Nacer de nuevo

La Biblia dice en Juan 3: 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; más ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

El encuentro entre Jesús y Nicodemo, un respetado integrante del Sanedrín judío reconocido por todos como un gran maestro versó sobre el nuevo nacimiento, un tema  importante para Jesús  y que ese hombre encargado de velar por la doctrina mosaica debía entender.

Pudieron hablar sobre muchos temas, pero Jesús lo llevó a ese importante asunto. Nacer de nuevo es la piedra de toque de la relación con Cristo. Quien cree en el Hijo de Dios muere al pecado y nace a la vida. Ese nueve nacimiento es que convierte a cada creyente en un hijo de Dios. Esa experiencia lo marca no solo durante esta vida sino para toda la eternidad.

Para Nicodemo esta verdad era una revolución porque los judíos se consideraban hijos de Abraham, independientemente de si su conducta se ajustaba a la fe de ese hombre. Ellos reclamaban a cualquiera y aún a Dios mismo ese derecho o prerrogativa. Eso los hacía distintos a todos los demás y los menospreciaban por esa razón.

Jesús le estaba diciendo a Nicodemo que con su presencia en la tierra ese “monopolio” que los judíos se terminaba y comenzaba el del Espíritu Santo que haría nacer de nuevo a todos aquellos que oyeran su mensaje y lo creyeran con todo su corazón y la evidencia del nuevo nacimiento sería parecida a la que produce el viento.

Al viento no se le ve. Solo se pueden ver sus efectos. El nuevo nacimiento es idéntico. Cómo saber si alguien ha nacido de nuevo, muy sencillo: por la clase de efectos en su vida. Su vida no es más como antes, al contrario hay un cambio y una variación absoluta en su conducta. Rechaza el pecado y ama la justicia.

El encuentro entre Jesús y Nicodemo nos regaló uno de los discursos más importantes de Cristo en el evangelio de Juan. Nicodemo quedó tocado para siempre luego de esa reunión. Siguió en el Sanedrín, pero defendió a Jesús y cuando murió puso de su dinero para comprar las costosas especias aromáticas para preparar el cuerpo del Señor antes de ser sepultado.

Junto con José de Arimatea, Nicodemo se aprestó a enterrar al Señor que le había dicho que era necesario nacer de nuevo para ver el reino de los cielos.

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