Por gracia

La Biblia dice en Deuteronomio 9: 4 No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti.

La segunda generación de quienes salieron de Egipto estaban en los límites de la tierra prometida. Tras cuarenta años de peregrinar en el desierto y luego de la muerte de sus padres, los hebreos que eran niños cuando salieron de la opresión Faraón y los que nacieron en el trayecto estaba por fin ante la heredad que Dios le prometió a Abraham.

Finalmente entrarían a poseerla, pero antes de hacerlo, Moisés les dirigió unas palabras registradas en el libro de Deuteronomio que significa “repetición de la ley” y es que en ese libro es una especie de reedición del libro de Éxodo dirigido ahora a los descendientes de quienes salieron de tierra egipcia.

Las palabras que les dirige a ellos es dura y les recuerda la obcecación de sus padres, trae a su mente las diez rebeliones ocurridas durante todo el viaje y también les dirige un mensaje para hacerles ver la razón por la que llegaban a poseer la tierra que fluye leche y miel a fin de que tuvieran conciencia de lo que estaba a punto de ocurrir.

El pueblo judío tenía el riesgo de pensar que la tierra prometida era una recompensa por su justicia y caer en la altivez y el orgullo. Dios detesta esa actitud y por eso para evitar que cayeran en la soberbia les aclara la razón por la que han llegado a la tierra de los ferezeos, jebuseos,  amorreos, heteos, gergeseos, cananeos y heveos, siete naciones paganas.

A Israel se le entregó esa tierra por la maldad de sus moradores. Y eso lo debían tener en cuenta para no pensarse más de lo que en realidad eran. Ellos debían saber que la bendición que estaban a punto de recibir no era porque tenían algo especial o habían hecho más que otros pueblos.

Cuando pensamos en las bendiciones que llegan a nuestra vida siempre tenemos el riesgo de creer que ocurren por nosotros o por algo que nosotros hicimos. Debemos recordar siempre que son resultado de la bondad incomprensible de parte de nuestro Dios. Nosotros jamás podremos impresionarle con nuestra piedad. Él sabe lo que somos y tenemos.

El corazón de los hijos de Dios debe tener presente constantemente que todos los bienes recibidos son producto de la eterna gracia del Creador. Somos inmerecedores de tanto y tanto amor. Nada deberíamos recibir por nuestra obstinación, pero aún así Dios nos colma de bienes para reconocer que su mano es favorable con nosotros y servirle de todo corazón.

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