La oración de Jesús: rogó para que conociéramos a Dios y lo diéramos a conocer

La Biblia dice en Juan 17: 25-26

25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.  26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

Introducción

Jesús termina su oración usando cinco veces la palabra conocer. Jesús dice al final de su ruego que el mundo no conoce a Dios, que Él sí conoce a Dios y que los suyos han conocido que Dios lo envió a él. El Señor recuerda que una de sus funciones fue dar a conocer el nombre del Padre y ratifica su deseo de seguir haciéndolo.

Conocer a Dios y darlo a conocer sería una de las funciones esenciales de la iglesia. La permanencia en el mundo de los creyentes y seguidores de Jesucristo tendría como finalidad y propósito revelar al Creador, manifestar a cada persona de manera clara la existencia de Dios.

Jesús ha rogado por sus seguidores al Padre para que alcancen la glorificación del Padre como Cristo la alcanzó, pero mientras eso ocurre los discípulos deben estar entregados a dar a conocer al Padre en vista de que el mundo no le conoce. El mundo ignora, algunos por voluntad propia, quien es Dios.

Jesús vino a la tierra con esa finalidad: revelarnos al Padre, mostrarnos quién es Él, qué hace y, sobre todo, que quiere de nosotros. Y Jesús rogó a su padre para que nosotros pudiéramos continuar con esa labor durante su ausencia. Que en medio de un mundo en oscuridad nosotros pudiéramos transmitir la luz del Señor.

El último estudio de nuestra serie: Jesús rogó al Padre por los suyos para que fueran glorificados a pesar del mundo concluye con un exhorto y llamado a todos para recordar siempre que el privilegio de la oración de Cristo por todos y cada uno de nosotros tiene como consecuencia ser reflejo de Dios en la tierra.

Conocer a Dios y darlo a conocer siempre es un imperativo para todos. Independientemente de lo que acontezca a nuestro alrededor siempre será hablar de su poder e infinito amor. Jesús oró por ti y por mí para que trabajáramos intensamente en la misma labor que Él tuvo en este mundo: testificar del amor del Padre.

Jesús rogó la padre por los suyos para que fueran glorificados a pesar del mundo

VI. Para que conocieran a Dios y lo dieran a conocer

A. Porque el mundo no conoce a Dios
B. Porque Cristo vino a dar a conocer a Dios
C. Porque conocer a Dios es amar

Hablar de lo que no conocemos es algo muy necio. Hablar de lo poco que conocemos es temerario, pero hablar de lo conocido es muy fácil como fácil le resulta a un médico hablar del cuerpo humano o como fácil le puede ser a un músico leer música en un pentagrama o un astronauta hablar del universo.

En el caso de Dios aplica el mismo principio para dar a conocer su nombre o proclamar su grandeza es indispensable conocerlo. Conocer a Dios representa uno de los grandes proyectos de vida porque cada día se aprende de su amor, de su persona, de sus obras y de su grandeza.

En el mundo el conocimiento de Dios se dificultad porque el mundo no lo conoce y a veces no lo quiere conocer. Remamos contra corriente como los salmones que nada contra corriente de los ríos y eso dificulta el aprendizaje y la posibilidad de conocer a nuestro buen Dios que se ha revelado en la naturaleza para todos aquellos que lo quieran ver.

¿Por qué el mundo no conoce a Dios? Porque vive en oscuridad y porque en muchos casos aman tanto la oscuridad que parecen empecinados en ignorar lo que el Creador dice y hace, lo que provoca que sus vidas nazcan y mueran en esas tinieblas tan densas que les oscurece el entendimiento.

Para esto apareció el hijo de Dios, dice Juan precisamente, para deshacer las obras de Satanás que tiene a la gente cegada, que tiene a la personas atadas y por eso le resulta muy difícil abrir su mente a Dios.

Antes de empezar nuestro estudio es importante conocer la palabra “conocer” que se utiliza cinco veces en estos dos versos. La palabra procede de la raíz griega “ginosko” que se traduce como adquirir conocimiento, aprender, darse cuenta, percatarse de un saber en proceso que nunca acabará.

La palabra “ginosko” apunta al proceso constante de aprender para llegar a saber. En términos netamente humanos pocas profesiones pueden darse el lujo de dejar de aprender. El abogado debe actualizarse permanentemente, ni que decir de los médicos y así casi todas las profesiones.

En el caso del discípulo o seguidor de Cristo conocer a Cristo implica un constante aprendizaje. Eso lo veremos en su oportunidad. Concluyó esta parte diciendo que la palabra conocer es un término muy común en Juan para apuntar la necesidad de aprender para saber.

A. Porque el mundo no conoce a Dios

Jesús se dirige al Padre y le llama justo. Dios es recto, ese es el sentido del término justo, la rectitud tiene la idea de algo que permanece firme o sin variar. Apela a alguien que no cambia de parecer a pesar de que otros si cambian.

Cristo le dice al Padre una verdad reveladora de la condición del mundo. La palabra mundo la hemos estudiado ya y procede del griego “kosmos” su sentido aquí es de personas o de los habitantes del planeta tierra. Esas personas no han querido conocer a Dios. Sujetándonos al termino “ginosko”, no quieren aprender para saber quien es Dios.

El mundo vive en una completa ignorancia sobre la voluntad del Señor. Una ignorancia que solo puede ser desarraigada cuando desean aprender sobre el Creador. En términos pedagógicos podemos afirmar que el mundo es “analfabeta espiritual” porque no saben quién y qué hace Dios.

La iglesia y los discípulos de Cristo están insertados en un mundo que no conoce y no quiere conocer quien es Dios y por eso su situación es complicada porque es vivir con personas que carecen de los más elementales principios o leyes de la vida espiritual y están dominados por su naturaleza caída.

B. Porque Cristo vino a dar a conocer a Dios

Cristo vino a dar a conocer a Dios. Utilizó todos los recursos para que comprendieran y aprendieran, pero en muchos casos no lo logró y no porque no fuera un buen maestro, sino porque hubo personas que sencillamente no quisieron aprender.

Pero Cristo reveló al Padre de tal forma que quienes sí quisieron lo pudieron ver y ejemplos hay muchos en los cuatro evangelios. El ciego de nacimiento, Bartimeo, Lázaro y sus hermanas Marta y María, solo por mencionar a algunos fuera del grupo de los doce a los que se dio a conocer y ellos aprendieron.

En el verso veinticinco de nuestro capítulo diecisiete encontramos esta afirmación de Cristo: “pero yo te he conocido, y esto han conocido que tú me enviaste”. La función de Cristo se cumplió cabalmente en los doce porque ellos de ser personas sencillas y sin grados académicos aprendieron de Cristo o conocieron a Jesús.

Ahora dejaba en manos justamente de ellos y de nosotros dar a conocer al mundo. Llevar su conocimiento a la vida de las personas en medio de un mundo lleno de oscuridad y tinieblas que se resiste a creer y aprender las sencillas enseñanzas del más grande Maestro que ha venido a la tierra.

C. Porque conocer a Dios es amar

Nuestro verso veintiséis dice así: 26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

El conocimiento o aprendizaje de Jesús entre sus seguidores sería constante así se entiende la frase “les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún” tiene el sentido de algo permanente o algo que no acaba. Esto es interesante porque una vez que el creyente conoce a Dios jamás dejará de aprender.

El amor entre ellos, el amor divino será la única manera de saber cuánto han aprendido y sobre todo cuánto de ese conocimiento en realidad se ha traducido en una vida piadosa con Cristo y en una relación cordial con sus semejantes. El amor es el sello que tienen los seguidores de Cristo. El amor agape que no es sentimental sino nacido de la voluntad.

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