Salmo 8: La grandeza de Dios es impresionante

La Biblia dice en el Salmo 8: 

Al músico principal; sobre Gitit. Salmo de David. !Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; 2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo. 3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, 4 digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? 5 Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.  6 Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies:7 Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo, 8 Las aves de los cielos y los peces del mar; Todo cuanto pasa por los senderos del mar.  9 !!Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

Introducción

David esta impresionado, extasiado, conmovido por la grandeza de Dios. Su conmoción lo lleva a escribir este hermoso salmo donde plasma y vierte su asombro cuando descubre de manera palpable el poder infinito de Dios, cuando sus ojos contemplan su majestuosidad en el cielo y la tierra y cuando lo sobrecoge pensar en la gloria de Dios puesta en el hombre.

El salmo ocho tiene un doble propósito, a pesar de solo ser de nueve versos, para quien lo toma como guía para acercarse a Dios: es una plegaria de alabanza a Dios y a la vez es una salmo didáctico o de sabiduría que nos lleva a reflexionar seriamente sobre la posición del hombre frente a Dios que nos hace interrogarnos como compatibiliza Dios con las personas.

Esta hermosa oración nos ayuda a pensar y repensar seriamente sobre la grandeza de Dios, sobre su poder sin límite expresado a través de su creación. Es como sentarse a contemplar la forma perfecta en que creó todo el universo y luego como corona de toda su creación al hombre.

La grandeza de Dios se puede sentir en cada palabra de este verso. La grandeza expresada en dos ámbitos contrarios o extremos: en los cielos y las estrellas que hizo con sus dedos y la que se expresa de manera sencilla y siempre con la alabanza de los niños pequeños que al alabar al Creador callan la boca de los enemigos y vengativos.

El salmo ocho es una especie de alto total para contemplar lo que Dios ha hecho en el cielo y en la tierra y declarar su grandeza. No es casual que comience con el mismo verso que termina: con un llamado a engrandecer a nuestro Dios por todas sus maravillas que son muchas.

La grandeza de Dios es impresionante

I. Cuando la apreciamos en la creación
II. Cuando la apreciamos en el hombre

El salmo ocho comienza con la inscripción señalando en primer lugar el autor del mismo: el rey David. Luego la expresión: Al músico principal que es una mención al director del coro que interpretaría ese salmo o al maestro de los músicos. Después la frase “Gitit” que algunos asocian con la ciudad filistea de Gat y otros con el día cuando se exprimen las uvas para fabricar el vino.

Me inclino a pensar en esta última propuesta debido a que la vendimia es uno de los eventos más esperados en Israel porque la producción del vino alegraba grandemente a los agricultores y esos momentos eran de gran regocijo y de mucha gratitud al Creador por haber creado la uva.

Por la mención de la luna y las estrellas que hace David muy probablemente el salmo se inspiró durante una noche llena de estrellas en el firmamento de Israel, aunque en realidad nunca sabremos el tiempo y lugar exacto en que Dios inspiró al monarca de Israel para componer este hermoso salmo. Lo cierto es que fue un tiempo de gran contemplación.

David está impresionado. Pero no es cualquier clase de impresión, sino aquella que conmueve, que sobrecoge y hace que uno reflexione seriamente sobre nuestra existencia. Es la clase de impresión que va más allá de la queda de haber sido salvados de una muerte en un accidente aéreo o de ser testigos presenciales de un hecho insólito.

El autor del salmo se encontró de pronto con la imponente obra de Dios y reconoció en ella la majestuosidad. A lo largo de su vida David vivió y tuvo experiencias que lo llegaron a impresionar. Desde jovencito cuidando su ganado de ovejas hasta su encumbramiento como rey que cosas no vio. Pero ninguna como brillante y magnífica obra del Creador.

La virtud de este salmo o su gran aportación a la vida espiritual de las personas es que nos eleva para no dejarnos impresionar por nada que no sea el Creador. Descubrir a Dios en lo que ha creado nos permitirá acercarnos a lo sublime y espléndido de su naturaleza y por consiguiente de sus obras.

En tiempos en los que las circunstancias nos hacen mirar más lo terrenal que lo espiritual, este salmo nos llama y convoca a descubrir en su creación al Dios majestuoso y glorioso que seguimos y dejar a un lado aquello que jamás podrá ser igual de poderoso y grandioso como Dios.

I. Cuando la apreciamos la creación

David comienza su salmo declarando lo siguiente: !Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos.

La frase “oh Jehová, Señor nuestro” no es una repetición del nombre de Dios, sino la utilización de los dos vocablos con lo que los judíos se referían a Dios, el primero, o sea Jehová, se traduce como Eterno y el segundo como Dueño, Amo o Propietario de todo. David está diciéndole a Dios o lo esta reconociendo como el Eterno, Dueño de todo.

David está consciente de que el Dios que sirve y adora es el Dueño de todo o el Amo de todos. El sentido de la palabra Adonai que es el vocablo hebreo de donde se desprende el término tiene ese sentido. Esta creación no es un accidente, tiene un principio y tiene un fin. Tiene un propósito.

En toda la tierra el nombre de Dios es glorioso, la palabra glorioso que se usa aquí se origina en la raíz hebrea “addir” que significa majestuoso, poderoso y hasta señorial. En Génesis 15: 10 se traduce como “impetuoso”. La palabra apunta a personas o hechos con tal fuerza que son incontenibles. En toda la tierra el nombre de Dios no se puede detener.

Por ese mismo hecho, Dios le ha impreso a su creación su toque divino. En toda la tierra la mano de Dios es visible, pero particularmente cuando se contemplan los cielos se puede apreciar mejor esa evidencia porque Dios ha colocado en ellos su gloria. La palabra gloria que se utiliza aquí procede de la raíz hebrea “hod” que se traduce como esplendor.

La versión hebrea del salmo traduce esplendor en lugar de gloria. La palabra “hod” es sumamente interesante porque su raíz también se relaciona con la expresión “reconocimiento y gratitud”, lo que parece una contradicción porque “esplendor” y “humildad” no parecen tener relación alguna.

Pero en esta caso esta muy conectadas porque para contemplar el esplendor de los cielos en la creación es indispensable sencillez, reconocimiento y gratitud a Dios. El esplendor que Dios puso en los cielos solo se puede apreciar cuando nuestro corazón se llena de sencillez, haciendo a un lado la arrogancia.

David esta contemplando la creación a Dios con esa actitud y esa misma actitud lo lleva a descubrir la fuerza y el poder de Dios en hechos tan simples y sencillos como los infantes o niños que viven en ese estado de inocencia sin preocuparse de absolutamente nada creyendo con tal rapidez en Dios que conmueve.

Allí justamente David descubre la fuerza y el poder de Dios. Una fuerza capaz de contener a los enemigos y adversarios de Dios que jamás podrán explicar o entender porque los niños son capaces de creer y creerle a Dios. David nos está llevando a la esencia misma de la fe y confianza en Dios.

El verso dos de nuestro salmo dice:

De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo. 

Y David ha descubierto esa verdad que solo puede apreciarse cuando nos decidimos ser humildes y reflexivos en las obras de Dios. Los infantes silencian a los opositores a Dios porque muestran y demuestran una capacidad innata de comprender y entender lo que Dios pide.

Pero la sorpresa de David crece como se desarrolla una pequeñísima semilla para dar paso a un frondoso árbol cuando contempla el firmamento y mira al hombre. Esa formidable creación le enseña entonces que la majestuosidad de Dios puede ser mejor apreciada en el hombre que fue creado a imagen y semejanza de Dios.

II. Cuando la apreciamos en el hombre

Los versos tres y cuatro dicen de la siguiente forma:

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?

David mira en el centro de la creación del hombre y de la admiración e impresión pasa la interrogación. ¿Cómo puede un ser tan majestuoso y sublime se acuerde del ser humano y lo busque y visite? Para David es todavía más sorprendente ese hecho: Dios otorgándole un lugar especial al hombre en la creación.

La palabra “veo” que utiliza el verso tres procede de la raíz hebrea “her-eh” que quiere decir percibir, prestar atención, discernir y distinguir. David no está mirando solo con los ojos, esta observando con el corazón. Es un ejercicio sumamente reflexivo. No es un mirar apurado y fugaz, sino con detenimiento.

Un Dios con esa majestad que David descubre al mirar atentamente en los cielos la obra de Dios en la luna y las estrellas, es lo que hace preguntarse qué es el hombre para que Dios se acuerde de él. La palabra “memoria” que utiliza procede de la raíz hebrea “zakar” que se traduce como tener presente.

Cómo un Dios que con solo sus dedos hizo la luna y las estrellas se acuerda del ser humano. Un Dios capaz de hacer formidables obras sin utilizar siquiera su mano tiene presente a un ser que por su tamaño no requirió ni siquiera los dedos del Señor para hacerlo porque si la luna y las estrellas fueron hechas con sus dedos, el hombre con qué fue hecho.

Pero Dios no solo tiene presente en su mente al hombre, sino lo visita. La palabra hebrea de donde surge la palabra “visites” es “paqad” que tiene la idea de ir a ver a alguien, pero con la intención de ver como esta o prestarle atención.

Esta interrogante es la que lo lleva a describir la condición espiritual y material de los seres humanos. David dice, entonces, que el hombre es poco menor que los ángeles. En realidad la traducción más correcta debería de ser: “le has hecho poco menor que Dios porque en el original la palabra ángel es malak o malaj y aquí aparece la expresión “Meelohím”

La versión hebrea traduce este pasaje así: “Ya que los has hecho poco menos que divino”, la versión traducción viviente de la Biblia lo hace así: “Nos creaste casi igual a ti”. “Lo hiciste poco menos que Dios”, traduce la Nueva Versión Internacional lo que nos permite comprender el elevado nivel con el que fue puesto el hombre en la tierra.

La manifestación de esa condición del ser humano es que Dios le hizo señorear sobre la creación de Dios. Dios le concedió domino sobre la obra de sus manos. En los tres niveles de vida sobre el universo: la tierra, el aire y los mares Dios le entregó al hombre su control y dominio.

El hombre es amo de animales y aún de las bestias del campo y los monstruos marinos en una clara manifestación de lo que Dios hizo con él. El hombre fue diseñado para gobernar, pero parece que el mundo es el que lo gobierna ahora a él. Parece que el hombre ha perdido su dignidad, pero ese nunca fue el plan original de Dios.

El hombre fue creado con dignidad, pero la perdió con el pecado y desde entonces, la única manera de recuperarla es volviendo a Dios que fue su creador y que lo hizo solo un nivel debajo de él. David así lo visualizó y por eso concluye su salmo de la misma manera como lo inició:

!!Oh Jehová, Señor nuestro, Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

David está impresionado con la obra de Dios porque la ha apreciado en la creación y la ha apreciado en el hombre.

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