Confinados, pero contentos: porque Dios suple nuestras necesidades

La Biblia dice en Filipenses 4: 19

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Introducción

La carta a los Filipenses termina con una hermosa reflexión sobre la provisión divina a la vida de los creyentes. Pablo le recuerda a sus amigos que si algo ha de distinguir a Dios en su trato con sus hijos será precisamente su ayuda y apoyo para suplir sus necesidades materiales.

Nada ocupa y preocupa tanto a todos que la forma de hacernos de los recursos para proveernos de los más necesario e importante a fin de subsistir diariamente, lo que en ocasiones nos separa de la voluntad de Dios porque muchas veces buscamos solventarlas sin considerar a Dios.

Pablo le escribe una promesa a sus amados hermanos de esa iglesia que había sido tan solidario con él que le enviaron a Roma a una persona llamada Epafrodito para que le ayudara en sus necesidades y aparte le enviaron una cantidad de dinero suficiente para poder hacer frente a la situación que enfrentaba en su prisión domiciliaria.

En esta promesa divina, Pablo expresa verdades profundas sobre la provisión divina, la forma en que Dios siempre atiende las necesidades materiales de sus hijos y la manera en la que las carencias de cada uno de sus seguidores será atendida de manera siempre atenta por parte de Dios.

A diferencia de otros apóstoles, Pablo trabajaba fabricando tiendas. Las tiendas eran enseres muy necesarios para los largos viajes que se hacían cruzando zonas desérticas para los viajeros que en aquellas épocas se adentraban no solo a desiertos, sino a toda clase de terrenos inhóspitos y requerían esa especie de casas armables y desarmables.

Por supuesto que no siempre lograba suplir todas sus necesidades, pero tenía para ayudarse a sí mismo y para ayudar a otros. Sin embargo, él como muchos otros requería de la provisión divina y en este último estudio de nuestra serie: Confinados, pero contentos, nos acerca a un tema muy importante para todos los creyentes.

Confinados, pero contentos: porque Dios suple nuestras necesidades

A. Todas nuestras carencias
B. Conforme a sus riquezas en gloria

Es una verdad inapelable que Dios suple nuestras necesidades. Lo podemos ver a lo largo de la Escritura. Suplió las necesidades de Abraham, de Elías, de David y así en un número siempre creciente de hombres y mujeres a quienes nunca abandonó y siempre ayudó a veces de manera sobrenatural para tener con que subsistir.

Dios es un Dios de provisión. Un Dios que jamás se va a desentender de las principales necesidades de sus criaturas y que siempre buscará la manera de ayudar a sus hijos dándoles el sustento diario como lo hizo con Israel dándoles maná durante su viaje por el desierto.

Dios suple nuestras necesidades es la verdad que Pablo proclama con toda seguridad y certeza y quiere que los creyentes la adopten en su diario vivir a fin de no vivir ni afanados, ni angustiados por lo que habrá de ser su vida ante la necesidad de insumos básicos que necesitamos todos.

La palabra suple es interesante. Procede de la raíz griega “pleroó” que ya hemos estudiado en otra ocasión en la forma de pleroma, que quiere decir completamente lleno o algo que esta a toda su capacidad y no tiene más espacio. En el caso de “pleroó” la idea es de algo que va a ser llenado.

Cuando Dios dice que suplirá nuestras necesidades lo que quiere decir es que completará lo que nos haga falta. Dios está comprometido a llenar los vacíos materiales de nuestra vida. En cuanto algo se vacíe, hablando en términos de necesidad material, él se compromete a venir en nuestro auxilio.

Lo importante es saber qué es lo que compromete el Señor. Mucha gente equivocadamente piensa que este verso es una promesa para sacarle a Dios todo lo que se nos antoje o todo lo que se nos ocurra. La verdad es que debemos prestar mucha atención para saber que sí y que no está el Señor comprometiendo a hacer.

A. Todas nuestras carencias

Dios está comprometido con todo lo que nos haga falta. La frase “lo que os falta” procede de la raíz griega “chreia” que se traduce como lo necesario o lo que se necesite. Esta palabra es la misma que se utiliza en Hechos 28: 10.

Los habitantes de Malta, la isla donde Pablo estuvo tres meses, despidieron a Pablo de su comunidad y cuando subió al barco dice Lucas que “nos cargaron de las cosas necesarias”, es decir les pusieron las cosas que eran indispensable para un viaje como el que iban a hacer a Roma.

La palabra “chreia” tiene el sentido de lo que se necesita o lo indispensable para vivir. Dios está comprometido con nosotros para darnos el mínimo indispensable para subsistir. Nadie que sirva Dios o viva para él dejará de tener su subsistencia asegurada. La frase del salmo veintitrés que dice: Jehová es mi pastor y nada me faltará cobra vital vigencia.

Dios siempre verá la forma que lo que necesitamos en el día y día llegue a nuestras vidas. Así lo hizo muchas veces con sus siervos en el Antiguo Testamento y así está comprometido a hacerlo con todos aquellos que le sirven y colaboran con sus recursos materiales en su obra.

Debemos ser claros en este punto. Esta promesa no se repite en otros pasajes del Nuevo Testamento o particularmente en alguna otra carta escrita por el apóstol Pablo. Solo aparece en esta carta porque los integrantes de la iglesia a los Filipenses era personas dadivosas y generosas con sus bienes.

De esta manera podemos decir con toda seguridad que una persona que pone sus recursos materiales al servicio de la obra de Dios tiene garantizada la provisión de Dios porque Dios sabe que la bendición material que venga a su vida la utilizará para bendecir a otros y extender su obra en la tierra.

B. Conforme a sus riquezas en gloria

La palabra “riquezas” que usa Pablo en este verso procede de la raíz griega “ploutos” que significa esencialmente abundancia o excesiva posesión material. Se usa como riqueza o abundancia de manera indistinta en el Nuevo Testamento para señalar a las personas con muchos recursos económicos.

Pablo dice que Dios suplirá nuestras necesidades porque es inmensamente rico. Solo que sus riquezas de las que habla en este texto son “de gloria”. La palabra gloria procede del griego “doxa” que ya hemos estudiado en otros pasajes y quiere decir opinión o manifestación de una fuerza muy grande y pesada.

Para comprender bien lo que significa la expresión riquezas en gloria uno debe entender a quien le escribió Pablo eso. Como ya lo hemos dicho se lo escribió a gente generosa. Los generosos siempre van a ser enriquecidos. Esa es una verdad incuestionable.

Pero también es necesario recordar que a quienes escribe ya son ricos. Entonces la clase de riqueza a la que se está refiriendo Pablo no es precisamente la material, sino aquella celestial, de la que habló Cristo cuando dijo: Háganse tesoros en el cielo donde ni la polilla ni el orín corrompe y donde los ladrones no minan ni hurtan.

La generosidad incrementa nuestra cuenta en el cielo y entonces, el sustento diario, comida, vestido y sustento vienen por añadidura

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