Alentar en medio del peligro

La Biblia dice en 2ª Timoteo 1: 16 Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó y no se avergonzó de mis cadenas.

En el primer capítulo de esta carta el apóstol Pablo utiliza tres veces la palabra vergüenza. La usa para pedirle a Timoteo que no se avergüence por el hecho de verlo preso en Roma. También confiesa que ante sus sufrimientos no se avergüenza y finalmente recurre a esa palabra para reconocer que Onesíforo no se avergonzó de sus cadenas.

Es la única que vez que en todo el Nuevo Testamento se menciona a este personaje. Onesíforo fue de los pocos que se mantuvo hasta el final con el apóstol Pablo, quien en esa misma epístola declara que todos lo han desamparado y solo Cristo lo ha acompañado en los momentos que ha tenido que testificar ante los jueces romanos que lo juzgan.

Pablo reconoció que este hombre lo confortó muchas veces. Es bien interesante la palabra “confortar” que emplea el apóstol en este texto. Procede de la raíz “anapsuchó”. Es la única vez que se utiliza en todo el Nuevo Testamento y se utilizaba en esos días para referirse a alguien que soplaba algo muy caliente para enfriarlo.

Por eso algunos en lugar de me reconfortó ocupan la expresión “me alentó” que tiene sentido al igual que la palabra “me refrescó”. Onesíforo ayudo a Pablo animarse cuando la crisis por su detención e inminente ejecución se agravó. Su presencia y ayuda en esos momentos fue muy importante para Pablo.

La lección de Onesíforo es importante porque todos necesitamos en ciertos momentos que alguien nos auxilie refrescando nuestra existencia con palabras de ánimo y aliento. Pablo era un gigante espiritual, pero cuando oyó a su hermano Onesíforo recargó pilas como decimos en México para seguir con su propósito. Que importante es animar.

Pero este hombre no solo animo a Pablo, también lo acompañó sin sentir vergüenza o pena de que estuviera preso. Cuando todos se apenaban porque el paladín del evangelio estaba nuevamente en cadenas, este creyente se aprestó a buscar a Pablo en Roma y no tuvo ni miedo ni se intimidó ante la situación del apóstol.

El valor de Onesíforo reside, sí en animar a Pablo, pero principalmente en que no tuvo empachó en que lo relacionaran con un preso del imperio. En cierto sentido este varón arriesgó su vida y la de su familia al ayudar a quien ya era considerado un sedicioso por eso Pablo pide que Dios tenga misericordia de su casa, una manera de llamar a su familia.

Animar a otros a pesar del peligro y hacerlo sin timidez habla de un compromiso con Cristo irrenunciable.

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