Eclesiastés: El hombre vive en una búsqueda perpetua de cosas nuevas

La Biblia dice en Eclesiastés 1: 8-11

8 Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.  9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.  10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. 11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

Introducción

En su poema los amorosos, el poeta mexicano Jaime Sabines escribió sobre una de las grandes tragedias humanas:

Los amorosos buscan, 
los amorosos son los que abandonan, 
son los que cambian, los que olvidan. 

Su corazón les dice que nunca han de encontrar, 
no encuentran, buscan.

Estas palabras nos sirve como preámbulo para el estudio que hoy tendremos. Los seres humanos están a la búsqueda siempre de algo nuevo, algo que los sacie, que los llenes, que les de satisfacción, pero fatalmente descubren que una vez alcanzado parece que el vacío sigue allí.

El cantante dominicano Juan Luis Guerra también comparte esta experiencia al relatar su historia. Egresado de la Escuela de Música de Berklee, la institución musical de mayor prestigio en EEUU, ha contado que una de sus grandes aspiraciones fue ganar el Grammy, lo que ocurrió en 1990.

Sin embargo pronto descubrió que a pesar de obtenido el máximo galardón al que un músico puede aspirar, su vida experimentó una gran insatisfacción como si el trofeo que recibió no hubiera valido la pena, lo que lo llevó a considerar seriamente lo sucedía en su vida.

El texto que hoy meditaremos nos lleva justamente a esta compleja experiencia: alcanzar la cima y aún así sentirse vacío.

Salomón se dedicó a observar la experiencia humana sobre la tierra. Miró con detenimiento y descubrió que los seres humanos somos muy propensos a buscar cosas nuevas, experiencias nuevas, vivencias diferentes y hasta formas de vida distintas porque vive en continúo y permanente hastío.

La humanidad vive frenéticamente. Vive en una perpetua misión de descubrir novedades y cuando supuestamente las encuentra rápidamente se cansa de ellas y enseguida vuelve a su búsqueda. El Predicador reflexionó sobre esta verdad y en los versos que hemos leído nos comparte su experiencia.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

II. El hombre vive en una búsqueda perpetua de cosas nuevas

A. Porque todo hastía
1. Más de lo que se puede expresar
2. Los ojos y los oídos no se sacian

B. Pero no hay nada nuevo
1. El ser y quehacer es el mismo
2. Todo tiene un antecedente
3. Solo hay una falta de memoria

Según Salomón los seres humanos se hastían pronto de las cosas nuevas. El autor del Eclesiastés no está equivocado. La emoción de estrenar algo es muy fugaz. Algunos casos es de unos cuantos segundos y minutos y otras de días o semanas, pero no más. Pronto el hombre mira con fenece la emoción con la que compró un carro, una casa, ropa o enseres.

Y cuando esta emoción termina comienza de nueva cuenta la búsqueda de algo nuevo o distinto. En un círculo igual de parecido a lo que se ve con el sol, los ríos y la mar: interminable e inacabable. Es una observación sumamente puntual para apuntalar una verdad.

La humanidad necesita algo nuevo. Esta verdad me recuerda lo que ocurría en Atenas, Grecia en tiempos del apóstol Pablo: todos los residentes en esa ciudad, cuna de los grandes filósofos griegos, tanto atenienses como extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo. Hechos 17: 21.

Los atenienses representan a toda la humanidad necesitada siempre de ideas, pensamientos y cosas nuevas. Lo vetusto no parece atractivo, lo antiguo no atrae. Se necesita algo que jamás se haya conocido o que jamás se haya hablado. En síntesis se requiere algo novedoso.

A. Porque todo es fatigoso

Salomón declara categórico que todas las cosas son fatigosas. Es interesante notar que dice “todas las cosas” no excluye a ninguna. Todo lo que hace el hombre es fatigoso. La palabra “fatigoso” se puede traducir también como “tedioso”, “hastío” y asimismo como “aburrido”, como lo hacen algunas versiones.

El rey sabio de Israel descubrió que la humanidad vive en constante hastío, sobrevive en el tedio de las cosas y a veces definitivamente en completo aburrimiento. Se cansa rápido de las cosas nuevas y necesita con urgencia algo que lo saque de esa condición porque si no sufrirá intensamente.

Vivir se convierte, así, en una experiencia sumamente desoladora cuando se descubre que el hastío siempre estará en la vida. Todo lo que se hace sobre la tierra es agotador porque se lleva a cabo y nada parece cambiar. Todo es igual y eso hace que la experiencia humana debajo del sol nos lleve al aburrimiento.

Salomón está señalando o apuntando a la raíz de uno de los males de los hombres vivir hastiados de lo que se hace, sobrellevar la existencia humana con tedio porque todo lo que se hace es agotador, desesperante.

1. Más de lo que se puede expresar

Salomón dice que es de tal tamaño el hastío y el tedio que es imposible para el hombre expresarlo con palabras. Es difícil explicar la profundidad de la sensación de insatisfacción que el hombre puede alcanzar cuando descubre que por todo aquello que batalló o luchó en realidad no tiene sentido.

De autor desconocido, les comparto un pensamiento sobre este tema:

A punto de morir, Alejandro Magno, hizo tres peticiones a sus ministros:
1. Que su ataúd fuera cargado por los mejores médicos de la época
2. Que los tesoros que poseía fueran esparcidos por el camino hasta su tumba.
3. Que sus manos quedaran fuera del ataúd y a vista de todos.

Los ministros, sorprendidos, preguntaron: “¿Cuáles son los motivos?”
Él respondió:

1. Quiero que los mejores médicos carguen mi ataúd para mostrar que no tienen ningún poder sobre la muerte.
2. Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales que aquí se conquistan, aquí se quedan.
3. Quiero que mis manos queden fuera del ataúd para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías y nos vamos con las manos vacías.

2. Los ojos y los oídos no se sacian

Nada llena los ojos y los oídos. Siempre están a la espera de algo nuevo. Se cansan de ver lo mismo y buscan permanentemente encontrar algo novedoso. Evidentemente es una expresión relacionada con los sentidos. La humanidad desde siempre es sensual, en el sentido de que vive para recrear sus placeres.

Solo que nada logra darle el placer suficiente. Cada día o cada momento necesita un nuevo placer o una nueva forma de darle sentido a su existencia.

B. Pero no hay nada nuevo

El gran problema es que en el mundo no hay nada nuevo. Esa es la declaración categórica de Salomón en el verso 1: 9 “y no hay nada nuevo debajo del sol”. No es que Salomón desestime todos los descubrimientos, sino que hay sucesos o hechos que en realidad no son nuevos, siempre han estado allí.

Un ejemplo claro que podemos deducir es el llamado descubrimiento de América. Los cinco continentes siempre habían existido. América, Europa, Asia, África y Oceanía. Se conocían solo tres cuando se descubrió América. Ya existía solo que se dio a conocer. Ese es el sentido de la expresión no hay nada nuevo.

Para Salomón alguien olvidó decirle a todos que existía América. La desmemoria es uno de los defectos de la humanidad.

1. El ser y quehacer es el mismo

En el verso nueve Salomón lanza dos interrogantes:

¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. 

Lo que es el hombre y lo que hace siempre es lo mismo. El miedo, la alegría, la tristeza y las preocupaciones son idénticas en todos los seres humanos. Ejemplos de esta aseveración hay muchos. Solo quiero dejar uno aquí:

Una ministra francesa fue captada en estos días cuando descubre que el carro que la llevó a un evento con el presidente francés, Emmanuel Macron sin su cubre boca. Las cámaras de televisión y los teléfonos portátiles mostraron ante el mundo entero su desesperación. Una asistente que estaba allí le entregó un cubre bocas y entonces se calmó.

Los hombres somos iguales frente a los miedos, frente a las tristezas y frente a las desgracias. Nada nuevo hay en el ser y quehacer del hombre.

2. Todo tiene un antecedente o precedente

Me gusta mucho el libro de “El nombre de la rosa” de Umberto Eco porque en una de sus páginas describe cómo fue descubierta la cuchara y como fueron diseñados los anteojos que permiten mejorar la visión para leer documentos.

Guillermo introdujo las manos en la bolsa que había en su sayo a la altura del pecho, y extrajo un objeto que ya durante el viaje le había visto coger y ponerse en el rostro. Era un horquilla, construida de tal modo que pudiera montarse en la nariz de un hombre (sobre todo en la suya, tan prominente y aguileña) como el jinete en el lomo de su caballo o como el pájaro en su repisa.

Y, por ambos lados, la horquilla continuaba en dos anillas ovaladas de metal que, situadas delante de cada ojo, llevaban engastadas dos almendras de vidrio, gruesas como fondos de vaso.

Todo lo que hay o habrá en el mundo tiene un antecedente, dice Salomón cuando afirma: 10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. 

3. Solo hay una falta de memoria

El rey sabio de Israel dice que lo que le sucede al mundo es que no tiene memoria para preservar todos los acontecimientos. Es un mal que le sucedió a nuestros antecesores, pero es un mal que también nosotros cometeremos con quienes nos sucederán en el paso por esta tierra.

La humanidad no registra todo lo que acontece. El hombre mismo no recoge todo lo que vive y así hace creer que hay cosas nuevas en su vida, pero en realidad todo lo que se dice nuevo ya fue en siglos pasados.

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