Salmo 3: La confianza en Dios que trae tranquilidad

La Biblia dice en el Salmo 3

Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo
!Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí. 2 Muchos son los que dicen de mí: no hay para él salvación en Dios. Selah 3 Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza.  4 Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su monte santo. Selah 5 Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba.  6 No temeré a diez millares de gente, que pusieren sitio contra mí.  7 Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío; Porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla; los dientes de los perversos quebrantaste.  8 La salvación es de Jehová; sobre tu pueblo sea tu bendición. Selah

Introducción

Este Salmo comienza con una inscripción que nos señala el momento preciso cuando fue escrito. David huía de su hijo violento, ambicioso, vanidoso, voluntarioso, vengativo y manipulador que por un breve momento lo derrocó de su trono y quería matarlo para apoderarse del reino.

El 2º libro de Samuel 15-17 nos relatan los sucesos que ocurrieron durante esos días en los que David compuso este salmo de confianza, seguridad y certeza del cuidado de su vida por parte de Dios. Ese pasaje del Antiguo Testamento nos proporciona todo el contexto en el que se compuso esta plegaria que algunas llaman de lamento por su tono.

La narración nos permite percatarnos que la vida de David estuvo en grande peligro. Su hijo Absalón estuvo a nada de quitarle la vida, de no haber sido por algunos de sus colaboradores que no lo dejaron solo y que le ayudaron a enfrentar la rebelión de su propio descendiente.

Esos capítulos del segundo libro de Samuel nos acercan a los sucesos de ese día cuando David tuvo que salir de su residencia en Jerusalén. Las decisiones que tomó. Cómo tuvo que soportar las traiciones en injurias de sus allegados porque además del dolor que le causó la actitud de su hijo, a David le dolió sobremanera la traición de gente cercana.

La vergüenza por la actitud de Absalón fue grande, el sentimiento de abandono fue mayor cuando un pequeño grupo de personas se convirtió en muchos más y la asonada cobró fuerza hasta obligarlo a salir apuradamente de su hogar con todo el dolor de su corazón en un hecho insólito.

Ese es el contexto en el que se escribe este salmo. David dejó un testimonio de qué hacer cuando el peligro de muerte está a la vuelta de la esquina. Nos legó su experiencia cuando se acrecientan los enemigos, cuando se multiplican los adversarios y cuando toman fuerza lo que quieren vernos muertos.

El salmo es para nosotros una plegaria que debemos repetir insistentemente cuando el peligro de muerte nos ha robado hasta el derecho de dormir, cuando la tranquilidad ha sido arrebatada y estamos intranquilos porque en cualquier momento nuestros enemigos pueden tomar nuestra vida.

Pero sobre todo cuando la gente más cercana a nosotros se ha convertido en nuestro enemigo y desean con toda el alma vernos privados de la vida. El salmo nos ayudará a reconfortar nuestra alma y corazón y nos permitirá no vivir angustiados, ni desesperados, ni atribulados, sino seguros siempre del cuidado de Dios.

Este salmo tiene la enorme bendición de hacernos reflexionar seriamente si en realidad estamos confiando en Dios. Si en verdad hemos depositado en él todas nuestras cargas ya que solo de esa manera podremos estar en paz, aún cuando las circunstancias no sean nada favorables para nosotros.

Este salmo lo rezó David en las agrestes montañas que circundaban a Israel como un testimonio fiel de que Dios puede ser un remanso de paz para nuestras vidas cuando confiamos plenamente en él.

Salmo 3: La confianza en Dios que trae tranquilidad

I. A pesar de multitud de adversarios
II. Porque nos trae seguridad
III. Cuando tenemos certeza de su salvación

David emplea en este salmo varias figuras retóricas o recursos poéticos para resaltar o subrayar que Dios lo protege, defiende, ampara, auxilia, ayuda, apoya, socorre, libra y sostiene. La principal de ellas es la siguiente: Jehová, eres escudo alrededor de mí. Es una metáfora.

La metáfora es una manera de plasmar una realidad o concepto usando una idea o un objeto para dar a entender que hay una similitud en ellos. En el verso tres del salmo que hoy estudiamos, David utiliza el escudo para señalar una característica de Dios. El escudo era un instrumento de guerra diseñado para proteger al combatiente.

La palabra hebrea para escudo es “maguén” y se utiliza para referirse a ese instrumento de combate y en el libro de los salmos para referirse a la protección, cuidado, blindaje, amparo y resguardo de su pueblo, de sus hijos, de su tierra y de todo aquel que acude a su presencia con humildad y sencillez.

El verso tres de nuestro salmo tiene como figura retórica principal que Dios es escudo. Para recalcar lo que Dios representaba para David en esos momentos en los que su hijo lo perseguía para matarlo y hacerse del trono y provocaba que su padre huyera junto con su familia.

El verso tres establece también otros dos conceptos con los que David define a Dios: 1. Es su gloria y 2. Es quien levanta su cabeza. La palabra gloria la hemos estudiado en muchas ocasiones y en el Antiguo Testamento procede de la raíz hebrea “kabod” que significa peso, fuerza y por consiguiente, al aplicarse a Dios se traduce, en ocasiones, como poder.

En este texto ese es el sentido que tiene. David encuentra en Dios, además de su protección, su fuerza o su poder para enfrentar una crisis que puso en peligro su vida. David no lucha con sus propias fuerzas, David enfrenta esa persecución con la fuerza y el poder de Dios porque de otra manera no podría sostenerse o estar de pie.

Pero para David, Dios no es solamente su escudo y su fuerza, es también el que levanta su cabeza, una figura retórica que presenta a Dios con capacidades humanas como levantar con su mano la cabeza de David y se usa para referirse a que Dios anima y reanima a su hijo para no caer en la depresión por lo que está viviendo.

La protección de Dios es tan amplia en la vida de David que le da fuerza para mantenerse firme y le da ánimo para enfrentar una situación muy compleja y que nunca había vivido en su existencia: un hijo suyo, sangre de su sangre, persiguiéndolo para quitarle la vida y obtener así el reino que estaba destinado para él por ser el primogénito.

David nos presenta aquí como concibe a Dios, como se relaciona con él y será fundamental para entender como es que no se desmoronó o se derrumbó cuando uno de los hijos que más amaba se encontraba buscando su vida como si fuera un enemigo de toda la vida, como si no recordara que a quien estaba persiguiendo era su padre.

El salmo gira en torno a esta figura retórica: Dios como un escudo. Dios como un gran protector. El Creador con quien resguarda la vida y permite que en medio de los más grandes problemas se pueda vivir confiado, sin angustias, sin miedos, sin desesperación, confiando plenamente en Dios.

De la forma en que vemos a Dios en medio de las tormentas, en medios de las grandes tribulaciones y en medio de los grandes conflictos será la manera en la que pasemos nuestras horas, días y semanas: calmados y en reposo o atormentados y llenos de ansiedad por no saber que ocurrirá.

El salmo tres es un recordatorio para todos que hay una clase de confianza que trae tranquilidad. Quien confía en Dios vive tranquilo. Si no vive tranquilo es posible que en realidad no ha confiado en Dios, sino en sí mismo o en otras cosas.

I. A pesar de la multitud de adversarios

Cuando David huyó de su hijo Absalón experimentó no solo la persecución de su vida por parte de un adversario, sino la multiplicación de sus enemigos. De pronto no era solo Absalón sino muchos.

David los agrupa en tres categorías: 1. Mis adversario. 2. Los que se levantan contra mí y 3. Los que dicen de mí no hay para él salvación en Dios. El común denominador de esas tres clases de enemigos es que se han multiplicado o son muchos. No era para menos. A su hijo Absalón le había dado un grupo de cincuenta soldados y ahora eran miles.

En el pasaje de 2º de Samuel 1-17 nos relata de tres personas que le dolieron en el corazón a David. El primero fue su consejero Ahitofel, quien en cuanto comenzó la revuelta se plegó a Absalón y fue quien la aconsejó que durmiera en público con las diez concubinas de su padre.

El segundo fue Simei, un familiar del rey Saúl que festejó con gritos la huida de David hacia las montañas porque pensaba y lo declaraba que Dios estaba castigando al monarca por su ambición de poder y porque había tenido algo que ver en la muerte de su antecesor. Simei fue sumamente duro con David.

Pero quizá el que más le dolió a David fue Mefi-boset que en lugar de acompañarlo en su salida de Jerusalén se quedó allí porque, según le dijo su criado, pensaba que el reino de su abuelo le sería devuelto a él. De nada sirvió que David lo sentara en su mesa. Mefi-boset estaba lisiado de los pies y lisiado del alma.

Además de su hijo, si que se habían multiplicados sus adversarios. La palabra “adversario” proviene de la raíz hebrea “tsar” que inicialmente significa “estrecho”. Se utiliza como adversario o enemigo para señalar que esa clase de personas nos ponen en estrecho o nos angustian porque emocionalmente nos aprietan.

Luego señala a los que se levantan contra él. Muchos se pusieron de pie para enfrentarlo. Ese es el sentido de la palabra “se levantan” que usa David para referirse a un segundo grupo de adversario y finalmente el tercer grupo que decía que Dios no lo salvaría. Eran personas que sabían de Dios y que vaticinaba el fracaso de David en esa encrucijada.

II. Porque nos trae seguridad

David estaba seguro de cuatro cosas que plantea en este salmo: 1. Dios responde. 2. Dios sustenta. 3. Dios nos quita el temor y 4. Dios derrota a nuestros enemigos. David estaba completamente cierto.

1. Dios responde

David estaba seguro que Dios le respondía. El verso cuatro dice así: “Con mi voz clamé y el me respondió desde su monte santo. Selah”.

David no dice que Dios le responderá, sino que le respondió. Dios oyó su súplica cuando huía de sus angustiadores que querían destruir su vida. David fue escuchado por Dios y esa es una virtud muy importante de parte de Dios. Ser escuchados por Dios no implica que las cosas cambien de inmediato.

En el caso de David clamó, que es una manera de decir grite o alce la voz, pero eso no significó que su hijo Absalón lo dejó de perseguir. No la oración lo que hace es darnos calma y tranquilidad y esa es la primera y gran respuesta para nuestras vidas. Su calma y su tranquilidad.

2. Dios sustenta

Que increíble bendición divina la que nos da el Señor cuando tenemos problemas porque una de los grandes males que nos acontecen cuando tenemos grandes preocupaciones es que perdemos la capacidad para conciliar el sueño.

David dice que pudo acostarse. Eso todo lo podemos hacer en situaciones graves. Luego señala que durmió, algo que muchísimos no podemos hacer cuando estamos llenos de ansiedad y finalmente despertó y no porque pensará que no podría despertar, sino porque el ejército que lo perseguía podría haberlo atacado de noche.

David dice que Dios lo sustentó. La palabra sustentar se traduce también como apoyar o descansar. Dios le dio a David en medio de esa crisis su apoyo y descanso y por eso pudo dormir que en tiempos de grandes conflictos es lo primero que pierden muchos.

3. Dios quita el temor

El verso seis dice: “No temeré a diez millares de gente, que pusieren sitio contra mí”. David fue un guerrero valiente, un soldado lleno de valor, pero los sucesos que estaba viviendo lo llevaron a declarar o rechazar el temor.

Aunque llegaran un ejército de miles de soldados, David no se intimidaría porque Dios era su escudo. David encontró un refugio tan grande en el Señor que ese tipo de grandes males podía enfrentarlos con seguridad y confianza, pero sobre todo sin vivir con temor que hace de nuestras vidas algo sumamente insoportable.

4. Dios derrota a nuestros enemigos

David vio siempre la derrota de sus enemigos. Desde Goliat hasta Saúl. Todos sus adversarios terminaron derrotados. Los filisteos y todos los que se le opusieron siempre fueron vencidos.

III. Cuando tenemos certeza de su salvación

David concluye su salmo de la siguiente manera: 8 La salvación es de Jehová; sobre tu pueblo sea tu bendición. Selah

David tiene la seguridad que Dios es el único que salva, que rescata, que ayuda a su pueblo. El hombre puede hacer muchas cosas. Puede huir, puede esconderse o puede pelear y hacer frente a sus enemigos, pero definitivamente la salvación viene de Dios. Su salvación hace la diferencia entre morir y vivir.

David pensaba en su vida, pero también pensaba en su nación. Era un estadista que si buscaba cuidar su vida, pero con un fin superior que era que su pueblo siempre fuera bendecido por Dios.

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