Nada puede detener la marcha del pueblo de Dios

La Biblia dice en Números 10: 35 Cuando el arca se movía, Moisés decía: Levántate, oh Jehová, y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia lo que te aborrecen.

El arca del pacto que había sido construida por órdenes de Dios constituía o representaba la presencia de Dios mismo en medio del campamento de Israel en el desierto. Estaba conectada íntimamente con la nube de gloria que los acompañaba de día en su viaje a la tierra prometida y la columna de fuego que los guía en ese viaje por la noche.

Según nos relata el libro de los Números cuando esa arca se levantaba, Moisés elevaba una plegaria en la que pedía que Dios se levantará para hacer dos cosas: dispersar a sus enemigos y hacer huir de su presencia a los que aborrecían su nombre, que resultan dos peticiones muy sugerentes en el líder de los judíos en el desierto.

Ellos habían recibido los diez mandamientos en el Sinaí, estaban saliendo del desierto de Parán y se dirigían a la tierra prometida y Moisés sabía que ese viaje les traería confrontación con toda clase de enemigos y requeriría el auxilio de Dios para enfrentarlos y derrotarlos.

El gran legislador de Israel, como se le conoce a Moisés, sabía perfectamente que el plan de introducir a los hebreos al lugar donde Dios había prometido a Abraham que habitaría su parentela tendría muchos obstáculos que solo podría sortearlos con la ayuda divina, sin ella sería muy difícil.

El pueblo de Dios ha enfrentado desde su creación adversarios y odios de diferentes personas que abierta o encubiertamente, en público o en silencio han deseado truncar el propósito por el cual Dios agrupó a personas en torno suyo para que lo alaben y glorifiquen siempre.

Moisés hacía esta oración para que Dios los ayudará a no detenerse, para que Dios ahuyentará a cualquier clase de enemigo y el pueblo de Dios pudiera continuar su marcha hacia la tierra prometida sin importar el tamaño o el calibre de los enemigos, él quería que salieran huyendo dispersados por la presencia de Dios mismo.

Solo Dios puede hacer que su pueblo siga su marcha. El clamor de Moisés nos recuerda que enfrentamos adversarios que buscan detener el caminar de la nación de Dios y por eso debemos clamar igual que Moisés. Levante o ponte de pie o alístate, Señor y pon en su lugar a todos tus enemigos que también son nuestros enemigos.

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