Pobre que roba a pobre

La Biblia dice en Proverbios 28: 3 El hombre pobre y robador de los pobres es como lluvia torrencial que deja sin pan.

Hace unos días en la ciudad de Oaxaca un hombre con un problema de parálisis que apenas si le permite caminar estaba en un crucero de una popular colonia y mientras estacionaba mi coche para comprar algunos artículos, observé que con grandes dificultades corría o intentaba correr. El problema físico le impedía moverse como el quisiera. Estaba desesperado.

Me acerqué a él y vi que en su mano llevaba franelas rojas que vendía a los automovilistas que hacían alto en los semáforos del crucero donde estaba parado. Le pregunté si tenía algún problema y si podía ayudarlo. Me dijo que se habían llevado su mochila donde llevaba los productos que vendía. Le habían robado. ¿Quién? Un desalmado.

La pandemia en Oaxaca ha provocado grandes problemas económicos y mucha gente como este hombre han salido a las calles a buscar de una manera honesta ganar dinero, pero se han enfrentado a personas que en lugar de trabajar se dedican a robar. Lo grave de estas personas es que roban a gente necesitada.

Mientras alejaba de esa persona, pensé: ¿Qué tiene en su interior una persona que no solo roba a un necesitado, sino a una persona con discapacidad? ¿Qué nivel de insensibilidad hemos alcanzado los seres humanos que ya no importa a quien hacemos daño? ¿Por qué la gente “resuelve” sus problemas dañando a los demás? Y sí, lo pensé, lo confieso: ¿Cómo irá a pagar este desalmado que hizo esta acción?

Si robar de por sí viola flagrantemente uno de los diez mandamientos que Dios le dio a su pueblo, que un pobre robe a otro pobre resulta todavía más lamentable, según nos dice Salomón en uno de sus proverbios que sirven para reflexionar sobre la importancia de no robar a nadie, pero en particular a quienes menos tienen.

Debemos aclarar inmediatamente que robar al pobre es igual de malo que robar a la gente que tiene dinero. Algunos romantizan robar a los ricos invocando al personaje inglés de Robín Hood que robaba a los poderosos para dar a los pobres o la versión mexicana de ese hombre, llamado Chucho, “El roto” que hacía exactamente lo mismo.

Robar es dañino porque se atenta contra el patrimonio de los demás y generalmente quien hace eso termina más que empobrecido, pero quien lo hace a los necesitados termina arruinado moral y espiritualmente. Los ricos que roban a los pobres son la expresión de la más triste de las inmoralidades.

Un pobre robando a otro pobre es comparado con una lluvia torrencial que destruye cultivos y en consecuencia deja sin pan a los necesitados.  

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