La palabra de su gracia

La Biblia dice en Hechos 20: 32

Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.

Lucas recoge uno de los más emotivos discursos de Pablo dirigido a los ancianos de la iglesia de Éfeso que fueron convocados por el apóstol en la ciudad de Mileto y en los que traza la labor que hizo con ellos, pero sobre todo lanza una seria advertencia del peligro que se cernía sobre la iglesia por los lobos rapaces y hombres que hablarían cosas perversas.

Pablo no era ningún ingenuo y sabía perfectamente que las herejías no surgen de fuera de las comunidades cristianas, sino de su interior y por eso fue claro con el liderazgo de la iglesia de Éfeso al resaltar la necesidad de permanecer fieles al Señor y recordar que las desviaciones espirituales generalmente tienen como motivación intereses económicos.

Por eso, Pablo los encomienda a Dios y a la palabra de su gracia. Solo Dios puede luchar por su pueblo. La expresión encomiendo tiene el sentido de pedir que Dios los cuide. Solo el cuidado de Dios puede librar a la iglesia de perder su misión y visión sobre la tierra y también para sostenerse en medio de las presiones de alejarse de los dictados del Señor.

Pero el apóstol también los encomienda o los deja bajo el cuidado de la palabra de su gracia, una manera de referirse al mensaje que Pablo predicó: el Creador salva a todos por amor y únicamente pro amor. El hombre es incapaz de salvarse por sí mismo y nada puede hacer o dar por esa redención.

Ese mensaje es que plantará firmemente a la iglesia. Será capaz de evitar desviaciones y sobre todo dará la fuerza suficiente para luchar contra los lobos rapaces que solo buscarán dañar a la iglesia y a los hombres que se levantarán para hablar cosas perversas y desviar a los hermanos.

La palabra de gracia es el mensaje del amor incondicional de Dios nacido del puro afecto de su voluntad cuya única demanda es una fe sencilla y genuina en Cristo. Nada más, pero también nada menos. Ese mensaje será capaz de mantenernos firmes y darnos herencia con todos los santificados.

Es nuestro salvoconducto para evitar dejar el camino de la verdad y enfrentar a su vez a todos aquellos que por intereses inconfesables trastocan la integridad del evangelio de Cristo Jesús.

Que Dios y la palabra de su gracia nos cuide siempre a fin de mantenernos firmes para alcanzar la herencia que Dios ha prometido para quienes le siguen.

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