Salmo 15: Dios busca personas para vivir con él y darles seguridad

La Biblia dice en Salmo 15

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?  ¿Quién morará en tu monte santo?  2 El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón.  3 El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino. 4 Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; 5 Quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás.

Introducción

Con dos preguntas casi idénticas David nos presenta los requisitos, condiciones o características para alcanzar una perfecta comunión con Dios. El salmo 15 es una especie de manual u hoja de ruta hacia la morada del Eterno para tener una relación estrecha con el Dios santo y poderoso. Pero no cualquier clase de relación.

David esta planteando una relación que va más allá de cumplir con ciertos ritos o acciones en determinados días. Sin que demerite esa forma de convivencia, David está tratando de hacernos comprender que Dios quiere que vivamos con él. Ese es el sentido de las palabras o preguntas: ¿Quién habitará en tu tabernáculo? Y ¿quién morará en tu monte santo?

Ambas expresiones tiene la clara intención de hacernos comprender que la comunión con Dios no es de momentos o instantes, sino es una relación permanente. No se trata de cada sábado como era la costumbre de los judíos ni de domingos como hacen los cristianos, sino diaria, permanente, constante.

Vivir siempre con Dios es el anhelo del piadoso y David señala lo que se ha de hacer para lograrlo. La compañía de Dios siempre es una aspiración de quienes han llegado a entender que su presencia es lo más valioso e imprescindible para existir. Él es suficiente para llenar cualquier vacío y por eso la necesidad de saber que vive con nosotros.

En este salmo encontramos once características que demanda Dios para acercarse a él. Tres de ellas relacionadas directamente con cada individuo y el resto, no con holocaustos o sacrificios, sino con el trato hacia nuestro semejante. David quiere dejar en claro que la convivencia con el Señor pasa necesariamente por un ejercicio personal de introspección personal.

¿Qué demanda Dios para relacionarnos con él? ¿Cómo podemos acercarnos a ese ser tan inmenso y poderoso? ¿Qué podemos y debemos hacer para encontrarnos con el Creador del universo? ¿De qué depende mi comunión con el Señor? ¿Tengo esperanza de encontrarme con él? ¿Cómo vivir con él diariamente? ¿Cómo mudarnos a su presencia?

Salmo 15: Dios busca personas para vivir con él y darles seguridad

I. Deben ser personas que vivan con rectitud
II. Deber ser personas que vivan bien con su prójimo

Este salmo comienza con dos preguntas que tienen la misma intención: saber quien desea vivir con Dios. Dios invita, llama, solicita, pide que los hombres vivan con él. Dios jamás será un ser lejano o distante. El deseo de su corazón es que sus hijos habiten con él en una relación estrecha y diaria.

David, que es el autor de este salmo, pregunta ¿quién? Y no porque Dios sea exigente o demandante para escoger a quienes han de vivir con él. Más bien son los hombres quienes se han alejado de él y quieren vivir sin él como dice el salmo catorce que recién hemos estudiado.

Pero la invitación está abierta como abierto está el cielo para todos. Las puertas de la casa de Dios están abiertas de par en par y quienes deseen habitar en ese bendito lugar solo deben reunir ciertas condiciones, requisitos que hagan posible convivir con Dios diariamente. No están lejos, ni distantes. Son sencillos y basta el deseo de alcanzarlos.

Son once los requisitos. Tres tienen que ver directamente con el carácter personal. Tienen que ver con lo que sucede al interior de cada persona. Como forman parte del carácter podemos decir que tienen relación estrecha con lo que cada individuo vive en los más recóndito de su ser.

I. Deben ser persona que vivan con rectitud

Las tres características que pide Dios a cada hombre y a cada mujer son asuntos del fuero interno. Allí donde solo cada individuo sabe lo que sucede. Por supuesto también Dios. Pero fuera de allí nadie más conoce esas áreas porque están vedadas a los ojos humanos.

A. Integridad

Dice el salmo “el que anda en integridad” para referirse a lo que diversas traducciones presentan así: Alguien que vive intachable, una persona honrada, hombre o mujer sin tacha y por consiguiente: irreprochable.

La integridad es uno de los valores que más aprecia el Señor porque quienes practican esa clase de actitud son lo más transparentes delante de su presencia. A ellos no les interesa que los vean o no los vean los demás. El interés de esta clase de personas está centrada en que lo que hacen lo ve Dios.

Y por tal situación actúan de la misma manera tanto en público como en privado porque los íntegros tienen como deseo principal que Dios se agrade de sus actos en todo lugar, en todo tiempo y en todo momento. El polo opuesto de la integridad o su extremo opuesto es la hipocresía, algo que Dios repudia totalmente.

B. El que hace justicia

Hay dos vocablos en hebreo para la palabra justicia, “mishpatin” que tiene que ver como tribunal o asunto de juicios legales entre los hombres y la expresión “tzadeka” que tiene que ver con la vida piadosa de los hombres, su temor a Dios y por consiguiente su vida apegada a los principios de Dios.

En este texto se utiliza la expresión “tsedeq” que tiene el sentido de alguien que vive en rectitud. En el Antiguo Testamento un justo era una persona que vive de manera perfecta, recta, temerosa delante de Dios y apartado del mal. Job es el mejor ejemplo de esta clase de piedad.

El que obra justicia vive de esta forma. Huyendo del mal y viviendo en búsqueda constante del bien.

C. Habla verdad en su corazón

La mayoría de las versiones de la Escritura traduce esta característica como “sincero” o como alguien que “habla con sinceridad”. De esta forma nos permiten comprender mejor esta característica que Dios pide en quienes han de habitar en su presencia.

La sinceridad es la mejor carta de presentación ante Dios porque llegamos ante él tal como somos. Sin mentiras, ni falsedades. A Dios le agrada en demasía esta actitud porque él sabe todas las cosas y al tratar de llegar ante su presencia tratando de ocultar lo que en realidad somos simplemente nos engañamos a nosotros mismos.

La sinceridad nace en el corazón. Nace de la decisión de ser auténticos. Nace de reconocer nuestros yerros, pero también nuestros aciertos. Sin orgullo, pero también sin falsa humildad, sino abiertos de todo corazón ante el Creador que sabe mucho más de nosotros mismos de lo que imaginamos.

II. Deber ser personas que vivan bien con su prójimo

Es muy interesante que el salmo después de estas tres características que tienen que ver con la persona, presenta ocho condiciones en las que los requisitos tienen que ver directamente con el trato que le demos a nuestro prójimo. La vida piadosa tiene que ver primero con Dios, pero jamás apartada de nuestra relación con nuestro prójimo.

A. El que no calumnia con su lengua

En el derecho civil mexicano, antes se incluía en el derecho penal, hay tres causas por las que una persona puede ser demandada por hablar mal de una persona: la calumnia, la difamación e injuria.

Solo hablaré aquí de la calumnia que en algunas versiones de la Biblia se traduce de la siguiente manera: hablar mal. Para vivir con Dios uno tiene que evitar a toda costa hablar mal de las personas. Calumniar es decir mentiras de alguien para afectar su honor, reputación y fama pública. Dios se desagrada de esto.

B. El que no hace mal a su prójimo

Algunas traducciones de la Biblia utilizan este frase: “El que no hace daño a su prójimo”. Hacer mal a nuestro vecino es hacerle daño. Podemos dañarlo con nuestras actitudes o con nuestras palabras.

La idea de este texto no solo se refiere a que no le hagamos daño a alguien que nos ha hecho daño, sino va más allá: no debemos hacerle daño aún a aquellos que nos han lastimado o han tomado acciones que nos han afectado. Para vivir con Dios debemos deshacernos de todo rencor, resentimiento y deseo de venganza.

Es fácil a veces descargar nuestra amargura contra quienes han hecho o dicho cosas que nos han lastimado, pero esa actitud desagrada al Señor.

C. El que no admite reproche alguno contra su vecino

Esta frase la presenta de diferente manera las versiones de la Biblia. Algunas dicen así: “No acarrea desgracia a su vecino”, otras: “No agravia a su vecino”. “No ofende a su vecino”, dicen otras.

La palabra vecino es similar a prójimo. Por supuesto que aplica a quien vive cerca de tu casa, pero aplica también para todos aquellos con quienes convives. El precepto que aquí encontramos tiene relación con la manera en la que resolvemos nuestras diferencias con los demás cuando entramos en un conflicto.

¿Agraviamos u ofendemos cuando alguien nos señala o ataca nuestra persona o propiedades o simplemente buscamos o tratamos de no entrar en un pleito que tarde o temprano nos puede conducir a problemas todavía más grandes?

D. El que menosprecia al vil

Uno debe ser muy cuidadoso con su prójimo y solo en un caso esta autorizado menospreciarlo. Ese caso es cuando estamos frente a un vil. ¿Quién es un vil? Un vil es una persona a la que Dios reprueba. Es un réprobo. Un malvado. Un perverso. Un criminal.

Contra esta clase de personas uno no puede tener consideración porque esta clase de individuos definitivamente no solo se burlan de Dios, sino que afrentan su santidad y lo insultan no solo con su tipo de vida, sino aún con sus palabras con las que lanzan maldiciones y blasfemias.

E. El que honra a los que temen a Dios

Los que deciden habitar o vivir con Dios son personas que reconocen a quienes son temerosos de Dios. Desprecian a los viles, pero rinden tributo a quienes buscan agradar a Dios. No los ponen como ídolos, sino que los hacen sentir bien y se regocijan por conocerlos y tratarlos.

Esta característica tiene que ver con una actitud de admiración por quienes viven de acuerdo a los preceptos de Dios e imitarlos. Una vida piadosa que se esfuerza por agradar a Dios debe ser reconocida. Un justo o piadoso se siente complacido de bendecir a alguien así.

F. El que cumple sus promesas

Dice el texto del salmo para referirse a esta característica: “El que aún jurando en daño suyo, no por eso cambia.” Con ello podemos comprender que se refiere a alguien que cumple sus promesas, pero lo hace a pesar de que al cumplir lo prometido se infringe un daño patrimonial.

No cambia de parecer. No es egoísta, sino desprendido. Es alguien que si ha dicho que sí se mantendrá en su sí, pero también que si ha dicho que no, se mantendrá en ese no, aunque ello implique mayor esfuerzo o dar más de lo que inicialmente estaba comprometido. Dios se agrada de gente que no cambia de parecer fácilmente, aunque padezca materialmente.

G. El que no da su dinero a usura

La usura es una forma de codicia. La persona que presta dinero con intereses elevados se le conoce como usurero. Dios reprueba a esta clase de personas por varias razones: en primer lugar su voracidad, su ambición y en segundo lugar por el daño que causa a quienes se ven en la necesidad de requerir dinero.

Prestar dinero es una actividad que tiene siglos como también tiene siglos la existencia de personas abusivas. Personas que por nada perdonan una deuda aun cuando los intereses hayan pagado dos veces ya lo que se debía. Quien quiera vivir con Dios debe evitarlo.

H. El que no admite cohecho contra el inocente

Casi todas las versiones de la Biblia traducen “cohecho” como soborno. El soborno para afectar a un inocente en un juicio es la peor forma de ofender a Dios porque no solo se miente, sino que por mentir se obtiene un dinero y además se daña a una persona que en realidad no cometió la falta de la que se le acusa.

Recibir dinero por dañar a nuestro semejante es una afrenta contra el Creador porque supone una absoluta falta de compasión y sobre todo una forma de mentira espantosa al hundir en una situación ilegal a un inocente.

Conclusión

Luego de estos once requisitos el autor del salmo nos dice que quien las vuelve practicas cotidianas en su vida no tiene porque sentir temor. A esta clase de personas les esta prometido que no resbalarán jamás. El termino resbalar es similar al de tropezar y no tiene que ver con caerse al caminar.

El sentido es que no pasarán vergüenza de sucesos fuera de lo común. En otras palabras que no vendrán desgracias a su vida.

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