Salmo 1: El justo y el malvado tan diferentes como el árbol y la paja

Dice la Biblia en el Salmo 1

1Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores,  ni en silla de escarnecedores se ha sentado;  Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.  Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento.  Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos.  Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

Introducción

El primer salmo del salterio judío que los cristianos hemos adoptado para orar, rezar, elevar nuestras plegarias y suplicar a Dios, no es propiamente una oración, sino una pieza didáctica o salmo de sabiduría que presenta claramente las dos clases de personas que hay en el mundo y los dos caminos que los seres humanos pueden elegir.

Con apenas seis versículos, el primer capítulo de los salmos es una profunda reflexión de sobre lo que hace la Escritura en la vida de las personas y en lo que se convierten los seres humanos cuando la desprecian, la desoyen o definitivamente cuando la desarraigan de su vida.

Con dos símiles o comparaciones el salmo expresa de manera contundente lo que un justo es y lo que un malvado o malo vive en razón de su trato y experiencia con la revelación divina: el piadoso es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, mientras que el malvado es como el tamo, paja o cáscara arrojada de un lado para otro por el viento.

Un árbol frondoso frente a la paja son diametralmente distintos, como distintos son un justo y un malvado; un piadoso y un impío y un bondadoso frente a un perverso. Son completamente diferentes y ese es el propósito del salmo distinguir claramente entre estas dos clases de personas.

Esa es la tónica de la Escritura a lo largo de los sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamento comparar y contrastar al justo con el malvado. Así fue con Abel y Caín, también con Lot y los hombres de Sodoma y Gomorra, José y sus hermanos, Jacob y Esaú, Mardoqueo y Amán y así hasta llegar con Jesús y Judas Iscariote.

Frente al resplandor del hombre piadoso aparecerá la oscuridad del inicuo. El justo tratará de vivir piadosamente ajustado a los mandamientos que encuentra en la Torá judía y el malvado buscará a toda costa mantener su estilo de vida dándole la espalda a la revelación divina.

El justo y el malvado tan diferentes como el árbol y la paja

I. El justo es como un árbol frondoso v. 1-3

A. Porque no sigue el consejo de los malvados

B. Porque no vive como los pecadores

C. Porque no imita a los escarnecedores

D. Porque se deleita en la palabra de Dios

II. El malvado es como la paja arrebatada por el viento v. 4-5

A. No se levantará en el juicio

B. No se levantará en la congregación de los justos

III. Conclusión v. 6

El Señor conoce el camino de los justos, pero la senda de los malos perecerá.

Comparar un árbol frondoso con la paja es simplemente resaltar sus grandes y abismales diferencias. Ese es exactamente el propósito del primer salmo del salterio judío. Percatarnos categóricamente que no hay punto de comparación entre un piadoso y un malvado o impío, que son desiguales como desigual es la noche con el día.

¿Pero qué es lo que lo hace tan disímbolos o tan distantes? ¿Por qué no pueden ser iguales? ¿Qué busca el salmista al hacer esta distinción? ¿En dónde estriba la gran diferencia entre ambos? ¿No hay termino medio? ¿Se podrá ser un poco injusto y un poco justo?

Entre ambas clases de personas media o los separa su comportamiento frente a la Escritura, la palabra de Dios, la revelación divina, la Biblia. Para el justo es un deleite disfrutarla, pero para el injusto es un libro que le incómoda porque jamás ajustará su estilo de vida a las demandas de Dios.

Hay otras características que hace que el justo sea comparado con un árbol frondoso, lleno de vitalidad y gran fortaleza, además de fructífero y con ellas comenzaremos nuestros estudio de este día, para luego pasar a considerar la deplorable condición de los malvados que son como tamo que arrebata el viento o si se quiere como paja arrastrada de un lado a otro por el aire.

I. El justo es como un árbol frondoso

El verso tres de nuestro estudio dice contundentemente del justo “será como árbol plantado junto a corrientes de agua”. Todos sabemos que a mayor humedad un árbol desarrolla mejor. Los hebreos lo sabían perfectamente porque su territorio era desértico.

A la clase de árbol que aquí se refiere el salmista es el llamado árbol frutal. Este tipo de árboles son grandemente apreciados en todo el mundo porque producen frutos que sirven para el autoconsumo y también para comercializarlos con lo que generan ganancias a sus dueños.

El salmista dice que el justo es como un árbol que da su fruto a su tiempo para señalar que el piadoso produce exactamente cuando tiene que producir o en otras palabras que cuando tenga necesidad siempre tendrá forma de suplirla. El justo vivirá con necesidades suplidas de manera exacta no antes no después.

Luego dice que “su hoja no cae”, una expresión que nos lleva a considerar al aplicarla al justo que se mantendrá radiante o en medio de las adversidades seguirá tan campante porque confía en Dios. Un árbol sin hojas siempre despierta una sensación sombría que deprime, mientras que un árbol lleno de hojas despierta vitalidad y contagia vida.

Y finalmente ya sin figura retórica de por medio el salmo declara nítidamente que todo lo que el justo emprenda prosperará. La palabra prosperidad procede de la raíz “tsalach” que tiene la idea de algo o alguien que avanza y por eso algunos traducen el término como progresar y la Reina Valera 1960 lo hace como prosperar.

El sentido de la palabra es que el justo siempre avanzará, seguirá adelante y nada lo detendrá en sus propósito, más que en una prosperidad económica o material. Así se comprende cuando el termino se utiliza en Génesis 39: 2 diciendo que José fue varón próspero, siendo que había sido comprado como esclavo por Potifar.

José avanzó o progreso en su destino al que Dios lo dirigía convertirse en el segundo hombre en Egipto. “tsalach” quiere decir, entonces, avanzar, más que progresar económica o materialmente.

Cómo es que el justo llega a vivir así. Qué es lo que hace para que en su vida las cosas ocurran con exactitud y cómo vive para que tenga siempre esa vitalidad, aún en tiempos de desosiego. Aquí su estilo de vida para lograrlo.

A. Porque no sigue el consejo de los malos

El justo no se deja influenciar por los malvados. La palabra consejo que usa aquí el salmista nos conduce a la expresión hebrea “ba’atsat” que se traduce como “recomendación” y su raíz, “etsab” nos lleva a la idea de alguien que ofrece o busca asesoramiento o que consulta.

La palabra “malos” es todavía más profunda porque procede la palabra hebrea “reshaim” que se traduce, no solo como malos, sino también como malvados. Un malvado en el Antiguo Testamento fue Amán que procuró la muerte no solo de Mardoqueo sino de todo los judíos que habitaban en Susa.

El justo no atiende, oye o practica el consejo, las recomendaciones o el asesoramiento en su vida de los malvados. No transita ni camina, ni consulta a un malvado cuando tiene una aflicción o problema.

B. Porque no vive como los pecadores

Dice el verso uno del salmo uno: “ni estuvo en camino de pecadores”. La palabra pecadores procede del vocablo “jataim”. La palabra quiere decir “quienes erran en el blanco” o “quienes no apuntan bien al blanco u objetivo”.

Los pecadores son aquellos que viven completamente equivocados de la voluntad de Dios y el justo evita su camino o su estilo de vida. El justo no camina esa senda porque sabe las consecuencias que trae consigo vivir apartado de la voluntad de Dios, aun cuando los pecadores parecen tan felices.

C. Porque no imita a los escarnecedores

Es interesante notar que el salmista utiliza una figura retórica para hablar de esta clase de personas: “la silla de los escarnecedores”. En el hebreo la palabra “escarnecedores” procede de la expresión “letsim”.

La traducción de esta palabra es burladores, arrogantes, cínicos y desafiantes. Los escarnecedores son aquella clase de personas que desafían a Dios, que se burlan de lo que ordena y manda el Creador y que lo desafían con arrogancia, petulancia y cinismo. El justo no se sienta con ellos o toma su lugar bajo ninguna circunstancia.

D. Porque se deleita en la palabra de Dios

Esta es la parte central del salmo. Lo que distingue el justo con el injusto. El piadoso se deleita, disfruta, se complace y se recrea con la palabra de Dios. La Escritura representa para el justo su alegría principal. Para él es un placer adentrarse en la revelación divina.

El justo no atiende el consejo de los malvados, no sigue el camino de los pecadores, ni tampoco se sienta con los burladores y cínicos que desafían a Dios, sino que se adentra en la palabra de Dios. Es la Biblia la que convierte en su consejera, en la que marca su estilo de vida y la que hace de su vida una existencia complaciendo a Dios en lugar de retarlo.

Este deleite lo lleva a meditar en su ley de día y de noche. La palabra meditar en el hebreo significa un proceso mental de reflexión profunda. Para mejor comprenderla es como masticar un bocado antes de enviarlo al estomago una y otra vez hasta que esta bien molido. Meditar es pensar y repensar hasta que hablemos con nosotros mismos para convencernos.

La palabra de Dios es más que un mero libro que se lee como otros. No. Para el justo es un libro que ha de disfrutarse poco a poco con tal gusto que no importa el tiempo o momento, siempre será oportuno para la vida.

II. El malvado es como la paja arrebatada por el viento

El malvado, el impío o pecador o escarnecedor es como una paja. Así hemos traducido la expresión “tamo”, que también puede traducirse como cáscara, que no tiene ningún valor o ninguna importancia y cuyo destino es la basura o el fuego.

La condición del injusto es muy lamentable porque no vale nada y no vale nada no por decisión divina, sino por una decisión personal. Le repele la Escritura, detesta los mandamientos divinos y rechaza de manera categórica todo aquello que tenga que ver con vida acotada a las demandas de Dios.

Los reshaím o malvados o perversos parecen fuertes e invencibles, pero en realidad son como la paja, la cáscara y la paja. Son arrastrados por el viento, llevados a voluntad y capricho de las circunstancias, incapaces de sostenerse y resistir los embates que vienen a sus vidas.

A. No se levantará en el juicio

La frase que usa el salmista se entiende mejor en la versión al lenguaje actual de la Biblia que dice: “Cuando sean juzgados nada los salvará.” Los reshaím o malvados serán condenados por su insolente actitud.

El futuro de los malvados es oscuro. Aun cuando en la apariencia parece que todo les va bien y que ellos no sufren o se acongojan, la realidad es que su destino esta marcado y no es nada agradable porque recibirán la retribución correspondiente a su extravío y perversión al desoír al Creador.

B. No se levantarán en la congregación de los justos

La misma versión al lenguaje actual de la Biblia traduce esta oración la siguiente manera: “Esos pecadores no tendrán parte en la reunión de los buenos”, que nos ayuda a comprender que los malvados no tendrán parte ni suerte en la asamblea de los justos.

A los malvados les repelen las reuniones de los justos y por esos mismo no tienen ninguna participación en las bendiciones y destino de quienes se reúnen para adorar y servir al Señor como parte de su estilo de vida. Es interesante notar la palabra “pecadores” que usa el verso. Los pecadores han errado en el blanco y por eso no tendrán participación alguna allí.

III. Conclusión

El salmo termina con dos verdades irrefutables: la primera Dios conoce el camino de los justos y la segunda: la senda de los malos perecerá.

La primera es un recordatorio de que Dios conoce y sabe perfectamente lo que le sucede a los justos. Sus luchas, sus anhelos, sus tropiezos y sobre todo, las dificultades para abrirse paso en medio de las grandes luchas que libran a diario para vivir de acuerdo a la palabra de Dios.

Y la segunda que la vida de los malvados tarde o temprano perecerá o acabará a causa de su rebeldía y su maldad.

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