Olvido e ingratitud

La Biblia dice en Oseas 2: 8 Y ella no reconoció que yo le daba el trigo, el vino y el aceite, y que le multiplique la plata y el oro que ofrecían a Baal.

La historia de Oseas es una trágica parábola o ejemplo del amor incomprendido de Dios por parte de su pueblo. El desprecio de su bondad, la infidelidad a sus preceptos y mandamientos y el rechazo sistemático a sus favores inmerecidos es retratado de una manera perfecta en este libro.

El matrimonio del profeta con una prostituta ante el asombro del pueblo de Israel fue una inigualable manera de expresar la forma en que el pueblo de Dios se comportaba ante su Creador: en lugar de ser leal a su esposo Gomer, la consorte del profeta, lo engañaba, a pesar de que había encontrado un hogar y un hombre delicado para con ella.

El verso que hoy meditamos revela el tamaño de la ingratitud, lo enorme de la maldad y lo superficial del “amor” de los hebreos hacia su Señor. Recibían trigo, vino y aceite para sustentarse y en lugar de agradecer a Dios lo utilizaban para practicar la idolatría y no para honrar a Dios.

Pero su iniquidad iba más allá porque además de recibir abundante provisión, Dios los colmaba con plata y oro, riquezas que usaban para tributar a Baal, asquerosa deidad cananita que adoptaron como dios, a pesar de que su culto era inmoral y extraviado totalmente de la santidad de Dios.

Los judíos fueron incapaces de reconocer que la fuente de todo bien era Dios y en lugar de agradecer sus bendiciones recibidas se dedicaron con tal determinación a practicar la idolatría que colmaron la paciencia del Señor. Porque no lograron entender que todo bien procede de Dios y su abundancia es un don del Padre celestial.

La lección para todos nosotros es grande: no podemos utilizar nunca los bienes que hemos recibido del eterno para ofenderlo. La bendición material que nos ha dado debemos emplearla para bendecir su nombre, para hacer buenas obras y agradarle en todo porque ha extendido su favor con nosotros.

Es también un recordatorio de que somos mayordomos de todo lo que él nos ha dado y tarde o temprano daremos cuenta de ello.

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