La fe que se prueba

Dice la Biblia en Números 14: 10 Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel.

La fe no es de todos. La fe a veces es muy molesta para muchos. Pero lo más terrible ocurre cuando por la fe la vida de un creyente corre peligro. ¿No debería ser de otra manera? La fe enfrenta siempre grandes adversarios que quieren destruirla a como de lugar porque con ella se agrada a Dios.

Todo lo anterior se desprende del relato de los doce espías que fueron a recorrer la tierra cuando los judíos estaban en el desierto de Parán. Algo que en realidad era innecesario porque Dios les habían prometido que les daría una tierra que fluye leche y miel que él mismo se encargaría de ayudarles a derrotar a todos los pueblos allí asentados.

Sin embargo fueron enviados doce, uno por cada tribu. Y en efecto la tierra era buena en gran manera. Tan así que un sarmiento de uvas tuvo que ser cargado entre dos hombres. Pero habían una gran dificultad. Estaba poblada por gigantes y eso aterrorizó a diez de la docena enviada.

Al regreso rindieron su informe y solo Josué y Caleb fueron enfáticos en el sentido de que esa tierra sería de los judíos, pero los otros diez se opusieron rotundamente y dijeron que si fueran a esa tierra lo único que lograrían sería su muerte porque los gigantes los aplastarían.

La discusión subió de tono cuando toda la congregación de Israel en el desierto se plegó a los diez y decidieron apedrear a Josué y Caleb en un acto que irritó sobremanera a Dios porque estaban rechazando la tierra que él le había prometido y estaban atacando a dos hombres de fe.

Fue tal el revuelo y el peligro para estos dos hombres que Dios tuvo que manifestarse en el tabernáculo de reunión mostrando su gloria. De no haber sido por su intervención con toda seguridad la turba hubiera linchado a Caleb y Josué solo por atreverse a creer en Dios y no dejarse intimidar por la “realidad”.

La fe jamás avergonzará a nadie. Por momentos parecerá que quienes confían en Dios son tontos o esperan cosas imposibles, pero Dios siempre respaldara a estos locos porque la fe está puesta en él y los que miran a él su rostro es iluminado y nunca serán avergonzados.

La historia de los doce espías tiene un epílogo que retrata perfectamente el resultado de una vida de fe. Caleb y Josué están enterrados en la tierra de Israel, mientras que los diez restantes quedaron sepultados en el desierto de Parán, lejos, muy lejos, de la tierra que Dios prometió a su pueblo.

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