Hebreos 11: La clase de fe que se prueba y se aprueba

La Biblia dice en Hebreos 11: 1-2

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. 

Introducción

El capítulo once de la carta a los Hebreos comienza el tema de la fe haciendo dos cosas valiosísimas: definiendo la fe y explicando lo que produce la fe. En términos sencillos podemos afirmar que este importante capítulo de la Escritura comienza diciéndonos qué es la fe y qué hace la fe.

Para todos es necesarios saber el concepto de la fe. Es un tema central en toda la Biblia. El autor de esta epístola nos conduce por una definición sencilla. Nos ayuda a comprender que quiere decir ese término que utilizan no solo los creyentes, sino aún el mundo entero, aún cuando no lleguen a comprender su real significado.

Pero también el escritor de la carta nos muestra que se logra o que se alcanza cuando se tiene una fe genuina. Para él es importante conocer el fin o el resultado final de quienes han abrazado la fe en Dios. Siempre habrá una diferenciación entre quienes tuvieron fe y quienes no la tuvieron.

Es importante considerar que los judíos siempre se ufanaron e incluso se enorgullecieron de ser descendientes de Abraham, el llamado padre de la fe. Así se conoció a Abraham y así se le conoce en la actualidad entre los judíos, como el progenitor de la nación hebrea con una fuerte, indudable y hasta referente fe.

La fe era para ellos un término o una expresión común. Para los piadosos o practicantes de la religión hebrea era impensable que alguien invocará a Dios sin creer en él. Sin embargo el autor del capítulo once de la carta a los Hebreos parece empañado en recordarles la necesidad de saber o conocer un concepto que de tanto mencionarse dejó de tener valor.

Para los gentiles o no judíos, la fe es un concepto novedoso. Es una enseñanza que Jesús trató una y otra vez con sus discípulos y paradójicamente encontró más fe en los gentiles que en los propios judíos como lo atestiguan los casos de la mujer sirofenicia y el centurión romano que tenía un siervo enfermo.

Comenzaremos hoy a estudiar el tema de la fe y lo haremos como lo hacen quienes estudian materias o temas de relevancia para su vida. Lo haremos definiendo en primer lugar que es la fe y lo que hace en la vida de quienes la cultivan y la practican cotidianamente en cada situación que enfrentan.

S E R I E

Una fe probada y aprobada

I. La clase de fe que se prueba y se aprueba

A. Se prueba la certeza y la convicción
B. Se aprueba para dar buen testimonio

En la vida hay solo dos clases de personas: las que tienen fe y las que no tiene fe. A su vez las que tienen fe se dividen en dos clases: hombres de poca fe o personas con una fe que impresiona por su seguridad y confianza en Dios que alcanzan promesas y bendiciones que con poca fe parecen imposibles.

Las personas que no tienen fe simplemente son personas incrédulas que difícilmente podrán acercarse a Dios. Sencillamente no creen y esa condición les imposibilita y mutila la capacidad de acercarse al Creador, aún cuando su vida necesite y requiera con urgencia una manifestación poderosa de Dios.

La fe se prueba y se aprueba o se reprueba. El capítulo once de la carta a los Hebreos nos habla de hombres y mujeres que fueron probados en su fe y resultaron aprobados, no sin tropiezos y luchas, pero finalmente se sobrepusieron a sus dificultades y en medio de toda clase de problemas confiaron en Dios.

¿Cómo lograron sortear esas dificultades? ¿Cómo lograron aprobar? ¿Qué fue lo que hicieron? ¿Cómo lograron despojarse de su incredulidad para dar paso a una fe incuestionable en Dios? ¿Cómo pueden inspirarnos para seguir sus pasos, si parece que son gigantes espirituales inalcanzables?

Esa es justamente la razón por la que Hebreos once se escribió para hacernos ver que todos ellos eran hombres y mujeres ordinarios que se elevaron o se levantaron por encima de ellos mismos o de sus circunstancias para depositar su fe en el Creador y tuvieron una respuesta favorable.

Nos encontramos ante personas que supieron aferrarse a sus convicciones, que supieron que esperaban en un Dios que promete lo que cumple y sobre todo en un Dios que jamás abandona a quienes se entregan con todo su ser a lo que Él ha dicho y ha hecho, aun cuando no se vea en su vida esa realidad.

Dios probó la fe de ellos y la aprobó. Veremos a lo largo de todas estas semanas cómo lo hizo y la razón por lo que lo hizo y encontraremos grandes lecciones para nuestras vidas que luchan por mantenerse firmes en medio de tantas cosas que nos gritan que la realidad es más grande que Dios.

I. La clase de fe que se prueba y se aprueba

La palabra fe procede de la raíz griega “pistis” y en el Nuevo Testamento se traduce como “confianza”, “creencia”, “fidelidad”. Etimológicamente se traduce como “alguien que se está persuadido y en consecuencia confía en algo o alguien.” Cuando se aplica a Dios quiere decir alguien que esta persuadido por Dios y por ello confía en lo que dice o hace el Señor.

La palabra “pistos” aparece unas doscientas cuarenta y tres veces en todo el Nuevo Testamento lo que nos habla de su importancia y valor que tiene para la vida espiritual, sobre todo porque Jesús habló de ella una y otra vez. Su discipulado tuvo como base justamente que sus seguidores comprendieran el sentido de la fe y la abrazaran.

Podemos decir, de acuerdo al Nuevo Testamento o los evangelios que Jesús habló de tres niveles o categorías de fe: 1. La incredulidad o falta de fe. La ausencia total de confianza en Dios como le ocurrió a los habitantes de Nazaret, según leemos en Marcos 6: 16. En Nazaret no hubo muchos milagros por la incredulidad de la gente.

En un segundo nivel encontramos la fe en condiciones muy precarias o escaza como nos relata Mateo 6: 30 donde llama a sus discípulos hombres de poca fe. En este caso si hay fe, aunque es poca, la hay. Se requiere más para alcanzar las promesas que Dios ha hecho para la vida de todos los creyentes.

Luego en un tercer sitio o pedestal encontramos una fe sobrada o grande como la de la mujer siro fenicia que maravilló a Jesús en Marcos 7: 24-30 o la fe del centurión romano que maravilló también a Cristo, de acuerdo al relato de Lucas 7: 1-10.

A. Se prueba la certeza y la convicción

El verso uno del capítulo once de Hebreos dice de la siguiente forma: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 

La definición de fe que nos ofrece aquí la Escritura es sumamente relevante. La fe es, en primer lugar, la certeza de lo que se espera. Esta frase merece una explicación o estudio para saber que es lo que decimos cuando proclamamos a los cuatro vientos que nosotros tenemos fe.

La fe espera con certeza. La fe es una esperanza con toda seguridad. La fe nos impone aprender a esperar completamente persuadidos de que eso que esperamos sucederá tarde o temprano. Para mejor comprender este texto es importante saber que significa la palabra certeza.

La palabra, certeza procede de la palabra griega “hupostasis” que tiene su raíz en una expresión jurídica relacionada con la seguridad legal que nace promover una acción jurídica ante una autoridad amparada en el derecho. Es una especie de contrato de compraventa que garantiza al comprador su inversión.

La fe en ese sentido es una seguridad plena de que no será defraudado en lo que espera. A la fe se le asocia con la palabra esperar. La palabra “elpizó” que utiliza Hebreos 11:1 para la expresión “lo que se espera” está íntimamente asociada con la palabra “esperanza”. La fe definida así significa la seguridad de algo en lo que tenemos esperanza.

Pero la esperanza no en el sentido de cruzarnos de brazos para esperar, sino en aquella actitud activa que nos hace hacer o laborar con la seguridad de que lo que estamos haciendo tendrá su respuesta o su premio o galardón. La fe es la seguridad de que alcanzaremos cosas que en el presente no tenemos.

La segunda definición de fe que encontramos en el verso uno de este capítulo es la siguiente: “la convicción de lo que no se ve.

La fe desafía lo que no vemos. La fe va más allá de lo que vemos. La fe es una convicción. La palabra procede del griego “elegchos” que se utiliza solo dos veces en todo el Nuevo Testamento. La utiliza en 2ª Timoteo 3: 16 como redargüir. La idea de la expresión es de algo que convence o persuade.

La fe revelada en Hebreos once es aquella que esta convencida de lo que no se ve. La fe cree cosas que no se miran. Y las cree con tal fuerza que no tienen ninguna duda que esas cosas sucederán o que se materializarán en algún momento, pero en tanto eso ocurre la fe se vive como si estuvieran presentes.

B. Se aprueba para dar buen testimonio

El autor de los Hebreos nos dice con toda claridad que la fe que se prueba y aprueba produce buen testimonio. El verso dos del capítulo once dice de la siguiente forma: “Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.”

La Nueva traducción viviente de la Biblia traduce este verso de la siguiente forma: “Por su fe, la gente de antaño gozó de una buena reputación.” En tanto que la versión Dios Habla Hoy o hace así: “Nuestros antepasados fueron aprobados porque tuvieron fe.”

Desde esta perspectiva la fe expresa a creyentes aprobados o personas que confiaron en Dios de tal manera que gozaron de buena fama o reputación delante del Señor porque supieron confiar en Dios en los momentos en los que la duda y la incertidumbre se apoderaba de ellos.

La fe es el mejor testimonio que podemos dar de Dios. Es nuestra carta de presentación como creyentes. Independientemente de nuestro posición social o material, la fe es la que en realidad sirve para presentarnos ante el Creador. A Dios lo único que lo puede impresionar es nuestra fe.

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