Las preguntas de Jesús: ¿Por qué no entienden mi lenguaje?

La Biblia dice en Juan 8: 43

¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.

Introducción

Jesús sostuvo intercambios de opinión muy fuertes con los escribas, fariseos, saduceos, sacerdotes y todos los religiosos de su tiempo. A todos ellos les costó mucho trabajo comprender lo que decía Cristo. Aunque la predicación de Cristo fue muy sencilla, ellos no pudieron comprenderla y en consecuencia la rechazaron.

El evangelio de Juan registra uno de los más crispados desencuentros entre el Señor y sus opositores. Ellos presumían de ser hijos de Abraham e hijos de Dios, pero Jesús después de dialogar con ellos les hace ver que ni son hijos de Abraham y mucho menos hijos de Dios, sino en realidad son hijos del diablo.

Estas palabras los encienden e insultan a Cristo diciéndole samaritano y hasta demonio o endemoniado al no poder resistir su argumentación y sobre todo al no entender su mensaje lleno de sencillez y sin pretensiones como a la que ellos estaban acostumbrados al estudiar al Torá judía.

La pregunta que registra el libro de Juan es una interrogante que recoge fielmente la tensión que había entre Cristo y sus opositores. Una pregunta que ni siquiera dejó contestarla a quienes la hizo. Él mismo se encargó de responderla porque sabía que si no habían entendido su mensaje serían incapaces de contestar cualquier pregunta.

Había intentado razonar con ellos dos conceptos que ellos siempre esgrimían ante la enseñanza de Cristo. Su principal postulado con el que asumían sus privilegios espirituales era que descendía directamente de Abraham. Ellos eran hijos de Abraham. Jesús los cuestiona diciéndoles que si fuera hijos del padre de la fe, creerían en la verdad.

Luego le dijeron que eran hijos de Dios y Jesús debate con ellos señalándoles que si fueran hijos de Dios estarían llenos de amor por todos los seres humanos y no solamente actuarían con amor entre ellos, pero sobre todo serían amorosos con Jesús, si en realidad fueran hijos de Dios.

A cada proposición o razonamiento que hacían, Cristo los arrinconaba con su sabiduría y eso no lo podía resistir, pero cuando Cristo descubrió lo que en realidad eran se molestaron demasiado. Sus razonamientos los llevaron a no entender el mensaje sencillo que Cristo planteaba y en consecuencia lo rechazaron, no porque fuera malo o tuviera algo equivocado, sino más bien porque no lo entendían.

Las preguntas de Jesús: ¿Por qué no entienden mi lenguaje? 

Cuando nuestros razonamientos nos impiden entender el mensaje de Cristo

I. Un mensaje lleno de verdad
II. Un mensaje lleno de amor
III. Un mensaje que evita ser hijos del diablo

Para mejor entender este estudio veamos que dice el contexto de la pregunta:

39 Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.  40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. 42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. 43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.  44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Los seres humanos no tenemos mucho de diferencia con los fariseos porque a veces nuestros razonamientos se imponen a la voluntad de Dios. Nos cuesta trabajo aceptar aquellas verdades que establece la Escritura porque resultan incomprensibles a nuestro entendimiento.

La fe lucha contra la razón en una batalla que muchas veces la fe resulta derrotada porque nuestras ideas, pensamientos y razonamientos parecen más importantes que los principios, ordenanzas y preceptos que señala la bendita palabra de Dios para nuestro beneficio y bienestar.

Esa lucha que experimentaron los judíos que rechazaron a Cristo se repite una y otra vez en la vida de millones de seres humanos que aceptan como verdad sus razonamientos por encima de lo que el Señor ha dicho en su revelación, aun cuando los razonamientos no se puedan sostener porque carecen de argumentos sólidos.

I. Un mensaje lleno de verdad

La lógica de los fariseos cuando disputaban con Cristo sobre lo que ellos eran fue que eran hijos de Abraham. La expresión somos hijos de Abraham era utilizada generalmente como muestra de orgullo nacional por algunos judíos.

Era un razonamiento valido, pero que no sirvió de nada ante Cristo porque el Señor les hizo un planteamiento también lógico al señalarles que si en realidad eran hijos de Abraham o si Abraham era su padre debía imitar su conducta. Abraham había creído a Dios. Si ellos eran sus descendientes debían de creer.

La historia de Abraham es una historia de fe. Él vivía en Ur de los caldeos, un día Dios le habló y le dijo que saliera de su tierra y su parentela a una tierra que le mostraría. Sin pensarlo dos veces, lo creyó y salió de Ur sin más compañía que la de su esposa y su sobrino Lot y se instaló en lo que hoy es Israel.

La idolatría que prevalecía en su tierra fue una de las cosas que dejó Abraham. Creyó la verdad por encima de la mentira con su resolución de salir de su patria e ir a vivir como extranjero a una tierra que desconocía, pero aceptó el reto y dejó la mentira de los dioses paganos y abrazó la verdad de un único Dios.

Cristo proclamaba esa misma verdad. Si en realidad los fariseos eran hijos de Abraham aceptarían a Cristo y sus enseñanzas, pero no se logró porque ellos adoptaban el discurso de ser hijos de Abraham solo a a su conveniencia, no porque en realidad se sintieran herederos espirituales.

El mensaje de Cristo es un mensaje de verdad frente a un mundo donde la mentira es la que reina y contamina todo. Dios siempre habla verdad. Lo que el ha dicho y dice en su palabra es la verdad. Solo cuando dejamos influenciar nuestra vida de ellos nuestra vida se vuelve verdadera, auténtica.

II. Un mensaje lleno de amor

Cuando el argumento de que eran hijos de Abraham fracasó, los fariseos escalaron un peldaño más y le espetaron a Cristo que ellos eran hijos de Dios. Presentaron así su último recurso ante Jesús.

Este pensamiento o razonamiento de los judíos era verdad. No estaban equivocados en lo que decían. El Padre de la nación hebrea era Dios, solo que Jesús desbarató de nueva cuenta esta idea con un argumento sencillo: si eran hijos de Dios debían amar porque Dios es amor y cualquiera que se proclama su hijo debe amar.

De nueva cuenta los fariseos no se pudieron sostener en esta idea porque evidentemente odiaban a Jesús. Pero no era cualquier clase de odio, sino un odio a muerte. Lo querían ver muerto y ya desde entonces buscaban la forma de lograrlo. Por eso no pudieron con ese razonamiento de Cristo.

Justamente aquí es cuando Cristo les pregunta: ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Y de inmediato lo contesta él mismo. No entendía porque no escuchaban su palabra. Se cerraban. No querían razonar con Cristo. Se quisieron quedar con sus propios razonamientos aunque con ellos se alejaran de Cristo.

El amor siempre será la mejor expresión de un hijo de Dios. Dios es amor y sus hijos lo practican. El amor no es una emoción. Es una decisión de la voluntad.

No creer en la verdad y no practicar el amor llevó a Cristo a señalar el verdadero padre de los fariseos y justamente allí fue donde Jesús les hizo ver la triste realidad de quien se aferra a sus ideas y razonamientos, antes que a la palabra de Dios.

III. Un mensaje que evita ser hijos del diablo

El verso cuarenta y cuatro es demoledor para los fariseos porque los ubica en su terrible, penosa y lastimera condición espiritual. Ni eran hijos de Abraham, ni mucho menos eran hijos de Dios.

44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Cristo ubicó perfectamente a los fariseos. Eran hijos del diablo. Fue una acusación directa y terrible. El argumento de Cristo fue que ellos tenían las mismas intenciones que el maligno hacia su persona. El diablo era un homicida y mentiroso. No creía en la verdad como ellos y no amaba, también igual que ellos.

El mensaje de Cristo podía evitar o quitar esta paternidad, pero los fariseos optaron por creer y aceptar sus necios razonamientos antes que el mensaje de Cristo.

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