Ningún hombre es común o sucio

La Biblia dice en Hechos 10: 28

Pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo.

El 26 de mayo del 2020 cuatro policías de la ciudad de Minneapolis, Minnesota (Estados Unidos), detuvieron a George Floyd y uno de ellos lo sometió colocando su rodilla sobre su cuello hasta que lo mató en plena vía pública. Con decenas de personas como testigos y otras grabando en su teléfonos este episodio resonó muy fuerte en la comunidad afroamericana y en el mundo entero.

El hecho provocó protestas en la ciudad de Minneapolis. La estación de policía a la que pertenecían los involucrados fue incendiada, además ha habido saqueos a tiendas de autoservicio. En Nueva York, Denver, Washington y otras ciudades, las manifestaciones también han estado presentes, en lo que parece una reedición del conflicto racial que parece interminable en esa nación.

Pero el racismo no es un mal privativo de los Estados Unidos, es un mal muy extendido en todo el orbe. Considerar menos a los demás por cuestiones religiosas, raciales, económicas o educativas, profesionales o sociales es un problema que ha existido, existe y existirá hasta que nuestra mentalidad sea transformada por el Creador que hizo a todos iguales.

Esa fue la experiencia que vivió el apóstol Pedro. A Pedro se le había prometido que se le darían las llaves del reino de los cielos en una alusión a que sería quien abrirías las puertas el reino celestial tanto a judíos como a gentiles. Lo hizo con los judíos sin ningún problema el día de Pentecostés, pero abrir la puerta a los gentiles requería un proceso.

Ese proceso fue cuidadosamente dirigido por Dios, quien envió por tres ocasiones consecutivas una visión a su testarudo apóstol. Generalmente los profetas y hombres de Dios recibían un visión por una sola ocasión y con eso era suficiente para cumplir la voluntad de Dios, pero Pedro requirió la misma visión tres veces.

Al final Pedro quedó convencido de que todos los hombres son iguales. Y que de ningún modo tenía que llamarlos comunes o inmundos. La palabra común que usa Lucas aquí procede de la raíz griega koinos y se puede traducir como ordinario o parte de una generalidad. Mientras que para impuro utiliza la raíz griega “akathartos” que significa sucio.

Solo Dios pudo con el corazón de Pedro para que dejará de ver a los gentiles como personas comunes, ordinarias, y generales y también que los dejara de mirar como impuros para alcanzar el favor de Dios. Fue un proceso complejo con el que batalló durante un buen tiempo Pedro, pero finalmente vio a los demás como iguales. 

Los males raciales en este mundo solo tendrán fin cuando permitamos que Dios nos abra los ojos para hacernos ver y entender que en este mundo todos somos iguales, que no hay mas ni menos, mientras eso ocurre seguiremos viendo países que se incendian por la intolerancia entre unos y otros.

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