¿Qué debemos de hacer?

La Biblia dice en Lucas 3: 10 Y la gente le preguntaba, diciendo: ¿Entonces qué haremos?

La predicación de Juan El Bautista causó revuelo entre los judíos que iban Betabara, al otro lado del río Jordán para escuchar a ese singular predicador que no solo vestía austeramente sino que se alimentaba de una manera inusual con langostas y miel silvestre, sino que tocaba corazones por medio de sus inspirados mensajes.

En Jerusalén pronto se conoció su fama y acudieron al desierto donde predicada el bautismo de arrepentimiento decenas de personas particularmente aquellas que el sistema religioso judío había excluido por sus actividades o trabajos. Iban mucha gente del vulgo como peyorativamente le llamaban los fariseos, también los odiados publicanos y soldados.

Lucas nos ofrece una relatoría de lo que sucedía en ese lugar que Juan había escogido para predicar y también nos da pormenores de su predicación. Eran palabras duras, pero dichas con autoridad. La autoridad de un hombre que se presentaba sin ninguna ostentación y con gran conocimiento de la palabra de Dios.

Ante su sermón la pregunta que le hicieron la gente común, los fariseos y los soldados y que es la que hoy nos lleva a reflexionar, obtuvo diferente respuesta. ¿Qué haremos? Le interrogaron los del pueblo y él les contestó: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene de comer, haga lo mismo.

Los publicanos que era repudiados por sus compatriotas por cobrarle impuestos a Roma, también acudieron a oírle e hicieron la pregunta y a ellos les respondió: No exijan más de lo que está ordenado. De igual forma los soldados le hicieron la misma interrogante y tuvieron como respuesta: No extorsionen a nadie, no calumnien y conténtense con su salario.

El bautismo de arrepentimiento de Juan no era un rito más del sistema ritualista judío. Juan aclaró que de ningún modo se debían confundir pensando que él formaba parte de la estructura legal hebrea.

La enseñanza del mensaje de Juan ha quedado para la posteridad porque nos enseña que la vida cristiana exige un cambio justamente en aquellas actitudes que nacen de nuestras actividades. Seguir el camino del Señor implica una transformación completa en todas las áreas.

A la gente le pidió compartir y dar. A los cobradores de impuestos les pidió tacto y hacer a una lado su ambición y a los soldados dejar a un lado el dinero fácil y contentarse con lo que ganaban. Palabras que siguen tan vigente en un mundo marcado por la ambición, la falta de empatía con los necesitados y la voracidad de los poderosos.

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