Eclesiastés: Las riquezas y el placer son insuficientes para el hombre

La Biblia dice en Eclesiastés 2: 1-11

Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.  2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?  3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. 4 Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas;  5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.  6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.  7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. 8 Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música. 9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría. 10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. 11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

Introducción

Después de mostrar que el conocimiento humano resulta insuficiente para llenar el corazón de los hombres, Salomón nos ofrece otros de los dos recursos que los hombres y mujeres han incursionado para darle sentido a su existencia. Es un hecho que se ha buscado por todos lados encontrar algo que los haga sentirse satisfechos.

Así Salomón pasa a revisar el placer y las riquezas como los grandes recursos o el par de actividades humanas a través de las cuales las personas han procurado alcanzar el sentido a la existencia de bajo del sol. La experiencia humana desde los tiempos del rey sabio de Israel hasta nuestros días sigue siendo la misma: placer y riquezas para no sentirse vacíos.

Solo que en esta ocasión quien sirve como ejemplo de estas dos experiencias es el propio Salomón. Este hombre fue sabio y además en la búsqueda de el bien superior de los hombres en la tierra buscó en el placer y en las riquezas sentirse completo, pero confiesa que ni eso logró apaciguar su falta de sentido en la vida.

La biografía de Salomón no solo registra sabiduría, también enlista muchas riquezas producto de su conocimiento y sus conquistas, pero también placer porque junto con el dinero viene la capacidad de hacerse de gustos y bienes que traen consigo muchos placeres.

Nos va a hablar no el hombre amargado por la pobreza y la falta de diversión y entretenimiento, sino un personaje que construyó el Templo de Jerusalén con tal fastuosidad que impresionó a propios y extraños que conocieron el lugar de adoración del pueblo de Israel. Pletórico de metales como oro, plata, cobre y toda clase de piedras preciosas la casa del Señor lució majestuosa.

De que tal era el nivel de vida de este hombre que Jesús lo usó como ejemplo cuando enseñó sobre la fe. Jesús dijo: Mirad las flores del campo que no hilan ni tejen y os digo que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió como una de ellas; ¿no valéis mas vosotros, hombres de poca fe?

El libro de Eclesiastés alcanza su valor precisamente porque fue escrito por un hombre que se dedicó a observar la realidad humana a través de una mirada crítica desde la sabiduría y conocimiento, pero también desde la riqueza y el placer llevados a sus puntos más altos, como pocos hombres que han pisado esta tierra.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Las riquezas y el placer le son insuficientes 

I. El placer que enloquece
II. Las riquezas que se amontonan

Los versos que estudiamos en esta ocasión comienzan y terminan casi de manera idéntica en el verso uno encontramos la frase: “conocí que aun esto era aflicción de espíritu y terminan de la siguiente forma: “y he aquí todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol”.

Al iniciar y al terminar Salomón tiene claro que tanto las riquezas como el placer son una ilusión, absurdas y sin provecho. Tres adjetivos que nos deberían de hacer reflexionar seriamente a la hora de buscar el propósito de nuestra existencia y hacer un alto para pensar bien si es una buena decisión dedicar nuestra vida a estos dos objetivos.

A lo largo de los textos que estudiaremos, Salomón intercala tanto a la riqueza como al placer o al placer como a la riqueza, pero para facilitar nuestro estudio primero abordaremos lo que dice del placer para enseguida revisar su opinión de las riquezas materiales que tuvo como ninguno de sus antecesores.

El verso uno dice así:

Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad. 

I. El placer que enloquece

El verso dos dice: A la risa dije: Enloqueces; y al placer:¿De qué sirve esto? Salomón dice que la risa enloquece y al placer que no sirve para saciar la insatisfacción. Risa y placer parecen ir unidos de manera indivisible. El placer hace que la gente sonría. Aunque hay mucha gente que sonríe aún sin placer. Esa es una verdad.

Pero Salomón nos introduce en el tema del placer diciéndonos seis cosas que nos muestran que el vivió en placeres:

1. Agasajar mi carne (quiere decir cuerpo) con vino
2. Me hice de cantores y cantoras
3. Me hice de los deleites de los hijos de los hombres
4. Me hice de toda clase de instrumentos
5. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan
6. No aparte mi corazón de placer alguno

Salomón fue un hombre que tenía los suficientes recursos para darse esos placeres o esos “gustos” como decimos aquí en México.

El placer esta asociado generalmente a los sentidos. El vino lo disfruta el sentido del gusto. La música esta ligada al sentido del oído. Salomón menciona también el sentido de la vista cuando dice que no negó a sus ojos ningún deseo y por si hiciera falta alguno de los sentidos dice: No aparte mi corazón de placer alguno.

Los seres humanos nacemos con el sentido de buscar placer. Desde niños hasta el final de nuestra existencia vivimos buscando sensaciones que gratifiquen nuestro cuerpo. De hecho nuestro cuerpo está diseñado para el placer. Pero si no se le pone freno puede llevarnos a grandes tragedias.

A pesar de ello, mucha gente o muchas personas piensan que el placer es el destino del hombre. Y aunque no lo digan, viven de esa manera, buscando siempre la satisfacción de sus sentidos. Hace siglos los Hedonistas crearon una corriente filosófica que señalaba que el placer es una alternativa de vida.

Desde antes de ellos y hasta nuestros días con diferentes nombres, pero con la misma finalidad muchos pensadores han creído que vivir placenteramente es lo que le pude dar sentido a la existencia humana. Y el hombre ha ido creando cada día instrumentos que le permiten disfrutar más y más de los sentidos.

II. Las riquezas que se amontonan

Hacerse de bienes, enriquecerse y hacer fortuna es otra de las alternativas que el hombre ha buscado para llenar su necesidad interna. Salomón dice que eso es también vanidad de vanidades. Lo dice no un pobre y necesitado, sino un hombre con una fortuna inmensa que aquilató durante su vida.

Salomón se dijo a sí mismo que gozaría de bienes y enlistó también en estos versos las riquezas que “amontonó” como rey de Israel:

1. Engrandecí mis obras
2. Edifiqué casas para mí
3. Planté viñas para mí (con huertos, jardines, árboles de todo fruto y estanques de agua)
4. Compré siervos y siervas
5. Tuve ganado (vacas y ovejas)
6. Me amontoné plata y oro
7. Tesoros preciados de reyes

Hacer dinero se puede volver la razón de vida de muchos. De hecho en muchos casos conocemos personas que se dedican con ahínco a hacerse de dinero. Algunos sin importar si es lícito o no la manera en que se hacen de su dinero. Alguno lo logran a través del sufrimiento de muchas personas.

El autor de Eclesiastés señaló que buscó en las riquezas el sentido de la vida, pero pronto descubrió que era vanidad o perseguir el viento y tratar de atraparlo con la mano. A lo largo de su escrito explicará este y otros temas relacionadas con la insuficiencia de lo material para llenar el corazón del hombre.

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