano, heredado por supuesto de la cultura griega que fue la iniciadora de esta clase de actividades deportiva en el mundo occidental.

Y justamente este es ejemplo que utiliza para llevar a sus queridos amigos a una verdad fundamental para sobrellevar las adversidades que llegan a la vida de los creyentes, como el confinamiento que el vivió por dos años en Roma y que a sus queridos hermanos de Filipos les parecía el fin de su ministerio.

Desde la perspectiva de Pablo el confinamiento formaba parte de una extensa carrera que estaba corriendo, pero que no concluía allí, que de hecho servía como entrenamiento para continuar corriendo, asegurándose de hacerlo de acuerdo a técnicas que le permitieran llegar a la meta.

Pablo está hablando evidentemente de esa clase de carreras de larga distancia como el maratón donde lo verdaderamente importante es resistir y aguantar y donde los atletas son probados en su fortaleza y una vez que llegan a la meta y salen victoriosos reciben un premio.

De nuestra serie “Confinados, pero contentos” hoy estudiaremos nuestro cuarto estudio con el título “Porque la carrera aún no ha terminado”.

Confinados, pero contentos

IV. Porque la carrera aún no ha terminado

A. Todavía no llegamos a la meta
B. Proseguimos a la meta

La carrera de Pablo comenzó en el camino a Damasco cuando Cristo lo alcanzó. A partir de allí se fijó una meta que le sirvió para no detenerse, para animarse, consolarse y sobre todo para aprender a enfrentar las adversidades y todos aquellos acontecimientos que parecían injustos o contrarios a su condición de apóstol.

Pablo había encontrado una manera muy sabia para conciliar su fe con su realidad. La realidad a veces se planta feroz, desencarnada, aturdidora y hasta como enemiga de nuestras vidas, pero la fe la confronta y la vence siempre porque se basa y funda en Dios que es soberano y el único capaz de transformar la realidad.

En la cárcel de Roma nunca significó para Pablo el fin de su labor. Fue, sí, una pausa, un pequeño freno a su labor como misionero, pero definitivamente nunca lo vio como el fin de toda su carrera y justamente allí desarrolla una de las maneras en que podemos encontrarle sentido a lo que parece ilógico o fuera de lo normal, como estar confinados.

A. Todavía no llegamos a la meta

Pablo escribe en el verso doce de nuestro estudio y dice: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto”. Luego en el verso trece dice: yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado.”

Pablo, con todo y ser uno de los misioneros más fructíferos de la iglesia primitiva, haber visto en visión al Señor en seis ocasiones, según nos relata el libro de los Hechos, haber escrito ya varias cartas del Nuevo Testamento, creía y estaba seguro que aún le faltaba camino por recorrer o siguiendo su ejemplo, carrera por correr.

Pablo asumía una actitud que es lo que vitaliza a las personas: había insatisfacción, se sentía incompleto, sentía que le faltaban cosas por hacer y en definitiva sentía y estaba seguro que le faltaban tareas por cumplir y eso hacía que se animara y se reanimara para no caer en la desesperación o la angustia de su confinamiento.

Cuentan los historiadores que el gran general Alejandro Magno cuando llegó a lo que hoy es la India lloró frente a sus soldados y sus generales porque ya no había más territorio que conquistar. El gran militar griego llegó al límite de las tierras habitadas y no había más que guerrear.

Y es que la vida necesita y requiere metas. Pequeñas y grandes para tener una razón por la cual vivir. Sin importar la edad todos debemos y podemos tener un objetivo que no solo nos movilice, sino que también le de sentido a lo que hacemos y vivimos en este mundo donde muchos viven por vivir y mueren sin alcanzar sus sueños.

En el Antiguo Testamento encontramos un ejemplo de cómo, sin importar la edad, uno puede acometer proyectos. En Josué 14: 6-15 encontramos la historia de Caleb que a los ochenta años pidió Hebrón para conquistarla cuando ya tenía ochenta años.
Cuando Pablo dice que ha alcanzado sus metas, nos está dando un claro ejemplo de que siempre habrá algo que hacer. Es una manera de nunca sentirnos conformes y siempre luchar por más, en el buen sentido de los bienes espirituales que se nos ofrecen en la persona de Jesucristo.

Esta es la esencia de lo que Cristo le pidió a sus seguidores cuando les dijo lo siguiente: Cuando hayan acabado lo que tengan que hacer digan: siervos inútiles somos porque lo que teníamos que hacer, eso hicimos. Ni autocomplacencia, ni autoelogio, sino un seguir y proseguir como Pablo lo reiteró.

B. Proseguimos a la meta

Para Pablo no bastaba la insatisfacción, no bastaba sentir que había una tarea por hacer, Pablo proseguía, Pablo continuaba la carrera. A pesar de los obstáculos, a pesar de la adversidad y tal vez del cansancio y la fatiga, Pablo seguía.

El verso catorce de nuestro estudio dice: “prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Pablo tenía una meta. La palabra meta es sumamente interesante en el griego porque era la marca o señalización que establecían los jueces para precisar donde una justa o competencia de carreras terminaba.

Procede de la raíz griega “skopós” y se utiliza únicamente en este texto en todo el Nuevo Testamento. De manera figurada se utilizaba para referirse al destino final de la vida o en otras palabras se usaba para señalar la orientación que se le daba a la vida de cada persona y por eso pasó a significar propósito.

El confinamiento de Pablo en Roma no le quitó la alegría de vivir porque seguía teniendo un propósito para su existencia y la seguía o proseguía. La palabra “proseguir” en el griego es muy ilustrativo para entender que significa ir detrás de una meta o propósito. Es ir detrás de una algo o alguien como un cazador que persigue una presa sin perderla de vista.

Pablo nos dice que iba detrás de la meta o proseguía a la meta con dos actitudes. La primera olvidando lo que dejaba atrás y la segunda extendiéndose hacia delante. Su presente Pablo lo vivía haciendo a un lado su pasado y enfocándose exclusivamente en ir hacia al futuro con la mejor actitud.

Pablo nos dice que olvidaba lo que quedaba atrás. La palabra “olvidar”. El vocablo tiene una raíz que se relaciona con la palabra “descuidar”. De allí que algunos lo traduzcan como dejar de poner atención o dejar de darle importancia a algo o alguien. Para Pablo el pasado ya no tenía importancia. El pasado había quedado atrás y no volvería más.

Muchas de las metas en la vida demanda dejar de estar mirando lo que sucedió en el pasado. También dejar de vivir de viejas glorias o antiguos triunfos. A Pablo ya no le importaba haber sido un gran fariseo. Eso no tenía nada de valor ante su nueva meta.
Pero Pablo no solo olvidaba el pasado, también se extendía hacia lo que estaba adelante. La expresión comunica la idea de alguien que tomaba la delantera y si seguimos con nuestro ejemplo de la carrera, Pablo optaba por buscar la delantera en la carrera que había sido llamado.

La razón de esta actitud la encontramos en el premio que iba a recibir. En aquella época los ganadores de las competencias recibían una corona de laurel que les daba un estatus en sus ciudades, pero Pablo esperaba el premio por haber atendido el llamamiento que Dios le había dado en Cristo Jesús.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: