La oración de Jesús: rogó para que compartiéramos un lugar con el Padre

La Biblia dice en Juan 17: 24

Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

Introducción

Este verso concentra casi todas las palabras más usadas en el ruego que Cristo hizo al Padre. Encontramos la palabra mundo que es la que más se utiliza en los veintiséis versos, luego encontramos el término gloria que también es de los que mas se repiten a lo largo de todo el capítulo y también la frase “aquellos que me has dado”, es decir los suyos.

Es evidente que en estas palabras, Jesús resumen o sintetiza su solicitud al Padre. Jesús desea y anhela que sus seguidores compartan con él la gloria que el Padre ha de otorgarle luego de su entrega en la cruz del calvario. Ese poder y reconocimiento quiere que sea otorgado también a sus seguidores.

Jesús quería y quiere compartir con los suyos la gloria que tiene. El odio y aborrecimiento con que fue recibido en el mundo durante su primera visita fue compartida con sus discípulos y con sus seguidores, pero a cambio de todos esos sufrimientos ahora ruega al Padre para que reciban su gloria.

En este texto que hoy estudiamos la palabra Padre aparece. A lo largo del capítulo diecisiete aparece cinco veces. Fue la fórmula como Cristo se dirigió a Dios y le enseñó a sus seguidores a dirigirse al Creador en una enseñanza que nos muestra que la relación entre el Creador y sus criaturas es de Padre a hijo.

Jesús rogó para que sus seguidores pudieran ver y comprobar dos cosas que son muy importantes para quienes hemos creído en su palabra: 1. Que vieran su gloria y 2. Que vieran el amor del Padre hacia Jesús. Esas dos peticiones las encontramos en el verso que hoy estudiaremos.

La serie: Jesús rogó al Padre por los suyos para ser glorificados, a pesar del mundo

V. Para compartir un lugar con el Padre celestial

A. A fin de que vieran la gloria de Cristo
B. A fin de que vieran el amor del Padre a Cristo

El destino final de todos los creyentes son las mansiones celestiales que Cristo prometió durante su ministerio terrenal. El Padre está a la espera de todos aquellos que creyeron en Jesús y Jesús mismo prepara moradas para que donde Él este nosotros también estemos.
La eternidad, que ha comenzado desde que aceptamos y reconocimos a Cristo como nuestro Salvador, tiene como recompensa disfrutar para siempre de la compañía y comunión con el Creador del mundo y en este verso que hoy estudiaremos Jesús nos lo recuerda.

Iremos con él. A participar de la gloria, gracias a su sacrificio y su victoria sobre el mundo que se le opuso, que lo persiguió y que le quitó la vida, aunque la muerte no lo pudo retener porque resucitó al tercer día y con ello nos abrió la victoria sobre la muerte física y también sobre la segunda muerte o muerte espiritual.

A. A fin de que vieran su gloria

“Para que vean mi gloria que me has dado”, dice Jesús en su ruego al Padre. Es evidente que Jesús quería y quiere que todos sus seguidores contemplen su gloria celestial, superior a aquella que los apóstoles contemplaron en el nivel terrenal.

En Mateo 17 encontramos el relato de la transfiguración. Jesús llevó a Pedro, Juan y Jacobo y a un monte alto y allí se transfiguró delante de ellos. Contemplaron su gloria que humanamente pudieron ver. Juan resalta esa diferencia cuando en su evangelio dice que “A Dios nadie le vio jamás, el unigénito del Padre le ha dado a conocer”.

En el camino a Damasco, Pablo vio una luz que lo dejó ciego, una luz resplandeciente de donde emergió la voz de Jesús que le preguntó: ¿Saulo, Saulo, por qué me persigues? Fue la presencia misma de Dios, pero con una gloria terrenal, la que podía resistir el perseguidor de la iglesia.

La gloria que Jesús pide que sus seguidores puedan ver es la que tenía y tiene cuando este mundo fue creado. Esa gloria que Pablo dice nadie puede ver porque es inaccesible para los seres humanos. Jesús está pidiendo al Padre por nosotros para que podamos contemplarla y conocer a Jesús en su esplendor y majestad.

En su oración, Jesús dice que vean mi gloria. Ellos estaban a unos momentos de contemplar su humillación. Su detención, castigo y muerte en la cruz desnudaría su humanidad. Esas horas no tendrían absolutamente nada de gloria, serían las horas más terribles para Jesús y por eso pide que pasado ese trance, sus seguidores pudieran contemplar su grandeza.

Como dijimos al principio la cronología de Cristo y sus seguidores es siempre sufrimiento y luego gloria. Los acontecimientos en la vida de Cristo así fueron y con nosotros no puede ser de otra manera. El camino a la glorificación es ese. Tomar su cruz, seguir en pos de él y no mirar atrás.

Jesús rogó al Padre para que todo lo que habrían de pasar por seguirlo a Él tuviera la recompensa de ver su gloria plena, su poder en todo su apogeo y su grandeza sin ningún límite.

B. A fin de que vieran el amor del Padre a Cristo

La última parte del verso que hoy estamos estudiando dice así: “porque me has amado desde antes de la fundación del mundo”.

Por lo que se avecinaba, Jesús recordó en su oración que la relación con su Padre era de amor. La intención que Jesús tenía al decir estas palabras era muy clara. Quería recordarles que el amor de Dios no significa ausencia de conflictos y muchos menos ausencia de sufrimientos.

El Señor viviría una situación sumamente dolorosa unos momentos después de haber orado y quería dejarles bien en claro a sus discípulos que todo lo que vendría en adelante por esas horas y días de ningún modo significaban que el Padre lo había abandonado o lo había dejado solo.

Que lección nos da Cristo porque generalmente cuando atravesamos momentos muy dolorosos o muy difíciles en nuestras vidas, sentimos que el Padre nos ha dejado de amar o como algunos dicen: no siento el amor del Padre y no es que no nos ame o que haya dejado de amarnos, sino más bien, esta mucho más cerca de lo que podemos pensar.

Lo atestigua Cristo que le dijo en la oración que el amor no se había movido un ápice y seguía idéntico que como cuando estaban en la eternidad. Una declaración que nos ayuda mucho para considerar a la hora de enfrentar dificultades y problemas que el Padre nos ama con la misma intensidad de siempre.

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