Las preguntas de Jesús: ¿No te digo que se crees verás la gloria de Dios?

La Biblia dice en Juan 11: 40

Jesús le dijo: ¿No te digo que se crees verás la gloria de Dios?

Introducción

Esta pregunta Jesús se la hizo a Marta que estaba sumamente acongojada por la muerte de su hermano Lázaro. Ella luchaba con su fe o luchaba para acrecentar su fe. Si bien no era un ferviente creyente en Dios como su hermana María. Confiaba que su hermano volvería a la vida en el mundo venidero.

Lucas nos relata un pasaje que nos ayuda a comprender las dificultades que Marta tenía para creer en Jesús:

38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.  39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 

40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.  41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.  42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. 

Un tiempo después de este relato murió Lázaro el hermano de ellas y Jesús llegó cuando la muerte de su amigo había cumplido cuatro días. Luego de visitarlas en su hogar pidió que lo llevarán a la tumba. Y allí es justamente donde se da este diálogo entre Jesús y Marta y allí justamente es donde le hace esta pregunta.

Es una pregunta para confrontarla con su fe. La muerte es uno de los eventos más devastadores en la vida de las personas. Aún de los creyentes. A veces es muy difíciles reponerse de la muerte de un ser querido, con todo y que creemos en la resurrección de los muertos como creía Marta.

Jesús sabía perfectamente el estado del corazón de Marta. Jesús solo le pidió que creyera. Que tuviera fe en esos momentos en los que todo, absolutamente todo, parecía perdido. Su pregunta fue para hacerle ver que la fe puede aún contra aquello que parece imposible para la mente humana.

Marta se encontraba en el dilema que todos pasamos, le creemos a Jesús o nos sometemos a la realidad.

Aquí el relato completo para entender la pregunta.

38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.  39 Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. 40 Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?  41 Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.  42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. 43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: !!Lázaro, ven fuera!  44 Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

¿No te digo que se crees verás la gloria de Dios?

El difícil paso de la incredulidad a la fe

I. Porque la realidad parece implacable
II. Porque desconocemos el alcance del poder de Dios

Juan 11 nos da las pormenores de uno de los sucesos que fueron definitivos para que los fariseos y la clase sacerdotal decidieran matar a Jesús. La resurrección de Lázaro en Betania, localizada a unos tres kilómetros de Jerusalén provocaron la conversión a Jesús de cientos de judíos que lo veían ya no como un maestro más, sino como el Mesías.

El objetivo esencial de todo lo sucedido es que la gente creyera. Que Marta creyera, que sus discípulos creyeran, que el pueblo creyera. Que hicieran a un lado su incredulidad. Que dejaran de dudar y que dieran ese difícil paso que todos tenemos que dar de la incredulidad a la fe.

La incredulidad es un estado estado triste para el ser humano porque rechaza confiar en Dios, sin embargo confía en la ciencia, aún cuando esta sin decirlo o requerirlo demande fe o confianza. La muerte y resurrección de Lázaro tenía como finalidad justamente que todos creyeran que Dios es poderoso.

Cristo confrontó a Marta con esta pregunta porque a ella le resultaba difícil creer. Por alguna razón de los tres hermanos ella era quien más se resistía a dejar sus dudas y entregarse por completo en la seguridad y certeza de que Dios siempre habrá de hacer más de lo que nosotros creemos o pensamos.

La interrogante que hoy estudiamos tiene esa razón, llevarnos a considerar que tanto le creemos a Dios y cuánto todavía dudamos de lo que él puede hacer en nuestras vida cuando confiamos.

I. Porque la realidad parece implacable

Según el relato que hace Juan en el capítulo once, Jesús llegó a Betania y se dispuso ir a la casa de Marta y María, pero Marta salió a su encuentro y le dio detalles sobre la muerte de su hermano.

Allí Jesús sostuvo una plática con ella donde le dice que ella cree en él. Le dice que él es el Cristo, el Hijo de Dios, que ha venido al mundo. Y luego de eso llama a su hermana para que sepa que Jesús ha llegado con ellas. María viene con Jesús y entonces los tres se dirigen al sepulcro.

Todos los que acompañaban a las hermanas en esos momentos pensaron que irían a llorar a la tumba del recién fallecido y salen detrás de María y se encaminan al lugar donde fueron depositados los restos mortales de Lázaro. Juan nos dice que Jesús llora allí con ellas dos conmovido por el dolor de las hermanas.

Pero es justamente allí donde Jesús confronta la fe de Marta porque después de estar un momento allí, Jesús ordena que la piedra que tapa la entrada de la tumba sea quitada, a lo que Marta, no María, sino Marta le dice a Jesús que no lo haga porque hiede, es decir desprende un olor nauseabundo.

¿Pensó Marta que Jesús no sabía que estaba haciendo o quizá que no tenía sentido del olfato? Claro que Jesús sabía perfectamente el estado en el que se encontraba el cuerpo de una persona a cuatro días de fallecido. Pero en la mente de Marta se había instalado ya la muerte de su hermano.

Y así es la realidad a veces en nuestra vida: dura, seca, pesada como una losa que sepulta cualquier esperanza. La realidad hizo que Marta “le recomendara” a Jesús que tuviera cuidado con lo que estaba haciendo. Que se fijara bien. Como si nuestro bendito Salvador no supiera lo que estaba haciendo.

Cristo nos quiere sacar a todos de ese grado de incredulidad, quiere que seamos capaces de creerle o por lo menos de quedarnos callados cuando Él esta obrando en nuestras vidas y permitir que nuestro corazón se llene de fe.

Justamente allí es donde le hace la pregunta a Marta que hoy estudiamos: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? Para ayudarla con su fe, para auxiliarla a la hora que se necesita confiar en Dios.

II. Porque desconocemos el alcance del poder de Dios

Hasta ese momento, Marta desconocía el alcance del poder de Dios. Su poder es ilimitado. Domina todo porque Él es el Creador de todo. Nada, absolutamente nada escapa a su control y dominio.

Con solo unas cuantas palabras destruyó por completo una de las leyes de la naturaleza que los seres humanos consideramos imposibles de romperse: la muerte. Llamo desde la vida a un hombre muerto y Lázaro salió del sepulcro en lo que es y ha sido uno de los grandes milagros de Cristo.

Para Marta fue un paso difícil dejar su incredulidad y aprender a confiar en Cristo. Pero no es solo un problema de Marta es un problema de millones de personas que les es complicado abrir su corazón al poder de Dios y aprender a confiar en todo lo que Dios hace, aún lo que parece imposible.

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