Arrastrados por las circunstancias

La Biblia dice en Salmos 42: 7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

El salmista siente la desesperación de quien es arrastrado por las corrientes de los ríos y los mares. La figura retórica utilizada en este verso es fuerte porque el autor se presenta a así mismo como quien no puede hacer nada frente las condiciones que está viviendo, no puede meter ni las manos porque es algo más fuerte que él lo que esta jalando.

En la vida solemos enfrentar esta clase de situaciones en las que la solución de los problemas o las dificultades no está en nuestras manos. Son esos asuntos donde no podemos hacer absolutamente nada por resolver una dificultad o problema de cualquier orden: familiar, de salud, económico o la desaparición física de un ser amado.

Abrumados, pérdida toda esperanza de salvación caemos en la angustia que luego nos lleva a la depresión, de donde a veces resulta muy difícil salir. Esa es una realidad que el salmista plantea con toda honestidad y sinceridad ante su Creador para encontrar auxilio y ayuda en esos momentos en que todo parece perdido.

Los seres humanos no somos tan fuertes como pensamos, en realidad somos muy frágiles porque hay circunstancias que nos sobrepasan, situaciones que nos hunden, pero sobre todo acontecimientos que nos hacen perder el rumbo y nos convierten en marionetas que hacen de nosotros seres llevados por las circunstancias.

Es allí donde lo único que queda suplicarle a Dios que nos ayude, nos auxilie y nos de fuerza para salir de una situación que parece encaminarse a convertirse en nuestro sepulcro. El salmo cuarenta y dos expresa claramente la clase de lucha que esta viviendo su autor.

Una lucha por su vida misma donde solo Dios puede salir en su auxilio porque se hunde dramáticamente como una persona que es arrojada a un lago sin saber nadar. Su vida está en riesgo peligrosamente y el único que puede salir en su rescate es Dios mismo para restituirlo en la casa del Señor.

Todos en algún momento viviremos esa sensación de abandono y orfandad. Pero siempre estará Dios para sostenernos y evitar que perezcamos porque él siempre tiene misericordia de nosotros. El salmo cuarenta y dos es un rezo para recordarnos que la vida solo vale la pena si la vivimos en la casa del Señor.

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