Que la palabra de Dios corra

La Biblia dice en 2ª Tesalonicenses 3: 1 Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros.

Pablo le pidió a la iglesia de Tesalónica que hiciera oración por él y por su equipo de colaboradores que compartían el evangelio. Pablo sabía del poder de la oración. No daba por hecho que su predicación era suficiente para alcanzar a todos los perdidos, sino que pedía que oraran para que al compartir la Escritura hubiera resultados.

Pablo contaba con un conocimiento vasto de la revelación escrita. Era un erudito en toda la extensión de la palabra. De tal grado era su avance en el Antiguo Testamento que el propio Pedro reconoció que muchos de sus escritos eran profundos y los inconstantes e indoctos los torcían para su perdición.

Sin embargo, Pablo nos enseña que debemos orar para que la palabra de Dios corra y sea glorificada. Algunas versiones traducen de la siguiente forma esta frase: “que el mensaje del Señor se difunda rápidamente y sea honrado en todo lugar adonde llegue”, dice la Nueva Traducción Viviente.

En tanto que la Nueva Versión Internacional lo hace de la siguiente forma: “que el mensaje del Señor se difunda rápidamente y se le reciba con honor” y la versión Dios Habla Hoy lo hace así:  “que el mensaje del Señor llegue pronto a todas partes y sea recibido con estimación”. 

Pablo quería que el mensaje de salvación a los hombres llegará rápido, pero que esa rápidez no le restará su valor. El apóstol sabía que lo que se hace con urgencia corre el riesgo de hacerse mal o la apuración puede estropear la labor. La oración haría y hace que ese mensaje se difunda rapidamente con calidad y se preserva su honor, estimación y valor.

Hoy tenemos la enorme bendición de compartir el mensaje de salvación a través de las redes sociales de manera rápida a milones de personas. El anhelo de Pablo se ha cumplido, ahora nos toca hacerlo de tal manera que al propagar el evangelio lo hagamos con tal cuidado y precaución que el mensaje conserve su esencia.

Que al hacerlo podamos mantener siempre el sentido con el que se nos encomendaron las buenas nuevas de salvación. Alcanzar a los pérdidos. Llamar al arrepentimiento a quienes escuchan los mensajes.

La oración será el instrumento más eficaz para preservar el honor de este mensaje y cuidar que los mensajeros no se aparten de él.

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