Una vida sin fruto

La Biblia dice en Mateo 20: 19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo:  Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.

Uno de los ejemplos que más utilizó Jesús para identificar un verdadero creyente de uno falso fue el de un árbol que da frutos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado, solía repetir. Por sus frutos los conoceréis, indicó cuando señaló la manera de saber si un discípulo en verdad lo seguía o era solo pose.

Pero quizá el ejemplo más contundente de lo que ha de acontecer a quienes no dan fruto como se espera de ellos es la de la higuera que visitó Jesús y luego de buscarle algún fruto y no hallarlo le dijo que nunca jamás nazca de ti fruto y ese árbol se secó en una clara muestra de que la vida de un creyente debe fructificar.

En Israel había muy poca tierra cultivable. Cuando se plantaba un árbol frutal se hacía con la esperanza de que produjera alimentos, pero cuando no lo hacía era una tragedia porque tenía que  ser removido para dar lugar a otro del que sí se obtuvieran los resultados esperados.

La enseñanza de este relato es muy aleccionadora: Jesús espera de sus seguidores resultados. Amar a Dios debe traducirse en amar a nuestro prójimo. Conocer a Dios debe traducirse en una vida llena de la paz de Dios y calma. No se puede decir que se conoce a Dios y vivir completamente alejado de sus principios y enseñanzas.

Fue durísima la determinación que Jesús tomó con la higuera, pero fue la manera que escogió para enseñarnos que la vida espiritual debe traducirse en hechos de bondad y compasión. Que una vida incapaz de dar y darse a sí misma para otros es una vida que desconoce la verdadera razón de vivir.

Cristo espera que que sus seguidores sean capaces de reproducir en sus vidas la bendita doctrina de su Salvador de tal forma que la gente pueda ver que entre ellos habitan quien dio su vida en rescate por muchos y que en cada acción y en cada conducta las personas puedan ver que son resultado de esa salvación.

Una vida que no reproduce nada es una vida condenada a secarse como se secó la higuera donde Cristo no halló fruto.  

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