La oración de Jesús: rogó para que mantuviéramos la unidad

La Biblia dice en Juan 17: 20-23

20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,  21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.  23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

Introducción

La unidad fue un tema que Jesús tocó en dos ocasiones en el ruego al Padre por los suyos, la primera la vimos en el estudio anterior y en los versos que hoy meditaremos el asunto se aborda de manera más amplia de tal manera que Jesús nos lleva a considerar la importancia de que su pueblo viva unido en armonía.

Para comprender que significa “mantener la unidad” es necesario saber o conocer el significado de la expresión “que sean uno”. La palabra “uno” procede de la raíz griega “heis” que significa uno, no en el sentido del primer número aritmético, sino en el sentido de estar juntos, de algo indivisible o que no son muchos o que resultan inseparables.

Jesús está pidiendo al Padre que sus discípulos mantengan la unidad, que no se dividan, que no se separen del cuerpo de Cristo. La palabra “heis” es la misma que utiliza el Nuevo Testamento cuando dice que del esposo y la esposa que ya no serán dos, sino solo uno: una comunión estrecha e inseparable.

Esta petición fue la más insistente de Cristo: lo hizo por cuatro veces en los versos que hoy estudiaremos, lo que revela su gran interés en que sus seguidores buscarán la unidad, la mantuvieran y la protegieran. El ruego al Padre de Jesús fue reiterativo porque la unidad fue, es y será siempre un gran reto para los creyentes.

Cuando hizo la petición, Jesús utilizó como ejemplo de unidad la de él con el Padre. El Padre y el Hijo estaban unidos y así exactamente debía ser entre los apóstoles y los que habrían de creer por su predicación. La pregunta que surge en consecuencia es ¿Cómo fue la unidad del Hijo y del Padre?
Para comprender esta afirmación nos puede ayudar el pasaje del mismo evangelio de Juan 10: 30—35 que cito aquí:

Jesús era Dios y mantuvo esa condición porque nunca se separó de Dios. Solo cuando de manera voluntaria fue a la cruz perdió esa comunión y por eso exclamó: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Fue una unidad perfecta que se recuperó de inmediato cuando Jesús resucitó.

La unidad que Cristo quiere de sus seguidores es exactamente la misma. Un unidad a prueba de malos entendidos, una unidad que se base el amor y no en la imposición, una unidad que les haga madurar y crecer como creyente porque de esa condición dependerán tres resultados fundamentales para la iglesia o cuerpo de Cristo.

Jesús rogó al Padre para que los suyos alcanzaran la gloria, a pesar del mundo

IV. Para que pudieran mantener la unidad entre ellos

A. Así el mundo creerá en Cristo
B. Así el mundo conocerá a Cristo
C. Así el mundo verá el amor de Dios

A. Así el mundo creerá en Cristo

El verso 21 de nuestro estudio dice así: “21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.”

La unidad entre los creyentes hará que el mundo crea. La unidad es una forma de evangelizar un mundo perdido. El mundo está acostumbrado a ver divisiones, separaciones, fracturas entre familias, gobiernos y organizaciones quedará impactada con la unidad entre los creyentes.

La palabra mundo es la misma expresión en griego que hemos estudiado: “kosmos”. Pero aquí el sentido es o son las personas que viven en este mundo. Las personas creerán que Cristo fue enviado por el Padre cuando vean la unidad de la comunidad cristiana. La palabra griega para creer procede de la raíz “pisteuó” muy común en el evangelio de Juan.

Es una palabra sumamente importante para entender la razón de la iglesia en la tierra. No solo es resistir los embates del maligno, sino también ser un instrumento para que las personas puedan convencerse, persuadirse y aceptar a Cristo en sus vidas para confiar en lo que hizo y dijo sobre sí y sobre diversos asuntos de la vida espiritual y humana.

Por eso la insistencia de Jesús sobre la necesaria indivisibilidad de su pueblo porque a través de ella la gente podría llegar a los pies del Salvador. Las personas pueden ver en la iglesia una forma de vida que les permita un atisbo de lo que puede hacer Dios en sus vidas, pero una comunidad fracturada puede hacer mucho daño.

La iglesia tiene una gran responsabilidad en el mundo porque inclina a las personas a creer o caer en la incredulidad. Por supuesto que hay personas que ya están prejuiciadas sobre la iglesia, pero inicialmente el deber del cuerpo de Cristo es romper con todo aquello que dañe su testimonio al exterior y las divisiones son parte de lo que se debe evitar a toda costa.

B. Así el mundo conocerá a Cristo

Dice el verso 23 de nuestro pasaje de Juan 17: “para que el mundo conozca que tú me enviaste”. La unidad también sería para que las personas pudieran conocer a Jesús a través de la iglesia.

La palabra “conocer” procede de la raíz griega “ginosko” que es rica en significados: se puede traducir como saber, entender y familiarizarse en el sentido de un conocimiento muy completo sobre un tema o una personas. Y esa esa la que utiliza Juan para referirse a lo que sucederá con las personas cuando el cuerpo de Cristo se mantenga unido.

La unidad es una especie de proclamación “silenciosa” con tal fuerza que las personas quedan impresionadas y a través de ella conocen que Dios envió a Cristo al mundo para redimirlo y ellos están incluidos en esa redención que se planeó desde antes de la fundación del mundo.

Cristo rogó al Padre por los suyos para que fueran glorificados, a pesar del mundo y como consecuencia de ese ruego, los suyos se mantuvieran juntos y así ser parte del testimonio de Cristo para que fueran instrumentos del Señor para que el mundo conociera al Señor Jesucristo.

El mundo mira a la iglesia y la iglesia es columna y baluarte de la verdad. Es la esperanza de este mundo caótico y temeroso que vive en medio de la zozobra. La luz que arroje la iglesia en estos tiempos es fundamental, pero si la iglesia pierde su esencia y sobre todo si pierde su unidad, el mundo está condenado a las tinieblas.

No es ni asunto menor, ni un tema sin importancia. La unidad de la iglesia es fundamental. Antes que otra petición material o bendición terrenal, Cristo pidió porque sus seguidores se mantuviera cohesionados para servir al extendimiento del reino de los cielos en la tierra viviendo juntos en armonía.

C. Así el mundo verá el amor de Dios

La versión al lenguaje actual de la Escritura traduce el verso 23 de la siguiente forma: Así la unidad entre ellos será perfecta, y os de este mundo entenderán que tú me enviaste, y que los amas tanto como me amas tú.

Mantenernos unidos no es una tarea fácil. Por eso Cristo rogó al Padre por los suyos para que estuvieran unidos. La lucha de egos, la falta de empatía, pero sobre todo la ausencia de compasión hace que muchas personas prefieran la soledad o el distanciamiento que participar de la comunión unos con otros.

La única forma de ser uno en Cristo es el amor. Porque el amor constituye el motor y combustible para mantenernos juntos. Ese amor será el que el mundo vea cuando a pesar de ser tan diferente cada creyente de otro, se mantienen unido al cuerpo de Cristo haciendo a un lado diferencias y concentrándose en lo que los unifica.

En lo esencial unidad, en lo general libertad y en todo generosidad, solía decir San Agustín de Hipona al hablar sobre la manera de mantener la cohesión al interior de las congregaciones cristianas.

Conclusión:

Jesús pidió que los creyentes permanecieran unidos porque había puesto en ellos su gloria. La palabra gloria también ya la hemos estudiado y quiere decir opinión, manifestación de poder o exhibición de fuerza o peso. Cristo dejó entre sus seguidores su gloria, es decir su fuerza para poder alcanzar la unidad.

Su demanda no radica en la fuerza humana para estar juntos sin en el sometimiento al poder divino para lograr mantener la unidad indispensable para ser testimonio en la tierra a fin de que los incrédulos puedan creer y conocer en Cristo viendo el amor que se profesan unos a otros.

La perfección o madurez del creyente se ha de ver o se ha de apreciar solo cuando es capaz de ser un factor o motor de unidad en su congregación o en su iglesia. Una persona inmadura será siempre alguien que cercene el cuerpo de Cristo, cree divisiones o cause fracturas al interior del cuerpo de Cristo.

Es tan importante la unidad que Pablo le pidió a Tito que a una persona que después de amonestar una y otra vez a quien cause divisiones, lo expulse de la iglesia. La unidad es vital para la congregación. La palabra griega para división es “hairetikos” de donde procede la palabra hereje. Uno que divide al cuerpo de Cristo es un hereje.

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