Lo que respira alabe al Señor

La Biblia dice en Salmos 150: 6 “Todo lo que respira alabe al Señor. Aleluya.”

El salterio judío termina con un jubiloso llamado a todos los seres vivos para alabar al Señor. La convocatoria evidentemente tiene como destinatario principal a los seres humanos a quienes el Señor les dio la facultad de respirar, un bien que solo se logra valorar cuando se tiene dificultad de alojar y expulsar aire de los pulmones.

Sin embargo existen algunos comentaristas que apuntan que la expresión “todo” involucra a todas las creaturas que para existir requieren el proceso de respiración en una interpretación que aunque pareciera un poco extrema bien puede ajustarse porque la creación misma rinde gloria a su Creador.

Como sea, los primeros llamados a alabar a Dios somos nosotros. Diseñados con un ingenioso mecanismo todos podemos cantar algunos mejor que otros, pero eso es secundario cuando se trata de bendecir el nombre de Dios quien más que escuchar la voz, mira el corazón.

También podemos aplaudir, saltar de alegría y celebrar gozosos al Eterno porque la expresión “lo que respira” apunta a ese don más valioso de la existencia que es la vida misma. Vivir solo cobra sentido cuando la creatura se conecta con su Creador sin ello, la vida transcurre sin sentido ni orientación.

El último verso del último salmo quiere subrayar el mandamiento que todos tenemos de alabar al Señor como una especie de conclusión final luego de leer, rezar, meditar y reflexionar los ciento cincuenta capítulos que contiene el salterio judío que nos eleva sobre nosotros mismos para encontrarnos con quien no otorgó la capacidad de respirar.

Como nunca en la historia de la humanidad la capacidad de respirar es tan amenazada y por eso al meditar en este verso solo podemos elevar nuestras manos y agradecer a Dios que tenemos ese gran privilegio para alabar a nuestro Creador que siempre atiende nuestras súplicas.

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