Mensaje a la iglesia de Laodicea: la arrogancia que quita compromiso

La Biblia dice en Apocalipsis 3: 14-22

14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:  15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente!  16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.  18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. 19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.  20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.  21 Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.  22 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Introducción

El último mensaje a las siete iglesias es demoledor. No hay ni un solo reconocimiento para la congregación de Laodicea, sino una terrible y triste llamada de atención a un grupo de creyentes que perdieron la orientación de lo que representa ser iglesia y confundieron la riqueza material con la espiritualidad.

La iglesia de Laodicea refulge como ejemplo de lo que se debe evitar, es una parábola moderna de lo que debe rechazar la iglesia y sobre todo de lo que debe de huir. Es una iglesia arrogante, soberbia, creída, alzada sin un mínimo de humildad y eso lo llevó a una tibieza o falta de compromiso con Cristo.

El mensaje a esta iglesia fue cuidadosamente redactado porque hay en cada palabra y frase la clara intención de hacerle ver el grave error en el que se encuentra. Cristo desea que se arrepienta y vuelva al celo para evitar su castigo. Sobresale en este mensaje el amor que Cristo le profesa a su iglesia.

La frase “yo reprendo y castigo a todos los que amo” nos lleva a considerar que la intención del Señor a dirigir estas duras palabras es llevar a sus hijos al arrepentimiento y a un cambio profundo de actitud. No se trata de regañar o reprender por reprender, sino de llevar amorosamente a una trasformación radical de sus elegidos.

Laodicea era una importante ciudad comercial con mucha riqueza en los tiempos del Nuevo Testamento, donde se iniciaba un sistema bancario, así como una importante región industrial donde la manufactura textil era relevante. Esa fortalece económica hizo florecer estudios de medicina muy importantes.

Era un lugar que contaba con aguas termales muy recurridas por la gente que las consideraba muy saludables, según narran los historiadores y arqueólogos que han estudiado esa ciudad, cuyo nombre se debe a la esposa de Antíoco II.

Mensaje a la iglesia de Laodicea: La arrogancia

que quita compromiso

I. Presentación de Cristo

Cristo se presenta a esta iglesia como el Amén, el Testigo fiel y el Principio de la creación, que nos lleva a pensar sobre tres grandes adjetivos sobre el Señor que la iglesia había olvidado y que la tenían en crisis.

A. Amén

La palabra “amén” es una palabra hebrea que significa “así sea”. Es universal su uso desde hace siglos. Cristo es el amén, el cumplimiento de las promesad de Dios. Nadie puede ejemplificar mejor el sentido de esa palabra con la que terminan todas las oraciones tanto en el Antiguo como Nuevo Testamento como lo hace Cristo.

La palabra es más que una aspiración. Es una seguridad y certeza de que lo que se pide a Dios ocurrirá o sucederá. En ese sentido, Cristo es el cumplimiento de cada una de las promesas que Dios le hizo a su pueblo y a la humanidad. Presentarlo así es recordar que Cristo es el centro de la iglesia.

B. Testigo fiel

El sistema judicial hebreo fue de los primeros en utilizar la figura del testigo. El testigo era alguien que podía dar testimonio o coadyuvar en encontrar la verdad legal en algún asunto que tuviera como objetivo encontrar a un culpable o declarar a alguien inocente. El testigo era fundamental para ambos objetivos.

Era necesario y fundamental para esta tarea encontrar a un testigo fiel o verdadero que tuviera un serio compromiso con la justicia y la verdad. Cristo es el testigo fiel de Dios. La verdad lo llevó a la muerte en la cruz con tal de dar testimonio de Dios sobre la tierra y declarar culpable a la humanidad en el calvario, pero a la vez señalar el camino al perdón.

C. El principio de la creación

En la carta a los Colosenses, el apóstol Pablo desarrolla esta idea. Cristo es superior a todo y uno de los argumentos para esta declaración es justamente el hecho de que él es el origen de todo. El sentido de la palabra “principio” no es primero en número, sino el origen de todo. Cristo es de esa forma el Creador de todo lo visible e invisible.

La intención de presentar a Cristo de esa manera era recordarle a una iglesia que pensaba que todo giraba en torno suyo que el Hijo de Dios es todo y todo es por él. 

II. Exhortación a la iglesia

Esta iglesia es la única que no tiene ningún reconocimiento. De la presentación de Cristo pasa de inmediato al llamado de atención, a señalar sus grandes equivocaciones y precisar los errores en que había caído, que en el caso de Laodicea eran graves, al punto de que no hay nada que reconocerle.

A. Eres tibio

Utilizando el ejemplo de las aguas termales, el autor del Apocalipsis le hace a ver a la iglesia un problema grave: eran tibios. No eran ni fríos, ni calientes, que sería una definición, pero la tibieza en este contexto significa falta de compromiso, apatía, comodidad y sobre todo distanciamiento con los requerimientos del discipulado de Cristo.

La tibieza es un estado en el que la iglesia en general y el creyente en particular viven o sobreviven sin tener en realidad una fe comprometida con su Salvador. El cristianismo que practican esta clase de personas es más bien para agradarse así mismos antes que agradar a Dios. El tibio rehúye a lo radical.

B. Te vomitaré de mi boca

La tibieza es un mal grave para la iglesia porque convierte a sus miembros en personas religiosas, en personas que cumplen con ciertos ritos y ceremonias y se dan por satisfechas. Esa clase de creyentes no reflejan para nada el tipo de personas que reclama la iglesia porque a la hora de la prueba abdican. Por eso serán vomitados.

Evidentemente es una figura literaria, muy fuerte por cierto, para referirse al rechazo absoluto que Cristo tendrá con ellos. La tibieza nunca será bien vista por el Señor. La rechaza, la aborrece y no puede tolerarla.

C. Soy rico y de nada tengo necesidad

Aquí la raíz del mal de la iglesia. La autosuficiencia y autocomplacencia. Era un grupo de creyentes que sus bienes materiales era su baluarte y confianza. Ellos no creían que no necesitaban nada. Estaban seguros de esos. Su riqueza material les había llevado a sentir igual de ricos en el ámbito espiritual. Su solvencia económica los convirtió en personas altivas y orgullosas que pensaban que cualquier situación que atravesaban se podía resolver con dinero.

Y si bien el dinero sirve para muchas cosas, en la vida espiritual jamás debe convertirse en el referente para hacer las cosas. Dejar de depender a Dios porque hay recursos materiales es el peor error solo superado por pensar que el dinero puede solventar cualquier necesidad espiritual.

La iglesia de Laodicea era un iglesia rica. Con bastos recursos económicos que tuvo la fatal práctica de blandir su riqueza con sinónimo de espiritualidad. La riqueza se convirtió así en un mal, no porque la riqueza sea mala, sino porque se antepuso a Dios y eso jamás debe ser en la vida de la iglesia.

La iglesia de Laodicea se veía así misma como una iglesia rica y sin necesidad, pero Cristo no la veía así. Al contrario la miraba como desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda. Fiel retrato de un méndigo de esos tiempos. La descripción encuadra perfectamente en un ser paupérrimo.

Esta es la razón por la que Cristo le llama la atención porque había un concepto equivocado sobre sí mismo. En su arrogancia se sentía que nada le hacía falta, cuando en realidad requería de la riqueza de Cristo.

III. Recomendación a la iglesia

Cristo le pide a la iglesia que haga tres cosas: A. Compre oro refinado. B. Vista vestiduras blancas y C. Unge tus ojos con colirio.

A. Compre oro refinado

Cuando Cristo habló de las riquezas fue muy duro. El ejemplo más acabado de lo anterior lo encontramos en el relato del joven rico. Después de pedirle que vendiera todas sus riquezas y las diera a los pobres, dijo que un rico difícilmente entraría en el reino de los cielos porque sería más fácil que un camello entrará por el ojo de un aguja a que eso sucediera.

Justo por eso les dijo a sus seguidores que hicieran tesoros en el cielo. La generosidad con los necesitados hace que los creyentes se vuelvan inmensamente ricos en el cielo. Ese es el sentido de comprar de Cristo oro refinado para ser rico. La iglesia era rica, pero su riqueza no circulaba entre los pobres.

La historia de Pedro y Juan con el cojo de la puerta llamada la Hermosa ejemplifica vívidamente esta recomendación. Hechos 3.

B. Vestiduras blancas

La iglesia de Laodicea era una iglesia que había perdido su santidad ante tanta soberbia y por ello Cristo le recomienda comprar ropas blancas para cubrir la vergüenza de su desnudez.

La ropa de color blanco simboliza en el libro de Apocalipsis la santidad y pureza delante de Dios por parte de los creyentes. La congregación a la que se dirige el último mensaje de ese libro había fallado gravemente, debía, entonces, enmendar su actitud y hacer un cambio de ciento ochenta grados.

IV. Advertencias a la iglesia

En este mensaje encontramos dos advertencias a la iglesia muy serias: A. Yo reprendo y castigo y B. Estoy a la puerta y llamó.

A. Yo reprendo y castigo

Una enseñanza basada en la Escritura presenta a Dios como como un ser amoroso, pero también como un Señor riguroso a la hora de castigar la desobediencia y la obstinación de sus hijos. Dios le dice a esta congregación que es como un padre que ama, pero que también sanciona.

Por lo tanto le pide que vuelva al celo inicial. La palabra celo implica fervor, intensa piedad y compromiso con la obra de Dios y también le solicita que se arrepienta de su actitud tan altanera.

B. Estoy a la puerta y llamó

Cristo estaba fuera de la vida de muchos creyentes de esta iglesia. Les pide que lo dejen entrar. La soberbia, entendemos, lo primero que arroja de la vida de los cristianos es a Jesús, quien es manso y humilde de corazón, por lo tanto incompatible con toda actitud arrogante y soberbia.

V. Promesa a la iglesia

La promesa que Cristo le hace a esta iglesia es sentarse con él en su trono. Una promesa que recuerda que privilegios demandan sacrificios. Cristo padeció en la tierra, pero hoy está sentado a la diestra del Padre. El creyente que padece, sufre y se esfuerza por seguir su ejemplo también será premiado con esa promesa.

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