Las preguntas de Jesús: ¿Por qué dudaste?

La Biblia dice en Mateo 14: 28-33

28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.  29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.  30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! 31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?  32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.  33 Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

Introducción

Caminar sobre las aguas desafiando las leyes de la gravedad fueron un hecho insólito en la Escritura. Lo más cercano a este milagro fue cuando el Mar Rojo se abrió para que el pueblo pasara y escapara de Faraón, también cuando el río Jordán se detuvo para que pasará Israel a la tierra prometida y cuando Eliseo hizo flotar una hacha de metal hundida en un río.

Pero nunca nadie había caminado sobre el mar como lo hizo nuestro Señor Jesucristo por eso los discípulos lo adoraron y reconocieron que verdaderamente era el Hijo de Dios que había venido a la tierra. Los apóstoles atestiguaron una señal poderosa y única en toda su existencia.

En ese marco encontramos la pregunta que hoy estudiaremos. Jesús se la dirigió a Pedro que al ver que Jesús caminaba le dijo: Si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y, entonces, Jesús le dijo que fuera a él y Pedro comenzó a caminar sobre el agua en un hecho prodigioso y sorprendente.

No sabemos cuantos pasos Pedro dio sobre el mar luego de salir de la barca, pero lo cierto es que caminó sobre las aguas retando también la ley de la gravedad ante su sorpresa y una gran impresión de hacer algo que resultó inexplicable e inentendible, pero que duró muy poco tiempo porque el miedo lo hizo dudar.

¿Por qué dudaste?

Cuando el miedo derrota la fe

I. A pesar de que Jesús está con nosotros
II. Ante circunstancias que ponen en peligro nuestra vida
III. Lo que nos convierte en hombres de poca fe

Pedro tuvo miedo cuando vio un fuerte viento y al estar en medio de la mar caminando para ir a Jesús, no creyó que podría seguir caminando sobre la mar y entonces comenzó a hundirse en un hecho que deja claramente definido que el temor, el miedo y el terror son grandes enemigos de la fe.

El miedo provoca que dejemos de confiar en Dios y nos ocupemos y preocupemos de lo que nos podría suceder. Esta comprobado que un gran porcentaje de lo que pensamos que nos va ocurrir en la vida nunca sucede, pero como nos roba la tranquilidad y la confianza en nuestro buen Dios.

El miedo todos lo traemos. Se acrecienta en tiempos de gran peligro y si no tomamos control sobre él puede hacernos dudar de nuestra fe y seguridad de tal manera que pongamos en tela de juicio la veracidad de nuestro Salvador, en un hecho que trastoca gravemente nuestra relación con Dios.

I. A pesar de que Jesús está con nosotros

Pedro no estaba solo. A unos cuantos metros de donde se presentó el fuerte viento estaba Jesús. ¿Cómo fue entonces que dudó? ¿Cómo fue que dejó de confiar? Estaba muy cerca del Señor, pero no confió.

El miedo tiene ese pernicioso resultado, a pesar de haber experimentado el poder de Dios en nuestras vidas, a pesar de conocer por experiencia propia que él es demasiado grande para cualquier clase de problema, el temor hace que olvidemos que Él siempre está pendiente de nuestras vidas.

Pedro tenía al Señor muy cerca de él, pero el miedo fue más grande e ignoró que si pasaba algo Jesús saldría en su ayuda, que jamás lo dejaría solo o permitiría que algo lo dañara estando tan cerca de su persona, pero no el solo se concentró en el fuerte viento que azotó las aguas del mar de Galilea.

Las grandes olas o la marejada que provocó el viento sobre el agua en una noche donde la oscuridad era intensa hicieron que Pedro se atemorizara grande pensando que moriría y eso le hizo olvidar la cercanía del Salvador de su vida. El miedo nos concentra tanto en nosotros mismos que olvidamos quien está con nosotros.

II. Ante circunstancias que ponen en peligro nuestra vida

Hay diferentes clases de miedo. Podríamos hacer una especie de escala y comenzaríamos con aquellas pequeñas cosas que nos aterrorizan hasta llegar a aquellas que de verdad nos aterrorizan.

En la última escala están todas aquellas que ponen en peligro nuestra vida. Esa clase de situaciones nos llevan a tomar decisiones en las que muchas veces nuestra fe se desvanece y podemos caer en las mismas practicas paganas con tal de salvar nuestra existencia en este mundo oscuro.

Pedro moriría ahogado. Eso pensó. Tal vez había visto a muchos pescadores perder la vida de esa manera y se horrorizó de solo pensar que perdería la vida de esa forma tan trágica y por eso su fe fue derrotada porque para él como para muchos de nosotros la vida es más valiosa que cualquier otra cosa.

Es bien interesante notar que fue Pedro quien le pidió a Cristo ir a donde estaba en la mar. Lo hizo de una manera en la que se notaba su incredulidad: “si eres tú manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. No estaba muy seguro y salía de la barca para ir con Jesús con dudas sobre si en realidad era Cristo quien lo acompañaba.

Cristo le dijo que efectivamente era él y le ordenó que fuera, pero las olas provocadas por un fuerte viento pusieron en peligro su vida y eso fue suficiente para dudar. La palabra duda que usa Cristo en este verso procede de la raíz griega “distazo” que procede a su vez de dos términos: “dis” que significa doble o dos, y “tazo” que significa postura o estar de pie.

Unidas ambas palabras nos permiten entender que la palabra dudar en griego etimológicamente significa tener una doble postura y en ese sentido vacilar. Es como tomar un camino, pero enseguida desandarlo y luego tomar otro. Pedro dudó, vaciló, pasó de una postura a otra. De confiar en Cristo a dudar en él.

III. Lo que nos convierte en hombres de poca fe

Es interesante notar que Cristo no le reprochó a Pedro que no tuviera fe, sino que fuera un hombre de poca fe. Jesús deseaba con toda su alma que su seguidor pudiera tener toda la fe del mundo para hacerle frente al miedo.

Queda claro que para enfrentar algunas situaciones en la vida como el miedo que trae consigo el peligro de muerte se necesita toda la fe del mundo. Se necesita que cada creyente e hijo de Dios pueda acercarse al Señor a nutrirse de fe porque de lo contrario el miedo derrotará la confianza en Dios.

Pedro estaba en ese termino medio que resulta muy triste. No era incrédulo, pero tampoco estaba con la fe suficiente. No era como los habitantes de Nazaret que eran incrédulos, pero tampoco era como el centurión que tenía un criado enfermo y que Jesús sanó por su fe, ni era como la mujer sirofenicia que maravilló a Jesús con su confianza en él.

Él estaba a la mitad, era un hombre de poca fe porque el miedo lo hizo dudar.

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