El mensaje de la cruz

La Biblia dice en 1ª Corintios 1: 18 Porque la palabra de la cruz es locura para los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.

La muerte de un justo como Jesucristo para salvación de la humanidad resultaba increíble y por tanto inaceptable para muchos. Quienes oían la historia de Jesús muerto en una vergonzosa y dolorosa cruz aceptaban el hecho porque muchos morían de esa manera por el imperio romano, pero lo que les resultaba inadmisible es ese fuera el salvador del mundo.

Su mensaje era atendible. Su enseñanza era discutible, pero lo fuera de toda lógica es que se le presentará como el Hijo de Dios y en consecuencia como Dios mismo. Era fuera de toda razón y en consecuencia se les tomaba a quienes asumían esa fe como personas trastornadas. La gente que se perdía en el pecado prefería eso que un poco de locura.

Para quienes se perdían, los cristianos eran unos locos que creían en esa barbaridad. Habían perdido el sentido común y se acercaban peligrosamente al estado donde la realidad se ha extraviado. Así calificaron a los creyentes de la iglesia primitiva como unos disparatados por creer en un hombre que había muerto y de qué manera.

La mente natural difícilmente aceptará que Cristo tuvo que pagar de esa manera la redención de la humanidad. Les resultará muy complicado entender que su muerte vicaria era necesaria para redimir a los pecadores porque para ellos las transgresiones de los hombres contra Dios son mínimas o no existen.

Es una verdadera tristeza que por salirse de la lógica personal, un hecho que no solo es enseñado por la Escritura, sino aún por historiadores se rechace o se niegue aún cuando las personas estén perdidas, sin rumbo y con una profunda necesidad de contar con alguien que les permita atender sus necesidades internas.

Pablo le escribe a los corintios que la muerte de Cristo no es una locura, sino poder de Dios porque a través de ese cruento suceso la salvación llegó y con ello la posibilidad de transformación de los pecadores en hombres de bien. El mensaje de la cruz no debe avergonzarnos, al contrario debe llenarnos de gozo por el perdón que nos otorgó.

En días cuando el desánimo y tristezas se apoderan de nosotros debemos recordar que somos producto justamente de ese mensaje, el de la cruz, el de sufrimiento y dolor llevado a los límites apenas resistible y que fue Jesús quien consumó con su muerte la expresión más grande del amor de Dios: dar a su Hijo para salvar a los extraviados.

Y también no debemos apenarnos de nuestra fe aunque parezcamos unos locos que creen en algo de lo que no tienen, a juicio de quienes se pierden, ningún hecho demostrable de que ocurrió. Para nosotros es poder de Dios porque cambió nuestras vidas y puede cambiar la vida de quienes se acercan a Jesús de Nazaret con todo su ser.

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