Mira arriba

La Biblia dice en Números 21: 9 Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.

El pueblo de Israel se rebeló contra Dios diez veces en el desierto. Dios las tenía perfectamente contabilizadas porque la conducta de Israel era reiterada: quejarse por todo. Por el agua, los alimentos, sus necesidades y su falta de insumos a los que estaban acostumbrados en Egipto.

Dios sancionó muchas veces esa actitud porque quejarse es una forma de murmuración contra Dios y en consecuencia es una manera de manifestar nuestra incredulidad o falta de confianza hacia nuestro Creador que tiene todo el poder para transformar cualquier circunstancia desfavorable en bien para para nuestra vida.

En una de esas diez ocasiones, Dios castigó a Israel enviando miles de venosas serpientes que los mordían y los mataban. La mortandad fue elevadísima porque no había medicinas para sanarlos. Clamaron a Moisés y Moisés oró por ellos y entonces Dios le indicó que hiciera una serpiente de bronce para colocarla en una asta elevada.

Luego le pidió a todos los que fueran mordidos por las serpientes que miraran esa serpiente de bronce. Es interesante notar que esos reptiles no fueran retirados, sino que siguieran picando. ¿Para Dios era fácil desaparecerlas? Claro. Pero no las quitó, sino que las dejó, pero con un remedio: que quienes fueran picados con su veneno alzaran sus ojos.

Era y es una formidable lección para su pueblo. Ellos y nosotros tenemos que aprender que quejarnos de lo que hace el Señor es una afrenta a su nombre. Él siempre es más sabio que nosotros. Él sabe lo que hace. Jamás se equivoca, ni consulta con nadie lo que ha de obrar en el universo.

Las serpientes venenosas en el desierto nos muestran que Dios disciplina severamente la murmuración, pero también que el arrepentimiento hace que su castigo aminore, sin embargo siempre buscará hacernos comprender que ciertas conductas necesitan ser tratadas para aprender a desecharlas de nuestras vidas.

Cuando los judíos se dieron cuenta que la única manera de enfrentar a las víboras que los consumían era levantando sus ojos supieron que Dios los estaba corrigiendo porque vivían solo con mirar la serpiente de bronce. Se dieron cuenta que Dios nos salva, a pesar de nuestro pecado, usando nuestra confianza en él.

Solo morían quienes no querían mirar hacia arriba. La muerte se reservó solo para quienes fueron incapaces de creer en Dios.

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